ENTREVISTA

Gervasio Sánchez: “La guerra no es una puta aventura”

Entrevista N&B a Gervasio Sánchez, periodista y fotógrafo

Es lunes y llueve en Córdoba. Gervasio Sánchez espera refugiado en un portal a que abra la Fundación Antonio Gala, donde tiene que ofrecer una conferencia titulada Los ojos de la guerra. Una oportunidad excelente para escuchar la voz de la experiencia sobre el periodismo en zonas de conflicto y, al mismo tiempo, un bálsamo necesario contra el espectáculo diario que ofrecen los ucraniólogos, anteriormente virólogos y vulcanólogos, que pueblan los platós de televisión españoles, a miles de kilómetros de las zonas bombardeadas de Kiev.

Usando un lenguaje belicista que probablemente no le agradaría demasiado, se puede afirmar que el periodista Gervasio Sánchez (Córdoba, 1959) no hace prisioneros. En una entrevista previa a la conferencia, hablará sin tapujos de lo que sabe, y evitará, en la medida de lo imposible, expresar su opinión sobre la situación en Ucrania por respeto a los compañeros que tiene sobre el terreno, y a los que, desafortunadamente, ya han caído por estar en el peor sitio posible en el peor momento imaginable.

Sánchez no hace prisioneros porque no tiene que mendigar cariños. En una entrevista anterior en este mismo medio, hace siete años ya —“¿tantos años hace?”, pregunta—, el periodista y fotógrafo de Heraldo de Aragón acertaba a dibujar el fracaso ético y profesional de los medios de comunicación españoles. Hoy, siete años después —“¡Joder, cuánto tiempo!”—, el periodismo español le sigue pareciendo la misma cosa: una profesión a remolque de la actualidad, incapaz de hablar con profundidad de las cosas que, aunque ocurran lejos de aquí, nos apelan directamente. Ya sea Afganistán, Siria, Yemen o Ucrania.

Por el camino, intentando lo imposible —“Te he dicho que no quiero hablar de Ucrania”, repetirá—, el periodista y fotógrafo, dejará un par de cálculos desinteresados. Como ese de que Ucrania estará en nuestras pantallas hasta que llegue el verano y los medios de comunicación se hayan comido el presupuesto de todo el año. También un deseo: que lo que ocurre allí acabe cuánto antes.

En las guerras, lo difícil es encontrar inocentes

PREGUNTA. Los ojos de la guerra. Así se llama la conferencia que pronuncias este lunes en Córdoba. Nunca deja de haber guerras, pero hoy parece más cercana. 

RESPUESTA. Mi idea en este tipo de conferencias es mostrarle al público las consecuencias de las guerras a largo plazo. Hay una tendencia a creer que las guerras acaban cuando se firman los acuerdos de paz, y las guerras solamente se acaban cuando las consecuencias se superan. A veces hay que esperar décadas; a veces nunca. Y, de hecho, a veces, una mala resolución de un conflicto puede provocar que luego salgan todas las contradicciones, las situaciones que no se han solucionado, y que provoquen nuevos incidentes armados. Por poner un ejemplo, la guerra actual en Ucrania evidentemente no ha empezado hace tres semanas, empezó hace muchas décadas. La historia de Ucrania y Rusia ha sido una historia de gran violencia e impacto, sobre todo en el siglo XX, con situaciones reiterativas de invasiones, represiones o violencia generalizada. Todo esto es lo que hace que ahora aparezca de nuevo el fantasma de la guerra.

P. ¿Qué queda en los ojos de quienes sufren la guerra? ¿Qué has percibido tú en estos casi 40 años cubriendo conflictos por el mundo?

R. Sí, la verdad es que, en 40 años, he estado en tantos lugares conflictivos que, si los tuviese que contar, me perdería seguramente. Pero, al final, lo que siempre encuentras es un poco las mismas situaciones. Aunque las causas y las consecuencias sean siempre distintas, aunque no hay dos guerras iguales y cada guerra nace, se desarrolla y se desencadena por razones distintas, casi siempre el impacto de la violencia es contra los civiles. Los civiles son en realidad los que pierden la guerra siempre. Siempre. Independientemente de que las guerras duren más o menos, afecten más o menos, maten más o menos, al final siempre son los civiles los que pagan el precio más alto de la guerra y, sorprendentemente, son casi siempre los que menos entienden las razones por las que se está luchando. Yo estoy cansado de preguntarle a personas, a hombres, mujeres y niños en zonas de conflicto, por qué está su país en guerra. Y casi nunca encuentro respuesta que, por lo menos, demuestren que hay razones de peso.

P. ¿Qué te dicen?

R. Casi siempre es “no sé”, “no te lo puedo decir”, “estábamos en paz y de repente entraron hombres armados por un lado”, “hombres por otro”, “se enzarzaron en un conflicto y a nosotros nos pilló en medio”. Casi nunca hay razones, nadie sabe explicar bien por qué se está combatiendo.

