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Mercedes de Córdoba: “Es una tontería y no es productivo ir contra el sistema”

Mercedes de Córdoba | TONI BLANCO

A Mercedes Ruíz (Córdoba, 1980), conocida artísticamente como Mercedes de Córdoba, se le ilumina la cara cuando habla de su generación y cuando cuenta alguna de las pillerías que cometía cuando, con apenas doce años, ya se iba al extranjero con algunas de las mejores compañías de baile de España. Es como si aquella niña-mujer tuviera la suerte que no tienen los adultos, para los que la vida y el arte ya no es un juego, sino exposición y responsabilidad.

Y Mercedes se ha expuesto bien a lo largo de su carrera. Pocos bailaores han conquistado premio en los tres grandes concursos del flamenco. Ella lo hizo: tiene distinciones en Las Minas de la Unión, en la Bienal de Flamenco de Sevilla y en el Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba.

Cuando ganó el Nacional, hace ahora siete años, pasó por una crisis. De aquella vivencia y de otras que ha experimentado en el mundo de la danza flamenca nació Ser. Ni conmigo ni sin mí, un espectáculo que llevará a la Bienal de Flamenco de Sevilla el 24 de septiembre, y que representó por última vez justo días antes de que estallara la pandemia, en el Teatro Villamarta de Jerez.

Con la excusa de su entrevista con Cordópolis, la bailaora aprovecha para visitar a su madre y para recorrer algunas de las calles de la ciudad en que creció la niña que le saca el brillo en la mirada.

PREGUNTA. ¿Qué recuerdos tienes de la Córdoba en la que creciste?

RESPUESTA. Pues recuerdo sobre todo la gente de mi generación. Daniel Navarro, Pol Vaquero, Mara Martínez, Laure Granados, Edu Lozano, el Nani y Álvaro Paños. En clásico, Antonio Ruz. Es que éramos como una familia y nuestra vida era el baile. Yo no recuerdo salir a jugar a la calle con la gente del colegio. Nuestra vida era eso. Crecí junto a ellos, siempre con gente más mayor que yo. Y recuerdo bailar, bailar y bailar. Eso es lo que más recuerdo. El colegio era un lugar de tránsito.

P. Todas estas personas que has nombrado siguen en la brecha.

R. Sí sí, todos. Es que esa generación, los maestros tanto del conservatorio, como de escuelas privadas de flamenco, como clásico y danza española de Maica Moyano y Ara Leo, como Javier Latorre que nos tocó esa época, siempre hablan de esa generación y habla de ella como la generación de oro de Córdoba. A mí me da un poco vergüenza decirlo pero así la llaman.

P. ¿Cuál es la clave de aquella época?

R. No sé. Yo diría que es porque cogimos la época en la que Javier Latorre vino a Córdoba. Él nos encaminó. Sin desmerecer por supuesto a Ara Leo, a las profesoras del conservatorio, a Inma Aguilar… Había gente con experiencia, pero Javier venía de Madrid, venía del Ballet Nacional, venía de otro tipo de carrera y yo creo que supuso mucho para mi generación.

El artista vive en una montaña rusa constante, con unos cambios brutales de estados de ánimo

P. ¿Y antes, si nos vamos a antes de esto? Porque tú empezaste muy chica, ¿no?

R. Sí, con cuatro años.

P. Ya ves, con cuatro años en un tablao.

R. No. En una tablao no. Mira, esto fue así: una amiga de madre estaba enseñando a bailar sevillanas a mi madre y yo estaba jugando por ahí con mis muñecas. Y mi madre no se enteraba del segundo paso de las sevillanas y dicen que me levanté y dije: “Mamá, que torpe eres, que no te enteras”. Y lo hice yo. Mi madre estaba aprendiendo para ir a la feria. Y ella y su amiga se quedaron un poco así… Y dijeron: “¡Uy! Aquí pasa algo”. Y comencé a ir a clases con Antonio Mondéjar, que en paz descanse, que además no cogía a niñas tan pequeñas. Pero bueno, dijo: “que entre, que entre”.