P. Es curioso, pareciera como si a medida que caen las bombas y los tiros, los argumentos o las excusas comiencen a borrarse. Sencillamente porque nunca hay justificación para una guerra.

R. Por eso hay que evitarla. Antes de que empiecen los primeros disparos hay que evitarla, porque una vez que empieza la guerra ya no hay vuelta atrás. Sus consecuencias se van a sentir durante un tiempo. La guerra de Ucrania, dure tres semanas, tres meses o tres años, sus consecuencias van a ser irremediables. Y cuanto más se alargue la guerra en el tiempo, más odio va a provocar entre los ciudadanos, más ganas de vengar lo que ha ocurrido va a haber en las siguientes generaciones, más se van a enfrentar las comunidades entre ellas. Yo creo que hay que buscar cualquier forma de parar la guerra y evitarla. Y creo que, en la actualidad, hay muchas personas, o hay un grupo de personas, quizá más reducido, que sabe muy bien manipular los sentimientos de los ciudadanos, y acaba muchas veces provocando o encendiendo la mecha para que todo se precipite y acabe en un desastre. 

El conflicto en Ucrania es peligroso para la estabilidad emocional de Europa

P. Hay otros ojos en las guerras, que son los de los soldados. ¿Los soldados saben por qué se meten en la guerra?

R. Yo dudo mucho que lo sepan los soldados rusos, un país donde no hay democracia y donde la mayor parte de la población está absolutamente manipulada porque no hay los suficientes contrapesos para el discurso oficial, y porque quien lo critica puede ser incluso encarcelado o perseguido. Yo dudo que los soldados rusos, que son al final la parte más débil de la cadena humana, sepan por qué luchan. Son soldados obligados a ir al frente, son muy jóvenes, y cumplen órdenes. Saben que, si no cumplen las órdenes en la guerra, lo que hay es el fusilamiento. Y también pasará por el lado ucraniano que hay jóvenes que luchan por razones que, me imagino, en su propia dinámica, son razones de peso —creer que están luchando contra invasión—, pero lamentablemente, al final de cualquier conflicto armado, esta gente, los soldados más jóvenes, son los que pagan un altísimo precio. Y lo pagan en vida.

P. Con el paso de los años, quizá lo único que ha cambiado es la tecnología. No sé si la tecnología ha terminado por deshumanizar todavía más algo tan poco y al mismo tiempo tan humano como es la guerra.

R. La tecnología militar lo que hace es más efectivos los ataques. Pero, por otra parte, tienes más información, de manera que, si atacas un hospital, sabes que estás atacando un hospital. Si atacas un puente por donde pasan civiles, sabes claramente, porque tienes visión periférica e incluso visión del lugar, que lo que estás atacando son civiles. Con lo cual es más difícil poder luego excusarte. Antes, en las antiguas guerras, lo que había que hacer era bombardear y disparar a lo lejos. Y, si matabas, en vez de soldados, a civiles, podías plantear una equivocación. Pero eso hoy en día es muy difícil. Los nuevos sistemas de tecnología punta permiten que los aviones y los proyectiles sepan lo que van a disparar y contra lo que van a disparar. Los sistemas de drones y tecnología muy avanzada elimina la posibilidad de usar la excusa de que no sabías a donde estabas apuntando. Por otra parte, la tecnología permite también que muchas informaciones que antes tardaban mucho en conocerse, hoy día pueda aparecer en tiempo real. Si hay una matanza o un bombardeo, todavía está subiendo el humo de la última bomba y ya hay gente grabando y enviado imágenes. Evidentemente, estas imágenes descontextualizadas pueden ser pasto de la desinformación, pero si están bien, si se tratan con rigor, tienes información clasificada en pocos segundos. 

P. ¿Te ha pillado por sorpresa la guerra de Ucrania? 

R. A ver, yo hace dos meses, incluso llegué a decir que me parecía imposible que los rusos entrasen en Ucrania salvo para atrincherarse en las provincias que ya tenían de facto controladas. Recuerdo, incluso, que me puse el discurso que hizo Putin enterito, el que anunciaba la anexión de las dos provincias separatistas, y dije: lo que va a hacer es entrar y apuntalar el poder que tiene ahí y seguramente presionará para llegar al Mar Negro. Pero no pensaba que iba a hacer una cosa tan absolutamente demencial como lo que ha ocurrido. Pero esto pasa siempre en los conflictos. Nadie pensaba en marzo del 92 que un mes más tarde Bosnia iba a entrar en guerra e iba a acabar con un cerco de ciudades como Sarajevo. Nadie, en su lógica, ni los más pesimistas, podían pensar en el año 90, cuando había nueve o diez millones de turistas en Croacia, que iba a haber una guerra un año después. Entonces, sinceramente, creía que en un tiempo actual, Putin no se iba a atrever a meterse en un conflicto de esta magnitud. Estamos hablando de un país, Ucrania, que no es solamente que tenga fronteras con Europa comunitaria y la OTAN, es que es un territorio inmenso. Es que casi España y dos veces Portugal caben en Ucrania. Casi 45 millones de personas, entre ellas millones de rusos, que también van a ser víctimas de este tema. Y, además, las sanciones económicas a Rusia también van a hacer mucho daño.