P. Es muy novelesco.

R. Sí que lo fue. Eso es lo que me cuentan eh.

P. Tu madre.

R. Sí. Y a ella le hubiese gustado eso de bailar.

P. ¿No pudo hacerlo por otras circunstancias?

R. Sí. Por las circunstancias, que eran otras, que bailar no estaba tan bien visto y mi abuelo no la dejó. Pero bueno, ella me ha apoyado muchísimo.

P. ¿Tú sí encontraste ese apoyo en casa?

R. Yo sí. Totalmente. Apoyo no, más que apoyo. Confianza. Sí me obligaron a estudiar. Dijeron: “¿Qué hay con papeles en este mundo?”. Y me matricularon. Y yo encantada de hacer la carrera de danza española y terminar mis estudios de Bup. Pero terminó todo redondo. Porque terminé con 17 años tanto el instituto como el conservatorio e ingresé en la Compañía Andaluza de Danza.

P. Por el camino sacrificaste parte de tu infancia y adolescencia.

R. Bueno, a mí no me obligaba nadie. De hecho, yo recuerdo que en verano me apuntaba a las escuelas, a lo que hubiera abierto de flamenco. A lo que fuese. Y no. No he perdido. Me costaba un poco más lo que es estudiar. Porque llegaba muy tarde. Llegaba a las 22:00, cenaba y me ponía a estudiar. Eso sí me costaba.

P. A mí es que esa rutina me parece súper sacrificada para una niña.

R. Por las mañanas me quedaba medio dormía muchas veces en la clase. Pero luego llegaba las 4 de la tarde, que era la hora en la que empezaba a bailar y me espabilaba rápido.

Hay una frase que se me quedó grabada: hay veces que si me pudiera ir de mi vera, me iba

P. La danza además debe aportar una disciplina enorme.

R. Sí, sí, sí. Claro, a esos niveles de estudiar la carrera de clásico y luego estar con flamenco. Cuando te enteras realmente de qué va esto de la danza, ves que es muy duro. Somos atletas. Somos deportistas. El cuerpo tienes que tenerlo preparado. Es la pregunta que me has hecho antes, de si físico o cabeza. Pues es una mezcla de todo. Es que si tú tienes en la cabeza 1.200 cosas o muchas cosas que contar pero el cuerpo no te responde, pues malo.

P. Mens sana in córpore sano.

R. Sí.

P. ¿Y cuándo te subes por primera vez a un escenario?

R. En las escuelas con cinco, con Antonio Mondéjar en el Patio de las Campanas. Es que hay fotos y vídeo y es que me faltan dientes. Y profesionalmente, pues no sabría decirte. Es que yo con doce años me fui con Javier Latorre y Eva Yerbabuena. Yo con Edu Lozano nos fuimos a una gira por Francia. A la bienal de Lyon y a París. Lo que pasa es que no me gusta decir que lo hice de manera profesional, porque yo no era consciente de aquello.

P. Tenías doce años, normal. Ahora eso no se ve, ¿verdad? Esto de llevar menores con compañías no se vé.

R. Es que nosotros no íbamos como niños. Es que Eva Yerbabuena hacía su solo, Javier hacía su solo, y nosotros hacíamos nuestro número en pareja. Hombre, éramos niños, claro. Pero no íbamos con un papel de niño en una obra. Era un papel en un recital.

P. Claro, pero es que tenías doce años.

R. Hombre, imagínate. Que nos escapamos una vez. Recuerdo que quedé con Edu y, sin que nadie lo supiese, nos fuimos por París. Al Sagrado Corazón a dar una vuelta. Imagínate el susto cuando ven que faltan los dos niños con doce años por París. Nosotros no éramos conscientes. Ni de eso ni de nada. Todo el mundo buscándonos. Llamaron a la policía… Recuerdo que cuando llegamos al hotel, Enrique Soto, el cantaor, que después he trabajado muchísimo con él, conforme nos vio por el pasillo se quitó los zapatos y nos los lanzó a la cabeza. Imagínate. De infarto. Dos niños españoles perdidos por París.

P. Ese tipo de historias es que me parecen de otro tiempo. Es verdad que la imagen de la danza y las adolescentes sí me viene cuando me imagino a las chicas del ballet clásico y tal. Pero en el flamenco igual esto ya no es tan habitual como era entonces.

R. Sí, pero es porque en el flamenco se han perdido las compañías privadas con cuerpo de baile. Por ejemplo, yo tengo mi compañía, pero en este espectáculo voy sola. Para el próximo, si dios y el universo quiere, podré llevar a gente, pero no como antiguamente, ¿no? Esto de cinco bailaoras y cinco bailaores, un cuerpo de baile… Es que se han perdido las compañías. Ya solo sobreviven el Ballet Nacional y la Compañía Andaluza porque son públicas y los grandes artistas. Y aún así, reducen.

Ha habido un encuentro con la naturalidad en mi cuerpo y en mi forma de bailar

P. Y reclutan. Que no es como antes.

R. Sí. Han cambiado los tiempos.

P. ¿Crees que mamar flamenco desde chico ayuda a tener carrera?

R. Yo que sé. Yo creo que lo importante es amarlo y sentirlo de verdad y entregarte en cuerpo y alma, aunque sea un tópico muy dicho. Es que hay de todo. En mi familia nadie, absolutamente nadie, se ha dedicado a eso. Yo he visto a artistas que han empezado después de mí y son unos pedazo de artistas y he visto también a quién lo mama y le viene de familia y son increíbles. Pero es que hay de todo. Lo que sí tengo claro es que esto lo sientes. Tú sabes cuándo sí y cuándo no.

P. ¿Pero crees que serías una artista diferente de no haber empezado tan pequeña?

R. Bueno, yo creo que depende de la persona.

P. Es algo que he hablado con muchos y muchas artistas que empezaron pequeños y que evidentemente tuvieron que madurar antes que el resto.

R. Sí, claro. Eso sí es verdad. Yo notaba la diferencia con el resto de amigas mías del colegio. Porque yo viajaba y ganaba dinero con doce años. Entonces, la responsabilidad, la cabeza… Por otra parte, estaba mucho más loca que ellas.

P. El flamenco también es vivencia. Todo eso.

R. Sí. Más que flamenco, el arte. Vamos evolucionando como persona y vamos expresando sentimientos. Yo, todas las cosas que pasan en mi vida tienen un reflejo.

P. Es que una de las cosas que me fascinan es la imagen esta de los niños bailando y cantando flamenco, que tiene que ver con la expresión popular.

R. Sí, pero en clásico también. Alba, la hija de mi pareja, de Juan, está en gimnasia rítmica, y lleva desde los cinco años. Aunque la imagen del flamenco pueda parecer más espontáneo, porque es más popular. Pero qué va. Hay mucho trabajo detrás.

P. Desde luego, no seré yo el que diga que el clásico es más sofisticado que el flamenco.

R. No. Porque además el flamenco se ha profesionalizado muchísimo a todos los niveles. Incluso a nivel de papeleo y burocrático, de papeles…

P. ¿Tú eso cómo lo llevas? ¿Cómo ha sido el salto a la producción?

R. Yo eso regular. Eso me gusta menos. Aunque me gusta rodearme de un equipo y que me quiten todo ese peso. Aunque al final una acaba supervisando todo. Porque yo soy muy exigente. Y no es que me cueste delegar, sino que me gusta ver lo que se va a exponer.