¿Qué puede ocurrir? A mí me gustaría acertar y que cuanto antes se acabe el conflicto armado mejor. Cuanto antes se pongan a negociar, paren los bombardeos, pare la guerra, pare la matanza y el impacto contra los civiles, mejor. Si esto se puede hacer la semana que viene, mejor que esperar al mes que viene, y si puede ser el mes que viene, mejor que esperar al verano o al otoño. Porque las guerras, cuanto más se alargan en el tiempo, más difíciles son después de superar las consecuencias. 

P. Has mencionado Los Balcanes, que es una guerra que cubriste sobre el terreno. ¿Qué podemos aprender de Los Balcanes, que también fue una guerra entre eslavos, y aplicar a esta?

R. Hace poco estuvimos grabando, Álbum de Posguerra, un documental, basado en una idea original, en 2019 y 2020. En Sarajevo pasé el fin de año de 2019, el mes de enero y febrero de 2020, grabando un documental con los niños protagonistas de mis fotografías durante el cerco de Sarajevo de entre el 92 y el 95. Y esos niños que yo fotografíe cuando tenían entre 5 y 14 años, aparecen en el documental con una edad de entre 33 y 43 años. Y todos aceptan, aclaran y confiesan que aquella guerra, todavía hoy, los marca. Entonces, esta situación tan brutal que está ocurriendo en Ucrania va a acabar afectando a la gente que ha tenido que huir, como afectan las salvajadas que se han hecho en las guerras de Yemen, Siria o Afganistán, que también van a marcar las generaciones actuales y van a hacer que muchos de ellos, dentro de décadas, recuerden esta fase de sus vidas como la peor que han podido vivir. 

Los civiles son los que pierden la guerra siempre

P. ¿Qué es lo que más te ha sorprendido en estas tres semanas que llevamos? 

R. La verdad es que no tengo muchas ganas de hablar de Ucrania, porque no estoy allí. Y, al no estar en Ucrania, no me gusta hablar sobre algo que no conozco. Porque, cuando estás sobre el terreno tienes una visión mucho más profunda y más concreta de lo que estás hablando que cuando estás fuera, aunque yo tengo el privilegio de tener muy buenos compañeros sobre el terreno. De hecho, yo ayer fui uno de los primeros que supe que habían matado a un compañero, porque la persona que encontró el cadáver es muy amigo mío. Yo tengo la suerte de tener información privilegiada, pero al final, hablar de conflictos que no conoces y que no trabajas sobre el terreno te convierte en un todólogo. Y ya hay bastantes periodistas, columnistas, todólogos o tertulianos de cuarta categoría hablando excátedra sobre lo que pasa en Ucrania.

Creo que el conflicto, sin hablar como periodista sino como ciudadano, es muy peligroso para la estabilidad de Europa. Para la estabilidad económica, pero también el conflicto en Ucrania es peligroso para la estabilidad emocional de Europa. Y, sinceramente, yo espero que milagrosamente alguien sea capaz de sentar a negociar a las partes y buscar una solución lo antes posible. Es decir, que estas negociaciones que se están llevando a cabo desde el primer día de la guerra, cristalicen en un acuerdo de paz o, al menos, un acuerdo de fin de bombardeos, que den el tiempo suficiente para buscar una salida.

P. Sin entrar en lo que está ocurriendo sobre el terreno, permíteme que te pregunta sobre el papel del Gobierno español o la Unión Europea. ¿Crees que se deberían redoblar los esfuerzos diplomáticos?

R. Lo que se considera la Comunidad Internacional, es decir Estados Unidos, la UE, Canada, Japón, China y Rusia, las grandes potencias europeas (Francia, Gran Bretaña, Italia, Alemania y España), llevan fracasando desde hace décadas en la resolución de conflictos. Afganistán lleva 42 años en guerra, y ya hemos visto el resultado hace unos meses del desastre de una operación de hace 20 años, que lo que ha hecho es apuntalar a los más corruptos y a los más criminales, dándoles más poder de los que tenían. Todos estos países fracasaron en Los Balcanes y todavía hoy día se siguen pagando las consecuencias de cinco guerras que destruyeron la antigua Yugoslavia. En Ruanda, en el año 94, hubo un genocidio y todos estos países fueron incapaces de poner fin al exterminio de los tutsis. En 2003, Estados Unidos bombardeó y luego invadió Irak para provocar el caos. Libia ha salido de una dictadura brutal, la de Gadafi, al caos absoluto. La Comunidad Europea es incapaz de asegurar el Mediterráneo, es incapaz de impedir los genocidios, de solucionar los problemas del patio trasero, y hace tiempo que la diplomacia europea y los propios europeos fracasan continuamente. Y fracasan continuamente porque hay diferentes intereses, que no son de los europeos sino de las potencias. Y, segundo, porque la clase dirigente y la clase diplomática europea es muy mediocre y muy poco valiente para tomar decisiones. Siempre van a remolque de los acontecimientos. Pasó en Los Balcanes y hoy día está pasando en Ucrania. 