La improvisación es una cosa un poco ambigua y muy sobrevalorada

P. Y, como hemos dicho antes, te has tomado tu tiempo para presentar Ser. Ni conmigo ni sin mí.

R. Sí. Qué bien lo has dicho.

P. Cuéntame un poco la génesis de este proyecto.

R. Bueno, este proyecto es una necesidad de contar muchas vivencias. Y siempre digo que es un proyecto muy íntimo, que cuenta muchas cosas mías, pero también muchas cosas que yo veo. Con otros compañeros, cosas que hablamos. Porque no es todo tan bonito. El artista vive en una montaña rusa constante, con unos cambios brutales de estados de ánimo. Y siempre está uno en continua sobrexposición y tiene muchos conflictos interiores. Y eso no es malo. Quizá en el momento, cuando te pasan las cosas, las puedes sentir como algo malo, pero luego te das cuenta de que eso lo puedes usar, contar cosas y sacarlas. En la mente y en el cuerpo de un artista se mueven las cosas en una velocidad más anormal que en el resto de personas. Y vivimos muy rápido.

Entonces, Ser trata de eso. Cuenta la mochila que llevamos cada uno. Lo que llevamos y cómo la llevamos. Y, en mi caso, cuando yo gané el Premio del Concurso Nacional de Córdoba, de repente todo el mundo empezó a hablar. Y a mí me gusta llevar mi carrera a mi manera. Pero me empezaron a llamar. Me llamaron de Bienal, ¿no? Y bueno, no me gusta mucho que me impongan un ritmo. Si siento las cosas sí. Pero una carrera impuesta no me gusta y prefiero llevarla como la voy sintiendo. La verdad. Es un poco más arriesgado, a veces es un poco más lento, pero me gusta escucharme a mí misma porque de la otra manera no funciono, porque ya lo he comprobado. Y Ser, ni conmigo ni sin mí ha sido una liberación de mi ser. Ha sido un proceso enorme de conocerme y aceptarme.

P. ¿La mochila pesa menos?

R. Sí. Totalmente. Bueno, en Ser ya no pesaba. Por eso lo hice, ¿sabes?

P. La vaciaste, y con lo que salió de la mochila, la hiciste, ¿no?

R. Sí. Aunque quiero insistir en que no es una obra biográfica. Es una obra sobre lo que hago, lo que soy y lo que veo. Hay una frase que se me quedó grabada: hay veces que si me pudiera ir de mi vera, me iba. Me la dijo un compañero, un técnico de iluminación.

P. Es una frase muy flamenca.

R. Sí. Eso se me quedó. Hay veces que tenemos tales conflictos que no nos soportamos ni a nosotros mismos. Y la obra, aunque sea un poco dramática, no pasa nada. Sentí que era la forma que tenía para contar lo que quería. Y estoy orgullosa de ella. ¡Pero es positiva, eh!

La técnica y la preparación física tienen que estar al servicio del arte

P. Las bailaoras y los bailaores estáis especialmente expuestos, porque además hacéis una cosa que me parece super compleja, que es hablar con vuestro cuerpo.

R. Sí.

P. ¿Has generado un lenguaje nuevo para esta obra?

R. Sí. Yo creo que ha habido un cambio en mi manera de moverme. Porque, aunque ya antes me había dado cuenta, en este espectáculo ha sido brutal sentir, en primer lugar, y tener claro lo que quiero contar. Y después coreografía y moverme. Después, todo ha sido muy fluido. Aunque también he tenido momentos de miedo. Recuerdo que, con el director artístico, Ángel Rojas, y con el director musical, Juan Campano, mi pareja, nos íbamos a hablar, a hablar y hablar. Y hubo un momento en el que dije: “¿Oye, aquí cuándo vamos a ensayar?” Pues, al final, cuando me puse los zapatos, todo fue en una semana o en diez días. Yo creo que sí. Ha habido un cambio, físicamente, a nivel de movimientos. Pero, sobre todo, ha habido un encuentro con la naturalidad en mi cuerpo y en mi forma de bailar. Yo creo que porque tenía muy claro lo que contaba y las sensaciones vividas. Hay cosas que cuento que son tan personales, que cuando me ponía, la cosa fluía.

P. ¿Y qué parte dejabas a la improvisación en el escenario?

R. Yo la improvisación pienso que es una cosa un poco ambigua y muy sobrevalorada. Creo que es un poco mentira.

P. Eso es un titular.

P. Me explico con una frase maravillosa que dice que la inspiración te tiene que coger trabajando. Es decir, aquí no somos nadie un ser divino. Y pienso que, por supuesto, hay parte de improvisación en todo lo que hacemos. Pero vamos a dejarnos de tonterías: esto es una hora y media de espectáculo. Y claro que hay parte de improvisación, en las letras y los marcajes hay libertad. Pero por supuesto está todo marcado. Tú no puedes estar una hora y veinte, en un día en el que te juegas todo, en una actuación importante, no puedes ir a ver qué es lo que pasa. ¿Y si no te pilla bien ese día?

P. Ahí entra eso otro de lo que hemos hablando antes, el bailaor atleta.

R. Sí. Somos atletas. La técnica y la preparación física tienen que estar al servicio del arte. Pero hay días en los que esa magia no está.

P. ¿Físicamente cómo trabajas los espectáculos?

R. Es que yo soy mucho de montaña rusa. De altibajos, la verdad. Lo que sí creo es que, aunque haya que trabajar muchísimo, reconozco que yo soy un caso particular, porque llevo desde los 7 años hasta los 24 o 25 a full preparándome físicamente. Entonces, ahí hay una huella que utilizo mucho mejor que antes entrenando mucho menos.

Me gusta el arte pero no el artisteo

P. Tu cuerpo tiene los presets bien fijados

R. Y que ahora entra en juego otra cosa: que yo ahora la cabeza la tengo mucho mejor amueblada que entonces. Me paro mucho más a pensar. Y hay otra cosa que tengo mucho más desarrollada, el alma, y el poder canalizar esos sentimientos hacia el físico. Y, aun siendo más mayor, me cuesta menos.

P. Yo sé que no os gusta definiros, pero me gustaría que me dijeras, en tus palabras, como es el lenguaje coreográfico de esta obra.

R. (Se lo piensa) La palabra es verdad. Te podrá gustar más o menos, estará mejor o peor coreográficamente, pero hay verdad. De hecho, siempre intento, cuando hay una actuación importante, cambiar cosas. Y los músicos me paran. “Mercedes, es lo que es”. Y creo que está muy bien contado para lo que yo quería contar. Sin valorar la calidad, que no soy quién para decirlo. Pero creo que es un buen baremo que los músicos no me dejen cambiar nada. En fin, hay mucha verdad y naturalidad. Sin pretensiones.

P. ¿Creando es cómo tú te sientes libre?

R. Mucho. No me pesan las horas. Me cuesta mucho empezar. Siempre me ha pasado. Pero una vez que me meto… Y sobre todo si hay música. Porque me gusta mucho la composición musical y me meto en ella. Es que la creo antes de la propia coreografía. Voy creando la música y en la cabeza ya (empieza a mover las muñecas) sé lo que voy a hacer.

P. ¿No eres de baile sin música?

R. ¿Sin música? Bueno, necesito muchísimo la guitarra y el cante. Me encanta el silencio, pero es otra forma de trabajar. Para mí, mi equipo artístico es primordial y el cante me da una adrenalina que no consigo de ninguna otra manera. Yo puedo estar mal y escucho cantar y es como si me tomara diez cafés.

P. Te he leído hace poco: “Me gusta el arte, pero no me gustan algunas de las cosas que lo rodean”. Me gustaría que me ampliaras esta afirmación.

R. ¡Ajú! Bueno, pues que me gusta el arte pero no el artisteo, como se ha dicho siempre. Bueno, igual que en este mundo lo habrá en otros, en cualquier trabajo. Me gusta la naturalidad y que se traten las cosas con verdad. Y creo que hoy en día, aunque tengamos que estar agradecidos a las redes sociales, porque son una manera de difusión, hay que tener mucho cuidado con cómo se utilizan.

P. Tienen mucho peligro las redes.

R. Sí. Yo soy de las que las utilizan y me he subido al carro porque creo que es una tontería y no es productivo ir contra el sistema. Pero bueno, hay cosas que rodean este mundo y en las que se pierde muchísimo tiempo… No sé, en relaciones y... La verdad es que no sé cómo explicarlo para que no me caiga la del pulpo (se lo piensa dos segundos) A mí me gusta ser, no aparentar.