P. La clase política puede ser en buena medida un reflejo de la sociedad actual. 

R. Bueno, hace tres semanas que empezó la nueva fase de la guerra. Porque la guerra en Ucrania empezó en 2014 y desde entonces ha habido miles de muertos en los que nadie tiene ningún interés. Hay muy pocos europeos a los que les haya importado lo que estaba pasando en Donbass o en alguna de las provincias en las que ya hubo combates serios. Te hablo de decenas de miles de muertos. Como no les importan unas narices a los europeos lo que pasa en Yemen, lo que pasa en Siria, lo que pasa en un montón de conflictos. Ahora, el foco mediático está en Ucrania y a todos nos da un ataque de generosidad y de empatía con las víctimas de Ucrania cuando en esa misma frontera, hace cuatro días, estaban atrapados decenas de miles de refugiados que al ser negros, asiáticos, iraquíes o sirios, los propios polacos los trataban a patas y los bielorrusos los trataban a patadas, y las potencias europeas miraban para otro lado. Nos da un ataque de generosidad, todos queremos tener un niño rubísimo en nuestras casas, pero somos incapaces de admitir a refugiados de otros continentes y otras guerras, quizá sea por el color de la piel.

Quizá deberíamos empezar a plantearnos si nuestro problema es ser sensibles con los refugiados o ser puros racistas. Al final esto es estar en la moda mediática, que hace que nos volquemos con los ucranianos, cuando desde 2015 ha habido un desastre humanitario tremendo en Europa del Sur, desde Turquía pasaban entre 7.000 u 8.000 refugiados diarios de media. Yo lo cubrí y lo vi con mis propios ojos. Ayer mismo se ahogaron un montón de ellos en el Mediterráneo. De hecho, el Mediterráneo es un ataúd permanente y miramos hacia otro lado. De hecho, nos tenemos que plantear qué somos, a qué nos dedicamos y cómo queremos actuar en los conflictos que pueden repercutir en nuestras economías y si lo único que nos interesa es que no se dispare la inflación o que los precios de los crudos y de las energías sean más baratos. Si este es nuestro dilema, creo que vamos mal enfocados. 

P. Antes ha dicho que, gane quien gane una guerra, quien pierde es la población civil. Si me permite darle una vuelta a la frase, pierda quien pierda, ¿quien gana es la industria militar?

R. Desde hace tres semanas se han disparado las inversiones en armas. E incluso países como Alemania, que desde la II Guerra Mundial había tenido unas graves limitaciones en el tema armamentísticos, ya ha anunciado que va a multiplicar su inversión en armas. España lo va a plantear, los franceses lo mismo… Los rusos estarán contentísimos y los estadounidenses lo mismo. O sea, vamos hacia un mundo más militarizado, con grandes inversiones. Y ahora mismo las empresas armamentísticos y los banqueros que las financian, y los gobiernos que las subvencionan, incluido el Gobierno Español, se están haciendo de oro. Y los gobiernos que permiten los negocios de armas aunque violen las propias leyes de control de armas, también.

Hablar de conflictos que no conoces y que no trabajas sobre el terreno te convierte en un todólogo

P. Entre ellos España.

R. La Ley de control de armas dice claramente que no se pueden vender armas a países con conflictos internos o países con conflictos vecinales. O sea, según nuestra ley de control de armas, no podemos vender armas ni regalar armas a los ucranianos. España lleva incumpliendo esta ley desde el 2006. Desde 2006 que se firmó esta ley, la venimos incumpliendo todos los años sin contemplaciones y con unos niveles de cinismo que rayan el escándalo, ante la inoperancia y la inactividad de la opinión pública que no está interesada ni informada sobre este tipo de temas. 

P. Precisamente, en esa línea, no te parece que hay muy poca capacidad crítica para hablar de este tipo de temas. Pareciera que poner sobre la mesa estas cuestiones te convierte en ProPutin. 