Hoy en día no mandan al cien por cien los artistas

P. Creo que la mayoría de los artistas se sienten como tú respecto al aspecto más superfluo del arte. Está bien que lo digáis. No te va a caer la del pulpo, no te creas.

R. No, es que está todo muy protocolizado y hay que hacer una cantidad de historias en las que se pierde muchísimo tiempo que estaría mejor empleado en el estudio. En fin. Ha cambiado mucho el sistema y, por un parte lo veo muy positivo, pero veo que hoy en día no mandamos los artistas.

P. ¿A qué te refieres? ¿Hoy quién manda?

R. Ea, ya me he metido en camisa de once varas.

P. ¿Manda el público?

R. No. Tampoco.

P. ¿Mandan los programadores? ¿Los productores?

R. Hoy creo que el artista no manda.

P. ¿Tus sinsabores han sido por recibir presiones sobre a dónde dirigir tu carrera?

R. No. Mis sinsabores han sido conmigo. Hoy en día está la cosa más difícil que antes y sin embargo lo llevo mucho mejor que antes. Yo creo que no hay que culpar a nadie. En definitiva, pues como en todos lados,mandan la política y las relaciones. Igual que en otros trabajos. Yo no digo ni que sea negativo, pero es algo cien por cien real. Creo que hoy en día, no mandan al cien por cien los artistas. Es así.

P. Por eso muchas veces vuelves a los tablaos.

R. Yo vuelvo al tablao porque me encanta y porque lo necesito. Necesito ese momento de no saber al 100% qué va a pasar. Y, de nuevo, no hablo de improvisación. Porque yo tengo mi salida por tarandos y mi salida por soleá, y puede haber variaciones, pero todo el mundo lo tiene claro. Es decir, hay una improvisación sobre tus recursos. Pero quien diga que se sabe sin tener ni idea de lo que va a hacer… Yo no me lo creo, porque además también lo veo.

P. 2 + 2 son 4 arriba y abajo del escenario.

R. Claro. Es que yo salgo mucho al extranjero a dar cursos y veo mucho eso. Te dicen: “Es que no veo el momento de poder subirme e improvisar”. Y yo les digo: Que no te engañen. Que no es así. Es que hay gente que se frustra.

P. Entiendo, además, que en los tablaos te libras de algo de la floritura que hay en los teatros.

R. Bueno, a mí me gusta que haya floritura en todos lados. Como te he dicho, le doy la misma importancia al tablao que a un teatro. Me gusta vestirme bien, me gusta pintarme bien y me gusta arreglarme. Y me gusta probar cosas. Cuando viene Juan conmigo probamos cosas de los espectáculos, porque, por suerte, yo tengo mi casa, que es el tablao flamenco Los Gallos, y allí Doña Blanca, la dueña, me deja probar cosas.

Durante el confinamiento no he querido saber nada del baile

P. ¿Y cómo está ahora mismo Los Gallos, a todo esto?

R. Pues cerrado. Ni bien ni mal. Están cerrados todos los tablaos. En Sevilla están haciendo un ciclo los de Cristina Heeren, pero fuera del teatrito que tienen como tablao. Y creo que Arenal y alguno abre en septiembre. Pero creo que Los Gallos va a tardar un poco más, porque no tiene restauración.

P. Es verdad que muchos artistas están sufriendo mucho con todo esto.

R. Ahora mismo no es ya los tablaos. Es todo. Yo tenía un año… Mira, yo estrenaba proyecto en la bienal.

P. ¿Ah sí? ¿No ibas con Ser?

R. No. Yo estrenaba un proyecto nuevo. Y esto me ha costado mi llanto y mis peleas con la oficina, con Juan, con el equipo y con todo. Porque yo me negaba. Porque creativamente estaba muy bien y venía de un año muy bonito. Venía de hacer Ser en el Villamarta. Y terminamos aquel bolo y nos confinamos…