R. A las cosas hay que llamarlas por su nombre. Y no jugar a que hoy los buenos son unos porque son mis preferidos y los otros son mis enemigos. Las invasiones son invasiones, da igual que las hagan unos que otros. Cuando un país invade un país, invade un país. Da igual que sea Estados Unidos a Irak, que Rusia a Ucrania. Los que hacen equilibrios ideológicos por simpatías ideológicas con unos y con otros, simplemente están cometiendo un grave error. A corto plazo, pero también a mediano y largo plazo. Pero esto ya pasó. En las guerras balcánicas, el Partido Comunista e Izquierda Unida alababan a Milosevic que era un asesino de masas.

P. Que fue juzgado, además.

R. Fue juzgado y no se le pudo condenar por genocidio simplemente porque se murió en la cárcel. Sino, estaría ya condenado con total seguridad, a pasar lo que le quedaba de vida en la cárcel. Entonces, que tú te puedas creer que Putin es ideológicamente cercano a posiciones izquierdistas en este país demuestra que no te has enterado de nada de la historia de lo que ha pasado en Rusia en los últimos treinta y tantos años. O sea, Putin es un demagogo y un oligarca que se ha juntado con amigos riquísimos y que está manteniendo férreamente una dictadura con un gran control de la opinión pública rusa desde hace dos décadas. Sólo hay que ver la gente que sale a protestar contra la guerra dónde acaba. Aquí se puede protestar contra la guerra y no te encarcelan, a menos que empieces a tirar cócteles molotov. Entonces, que encarcelen a gente que está protestando contra la guerra, que capen las redes sociales, que presionen y dicten decretos para que cualquier periodista que informe por encima de la censura rusa vaya a la cárcel, eso demuestra claramente lo que está ocurriendo. Y eso explica, lo he leído hace un rato, que el 77% de la población rusa está a favor de Putin. Y es simplemente porque la inmensa mayoría de la población rusa no sabe lo que está pasando en Ucrania. O no se enteran o no se quieren enterar. Al final, en las guerras no solamente se es culpable por acción. Se es culpable también cuando jaleas a los que disparan, cuando señalas a los que hay que disparar y también el que mira hacia otro lado. En las guerras lo difícil es encontrar inocentes. 

De hecho, este conflicto me recuerda a Los Balcanes. En Los Balcanes en los años 90 era absolutamente inaceptable que partidos de izquierdas de este continente se aliasen con un criminal de guerra como Milosevic. Como es completamente absurdo que partidos de izquierda se alíen con un corrupto y un demagogo como es Daniel Ortega en Nicaragua. Es absurdo. Pero, no sé por qué razón, en la izquierda hay un pensamiento absolutamente falto de autocrítica. Me recuerda también a como actúa la derecha. 

P. Pero aquí lo que de repente se repite como un mantra es que Putin es comunista. Pero desde la derecha.

R. Pero es que Putin no es comunista. Si alguna vez fue comunista, que yo lo dudo, lleva muchísimos años evidentemente que no tiene nada que ver con el comunismo. Pero es que la derecha lo llama comunista y la izquierda lo asume como si fuera comunista, lo que es absurdo.

Deberíamos empezar a plantearnos si nuestro problema es ser sensibles con los refugiados o ser puros racistas

P. ¿Pero quién lo ha asumido como si fuera comunista? El Partido Comunista ha condenado públicamente la invasión de Ucrania, e Izquierda Unida también.

R. Aquí hay gente de Podemos que está haciendo declaraciones que…

P. Pero Podemos como partido también ha condenado la invasión y está apuntando a que es la extrema derecha la que ha buscado en estos años a Putin.

R. Sí, pero hay sectores de la izquierda. Que la izquierda no es sólo Podemos oficial. 

P. Hombre, claro, alguien habrá que piense así, pero sus líderes no han apoyado a Putin.

R. Una cosa es lo ministros de Podemos y otra lo que hay abajo. De hecho, Podemos se acerca más a una jaula de grillos. Desde hace muchísimo tiempo. Dentro de Podemos hay sectores, como también lo hay en la izquierda extraparlamentaria, como en los sectores izquierdistas, que van desde los comunistas a partidos distintos, y están jugando con una ambigüedad calculada sobre lo que está pasando en este conflicto. Y es sorprendente, porque la extrema derecha nombra a Putin como comunista, que no lo es, y los partidos de izquierda lo asumen como si fuera cierto, lo cual es absurdo. En este tipo de conflictos hay que ser un poco más crítico con lo que está pasando. Si un tipo es un demagogo y está invadiendo un país, eso es una invasión, se llame Bush o se llame Putin. 

P. En las tres semanas que llevamos de conflicto, parece también que, para condenar a Rusia, acabamos copiando algunas de las peores cosas de su sistema...

R. Te he dicho que no quería hablar del conflicto. Es que no me gusta hablar de los conflictos que no conozco.

P. No te estoy preguntando por la guerra, un segundo…

R. ... En el periodismo español hay una buena parte de periodistas que se dedican a hablar excátedra sobre lo que no conocen. Puedes lanzar esta pregunta y tienes un montón de voluntarios contestándola y te van a contestar cosas maravillosas que han leído en los periódicos. Yo prefiero hablar de los conflictos en general y centrarme menos en un conflicto que no estoy cubriendo. Es que no te miento, yo acabo de venir de Mozambique y ahora me voy a Angola. Yo no voy a pasar por Ucrania a no ser que cambien un poco las cosas.

P. Sí, si lo que te voy a preguntar te atañe como periodista. Que lo que quiero saber es qué te parece que, en el afán de bloquear a Rusia, se acaben bloqueando y silenciando medios de comunicación rusos y periodistas que trabajan para ellos en Europa.

R. Pero es que Rusia acaba de expulsar a muchos periodistas de Rusia, los ucranianos están impidiendo el trabajo de periodistas… Es que, a ver, los periodistas como yo no somos dogmáticos. Nosotros llamamos a las cosas igual, estén mis amigos o no en el poder. El problema es que estamos en un país, España, que cuando los supuestos aliados ideológicos meten en la cárcel a opositores, a eso lo llamamos lucha por la dignidad, y cuando lo meten los contrarios entonces es un ataque a la libertad de prensa. Yo no, yo lo llamo a todo igual. 

Según nuestra ley de control de armas, no podemos vender ni regalar armas a los ucranianos

P. Sí, pero yo lo que planteo es si compensa democráticamente silenciar medios en Europa, si compensa caer justo en lo que hace unas semanas denunciábamos como censura.

R. Es que Rusia ya está coartando la libertad de prensa. Está fustigando de una manera brutal, no solamente a los medios rusos -que han tenido que cerrar en su inmensa mayoría porque sino se la jugaban e iban a la cárcel-, sino a los medios internacionales. Ha habido periodistas que han tenido que abandonar Rusia porque no se puede informar. Porque, allí, si tú llamas a lo que está pasando en Ucrania invasión, estás violando la ley. Y luego, los ucranianos también lo están dificultando. Entonces, en esta especie de tensión mediática, se están cometiendo gravísimos errores que ponen en un brete la libertad de prensa. Pero lo están haciendo todos por igual. Y esto es algo que ha ocurrido siempre. Evidentemente, no es igual. Mis compañeros que están trabajando en Ucrania, con todas las dificultades del mundo, con mucha gente pidiendo papeles, mucha gente armada, están trabajando. Pero mis compañeros en Rusia se han tenido que marchar. Entre otras cosas porque ningún periodista que no esté totalmente controlado puede estar en el frente. Cualquier periodista que no esté dentro de la nomenclatura fijada por las personas que establecen la forma de comunicar la guerra hacia los rusos, no puede comunicar.

En el otro lado hay problemas serios. Yo no puedo entender como los ucranianos son tan poco cortos de miras. Porque, normalmente en las guerras, cuando son asimétricas como ésta, lo más normal es que la parte débil del conflicto sea permisivo con el trabajo de los periodistas extranjeros y busque la simpatía. Eso se ha hecho en Croacia cuando eran los débiles -no cuando se convirtieron en los invasores, que dejaron de ser permisivos con la prensa-. Normalmente, en los sitios donde se ha creado una situación como la que hay en Ucrania y Rusia, es más fácil trabajar por el lado del débil. Y aquí no. Están pasando muchas cosas. No obstante, pueden informar. Cosa que en el otro lado es imposible.

P. A mí es que esto del apagón mediático me ha sorprendido. No sé si se ha dado en otros conflictos. Nunca me imaginaría que se pudiera apagar mediáticamente a Al Jazeera, por ponerte un ejemplo, como se ha silenciado, por ejemplo a Russia Today. 

R. En el año 91, los que estábamos en Israel teníamos que pasar censura previa, los que estábamos en Irak teníamos que pasar censura previa, los que estaban en Turquía tenían que pasar censura previa. Hace 30 años, cuando los iraquíes invadieron Kuwait, y se hizo una coalición internacional para echarlos de allí, se utilizó la censura previa en todos los frentes de batalla. Y el apagón informativo fue escandaloso. De hecho, muchos medios se dejaron influir por la propaganda. Y se mostraron imágenes de pájaros que habían sido exterminados por la destrucción de los pozos petrolíferos, cuando en realidad eran montajes. Eso pasó y se lo comió todo el mundo con patatas fritas. En 2003, menos el New Yorker y otro diario estadounidense, toda la prensa europea y estadounidense se comió con patatas fritas las mentiras de Bush en relación con las armas de destrucción masiva en Irak. ¿Entiendes? ¿Cómo llamamos a todo eso? Le llamamos periodistas que fueron permisivos con la propaganda y se dejaron engañar como principiantes. Esto ha pasado en todos los conflictos armados. Desde que yo tengo uso de razón periodística, en todos los conflictos armados de intentan impedir trabajar, te censura y te vigilan. O te meten en listas de periodistas peligrosos y te amenazan de muerte. Eso pasaba en El Salvador, en Colombia te pegaban un tiro. En las guerras de Irak, Siria o Afganistán te emboscan. Es decir, esto ha pasado siempre, en todas las guerras.