P. ¿Y el confinamiento cómo lo has llevado?

R. Lo he llevado mal porque mi hermano es médico internista en Madrid y ha estado bastante malo. Y cuando esto le toca a alguien que es una de las personas más importantes de mi vida ha hecho que no lo lleve bien. ¿El estar encerrado? Pienso que sería muy egoísta si me quejara. Tengo una casa que me permite no agobiarme y tengo mi estudio en casa. Pero durante el confinamiento no he querido saber nada del baile. O sea, era tan brutal lo que yo estaba viviendo y sintiendo que se me pasaban los días en el sillón viendo las noticias. Ni he podido ni me ha salido. Me he dejado ir. Eso de “hay que leer” o “voy a hacer deporte” no ha ido conmigo. Yo no podía, porque he visto tal desastre en la humanidad en general y, con lo que le ha ocurrido a mi hermano, que cuando se le pasó la neumonía volvió a trabajar… Entonces, yo no lo he pasado bien. Pero bueno, en el momento en que se puso mejor, yo también mejoré. Pero sobre el confinamiento en sí, me niego a quejarme.

P. Pero a nivel creativo no han sido…

R. A nivel creativo no. Es que ni he pensado. O sea, me daba igual el baile. Me daba igual todo.

P. Lo hablé con Dorantes. Él decía lo mismo, que los primeros días le era imposible sentarse al piano.

R. Claro. Y súmale que yo tenía a mi hermano malo, en Madrid, y yo sin poder ir a verlo. Que eso te genera una incertidumbre malísima. Pero yo iba a estrenar proyecto. Y bueno, el contrato de Bienal se firmó en pleno confinamiento y solo puedo agradecerle a la Bienal que hayan tirado hacia adelante, porque estaba también la posibilidad de que ni estrenara ni llevara Ser a la Bienal. Entonces, me convencieron y me ha costado mis peleas con los míos y conmigo misma. Pero bueno, creo que he hecho bien. Hoy creo que es una manera de darle vida a los proyectos.

Nuestra vida era el baile. Yo no recuerdo salir a jugar a la calle con la gente del colegio

P. Te has tirado mucho tiempo para sacarlo y, una vez fuera, ya te pide el cuerpo pasar a lo siguiente.

R. Sí, bueno, es que antes de Jerez incluso. Yo llevaba ya mucho tiempo con el otro proceso.

P. ¿Ahora sabéis cómo va a ser el espectáculo en La Bienal? ¿A lo mejor es en streaming y sin público?

R. No. Hay público. Están a la venta las entradas. Pero al principio sí que iba a ser en streaming.

P. ¿Tú eso cómo lo llevarías?

R. Yo lo pasaría realmente mal. De hecho, lo he hablado con compañeras. ¿Esto cómo lo haríamos? Y tal. Porque yo sin la adrenalina del público y encima que tengo el síndrome REC… Eso lo odio. Es con público y cuando sabes que te van a grabar me afecta… En fin, es que yo sin esa energía con el público. Para mí, la danza es una conversación. Es un dar y recibir con el público. Y no por el aplauso. Es que estar una hora y veinte sin que ahí no pase nada. Sin esa adrenalina, no sé, yo no me imagino solamente con cámaras. En fin, espero que sea con público y esté al 75%. Porque lo tengo que decir: vengo de Polonia y el avión estaba al 200%. No entiendo que nosotros tengamos que estar al 75% en el teatro. Es algo que no entiendo, pero bueno. Espero que podamos estar mínimo a ese 65 o a ese 75%, que ahora no me acuerdo bien a cuánto se podía estar, y que lleguemos al 24 de septiembre al Teatro Central.