P. Antes hemos hablado de los todólogos, es curioso que la mayoría de estos todólogos no acertaron en su pronóstico de lo que podía ocurrir y que, sin embargo, fueran los corresponsales sobre el terreno, los que sí mantuvieron que el rearme de Putin era distinto y apuntaba a una invasión inminente. ¿Qué opinas de las personas que apuntan a que se da una mejor visión de la guerra sin pisar el terreno porque tienen más acceso a fuentes?

R. A ver, cuando yo hablo de todología, hay gente que se lo puede tomar a mal porque hay gente a la que, en un programa de televisión, le preguntan su opinión sobre lo que pasa aquí o lo que pasa allá. Y esto es lícito. Yo lo que quiero decir es que hay que preparase los temas. Y que, cuando estas en un programa de radio y de televisión, sobre todo, porque tienes una gran influencia, tienes que intentar llevar los temas preparados. Para llevarlos preparados, te los tienes que preparar. Es decir, tiene que haber una especie de guión previsto. Que te pasen los deberes para llegar preparado a ese programa. Eso no pasa aquí. Muy rara vez pasa. Siempre se va al remolque de la actualidad, y entonces hay personas que, de repente, un día están hablando de Afganistán y están contando cosas que ya no están pasando en Afganistán. Otro día desaparece Afganistán del foco mediático y se ponen a hablar de otra cosa. Esto es muy típico. ¿Qué creo yo? Pues que, en todos los conflictos armados, tendrían que estar hablando los especialistas. Si hay una persona que lleva de corresponsal en Moscú, que lleva 6 o 20 o 30 años, creo que saben mucho más de lo que puede pasar que alguien que está a miles de kilómetros y que está hablando un día, porque toca hablar de ese tema. Entonces, yo, lo que haría siempre, es buscar que las personas especializadas hablasen de cualquier tema. 

A mí no se me ocurriría preguntarle a un pastor que me hable de la Covid-19. Como tampoco se me ocurriría preguntarle a un médico cómo guiar un rebaño de cabras en la montaña. Cada uno tiene su especialidad y hay que permitirle que cuente las cosas con una mínima observancia rigurosa, con un mínimo rigor, sino estamos en una situación complicada. A mí no me extraña para nada que gente que estuviese en Moscú y que estuviese recibiendo información de cuál era el despliegue de tropas o cómo se estaban rearmando Rusia, que además se está rearmando desde hace décadas -los rusos han estado disparando y bombardeando Siria desde 2015, llevan siete años de bombardeos- supiera claramente lo que pasaba. La Rusia actual ya no es la Rusia del 89, cuando cayó el Muro de Berlín y entró en colapso financiero. Esto, es otra historia. Y todo esto, los que están sobre el terreno, son los que mejor pueden señalar lo que está ocurriendo. 

No es aceptable que se cobre más por escribir una columna sobre Afganistán desde casa, que por trabajar en Afganistán sobre el terreno

P. Póngale una nota a la cobertura de conflictos actual. 

R. El problema no son los periodistas que están sobre el terreno, el problema es que los medios de comunicación han renunciado a tratar con respeto a los periodistas independientes. La mayor parte de los periodistas que trabajan en lugares conflictivos en las últimas dos décadas son periodistas, digamos, freelance, que trabajan de manera independiente a los medios, pero con los medios. Y el dinero o el presupuesto que se dedica a cubrir conflictos armados o situaciones de gran crisis humanitaria es mínimo. O sea, no es aceptable que una persona cobre más por escribir una columna sobre Afganistán desde su casa, que una persona que está trabajando en Afganistán sobre el terreno. Y esto es lo que ocurre siempre en España. Da igual el medio con el que hables. Te van a contar películas, pero así es cómo son las cosas. Entonces, en los medios, cuando no se invierte, ocurre esto.

P. Que las coberturas duran lo que duran.

R. ¿Qué va a pasar? Te lo voy a contar claramente: Esta guerra ha empezado a principios de año. Antes de verano, los presupuestos anuales de los medios van a quebrar por gastar tanto dinero en esta cobertura. Y no va a haber dinero para hacer un seguimiento posterior de lo que va a pasar en Ucrania. Como no está habiendo en estos momentos un seguimiento de lo que está pasando en Afganistán. Estamos en el mes de marzo, que es un mes muy importante para Afganistán.