P. Ahora que has reivindicado esto de los aforos, aprovecho para preguntarte si te has afiliado a Unión Flamenca.

R. Sí. Por supuesto, desde el primer día. Creo que los impulsores son grandes artistas y referentes. Y creo que podemos confiar en ellos. Entiendo que hay mucha gente que desconfía, pero tenemos que tener claro que los nombres que están ahí están en el candelero. Y quién piense que a ellos les hace falta se equivoca. A ellos no le hace falta. Lo están haciendo por la gente que viene detrás. Porque hay que considerar nuestro trabajo y nuestra profesión. Y el flamenco se tiene que considerar un trabajo. No uno intermitente, como hablábamos el otro día en una reunión que tuvimos. Porque no lo es. A mí me dan de alta o facturo ese día de trabajo. Pero, ¿cuánto tiempo llevo trabajando para ese día de trabajo? Si yo hago seis galas al mes, no significa que solo trabajo seis días en un mes. Ese mes estoy en el estudio 20 o 25 días mínimo. ¿Qué pasa, que los ensayos no son trabajo?

P. Lo es. Es algo que nunca he comprendido.

R. Pues eso es algo por lo que estamos luchando. Y en la medida de mis posibilidad pido que se confíe en Unión Flamenca, porque esto solo se puede cambiar unidos.

En el flamenco se han perdido las compañías privadas con cuerpo de baile

P. Es verdad que en el pasado ha habido otras iniciativas similares, pero esta parece especialmente ilusionante porque quien lo lidera es precisamente el que menos lo necesita.

R. Y además hay que ser coherente. ¿Quién va a tener más peso? ¿Dorantes, Miguel Poveda, Eva Yerbabuena, Andrés Marín, Marina Heredia, Arcángel o Rocío Molina o una persona que tiene menos nombre? Ya no hablo de calidad, sino de reconocimiento. Es que a esta gente la van a recibir. La vida es así y cada uno tenemos que asumir dónde está nuestro lugar en cada momento. Así que creo que hay que confiar, que no podemos ser tan desconfiados. Que el flamenco es muy individualista y es el momento de unirse, tener un sindicato y luchar todos a una para conseguir un mínimo. Que hay gente que ha pasado esto y lo está pasando realmente mal. Y eso pasa porque a veces somos muy salvajes. Porque para exigir tus derechos también hay que cumplir obligaciones.

P. ¿Cómo ves tú a la danza flamenca hoy en día?

R. Pues yo creo que está muy abierta, algo de lo que me alegro. Creo que hay una generación muy buena y percibo un nivel en mujeres… Sin desprestigiar a mis compañeros, pero creo que estamos en una época de mujeres muy potente. Yo lo que veo es que hay mucha libertad para expresarse como uno se siente. Y mucha información. En general, lo veo positivo, aunque también detecto que hay mucha prisa.

P. Es el signo de esta época.

R. Sí. Claro, es que es un reflejo de la sociedad.

P. Es verdad lo que dices de las mujeres. Yo también percibo que ahora mismo la voz cantante en el flamenco la están llevando las mujeres. Estáis, Olga, tú, Rocío Molina…

R. La Piñona, Ana Morales, Patricia Guerrero…

P. Si nos vamos al cante, tres cuartos de lo mismo: Rocío Márquez, Sandra Carrasco…

R. No es que ahora no haya hombres, ni tampoco es que antes no hubiera mujeres. Pero ha habido una revolución. Son épocas.

P. No me quiero despedir sin preguntarte por una última polemiquilla.

R. Oh dios.

P. Por el Ballet Flamenco de Andalucía y la elección de Úrsula López y la polémica que ha habido con Antonio Canales.

R. Bueno, la verdad es que no sé lo pormenores de lo que ha pasado, porque es una cosa totalmente ajena a mí. Desde fuera, de lo que hay, creo que debería predominar el respeto entre compañeros. Que si hay algo que recriminar, se hiciese individualmente. Que las cosas, aunque no se hagan en privado, aunque se hagan en público, se pueden hacer desde el respeto. Que hay una línea entre reivindicar tus derechos o tu figura o tu pensamiento o tus gustos, pero siempre desde el respeto. Si te soy sincera, no sé lo que ha pasado, no lo quiero saber, ni me interesa, pero sí que me gustaría que estuviéramos unidos. Que somos personas antes que artistas. Nadie sabe lo que hay detrás de cada logro o de cada fracaso.

El flamenco es muy individualista y es el momento de unirse

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