P. ¿Ah sí? ¿Por qué?

R. Es cuando se vuelven a abrir los colegios. Ahora mismo debería haber muchos ojos para saber cuál va a ser el planteamiento definitivo de los talibanes sobre las niñas de Primaria, sobre las jóvenes de Secundaria y sobre las estudiantes universitarias. Ellos se han comprometido a que van a poder seguir estudiando. Pero el mes de marzo no hay ni un periodista, si lo hay será de casualidad, en Afganistán. Y Afganistán es el único país del mundo donde hay más suicidios de mujeres que de hombres. Y la curva de suicidios se produce en el mes de marzo, cuando las niñas, las jóvenes, las adolescentes, se dan cuenta de que no van a poder estudiar porque sus padres las sacan de los colegios y los institutos para casarlas forzosamente. Bueno, pues no está habiendo ningún tipo de presencia. Entonces, este es el problema principal de los medios: que tocan los temas en función del impacto mediático, que puede durar unos días -esto de Ucrania va a durar unas semanas-, pero no hay seguimiento real de las historias.

Si tu coges los medios españoles que han estado en Afganistán desde 2001 a 2021 se cuentan con los dedos de las manos los que han tratado el tema con seriedad. Y, con todos mis respetos, sobraría alguno. Hay periodistas que no han ido ni una vez, o que han ido una vez como máximo a Afganistán, y se convierten en especialistas. Medios de comunicación que no han tratado el tema como era obligatorio. Ten en cuenta que había una operación internacional, despliegue de tropas, incluido del Ejército Español, que lleva desplegado desde finales de 2001 hasta 2013, casi 13 años. Y aún así, no se ha tocado el tema como se tenía que tocar. Eso da una idea clara de lo que está pasando. Los problemas gravísimos de la inmigración tampoco se tocan con seriedad. Siria ha sido un conflicto muy mal narrado en los medios españoles. Yemen… Algunos conflictos son más problemáticos que otros por culpa de los problemas de acceso, pero hay otros conflictos que se podían estar tratando y no se tratan.

P. A mí me da la impresión de que, como inversión les parece mejor llevar a la estrella de la radio a la zona segura a ver el impacto humanitario, aunque sea más rentable, en términos económicos e informativos tener un reportero sobre el terreno al que se le paga bien poco.

R. Pero sabes lo que pasa, son viajes de grandes estrellas a la zona que duran 24 horas como máximo.

La clase dirigente y la clase diplomática europea es muy mediocre y muy poco valiente

P. Ya, pero igual un viaje así es una cobertura de dos meses en Afganistán.

R. Que sí, eso es parafernalia. Cuando un medio quiere tener un músculo periodístico fuerte tiene que invertir en periodismo, no en parafernalia. Lo puedes hacer muy bien, ¿eh? Yo conozco coberturas fantásticas de periodistas que, en apenas unas horas, han llegado a un sitio y han hecho una cobertura fantástica, pero eso es parafernalia. Si no le das continuidad y no haces un seguimiento de la historia. Es algo que se ha hecho siempre y los medios creen que con esto van a demostrar que están actuando seriamente en la cobertura. Y no es verdad. Si no se le da seguimiento es parafernalia, pura parafernalia. 

P. Gervasio, ¿qué papel han tenido los periodistas locales en tu trayectoria? 

R. Pues, en general son las personas que están sobre el terreno, que lo conocen muy bien. A mí me gusta trabajar con periodistas locales, aunque en los últimos conflictos armados he preferido trabajar mucho más sólo. Trabajar con locales tiene condicionantes. Si tu vas en Irak con un suní o con un chií y toca un control con un grupo armado, puedes tener serios problemas. Los periodistas locales son los que tiran de las coberturas a largo plazo. Los periodistas locales son los que pagan el precio en sangre. Yo soy miembro de Reporteros Sin Fronteras desde hace 20 años, y cada mañana me levanto con el reporte de los periodistas que han muerto. Y siempre son locales. Hasta que no han matado a un periodista estadounidense en Ucrania no se ha empezado a hablar de periodistas muertos. Pero es el undécimo que muere. Los diez anteriores eran todos locales. En lo que llevamos de año, ya han matado en México a media docena de periodistas. Y en cualquier otro conflicto, los periodistas locales son los que pagan el precio en sangre muy alto. 

P. Me has dicho que no tienes previsto ir a Ucrania, ¿no?

R. El problema es que tengo una serie de viajes planificados para acabar un proyecto que tengo que presentar el año que viene, y que me ha coincidido con el conflicto de Ucrania. Si me voy a Ucrania no puedo hacer el proyecto. Y el proyecto es más importante para mí que Ucrania, en estos momentos. Porque es un proyecto que cierra un ciclo de mi vida profesional y en el que llevo trabajando más de un cuarto de siglo. Tengo fechas de presentación de mis trabajos y exposiciones, tengo que hacer un libro muy grande. Todo esto me impide, a no ser que me parta por la mitad y mande un parte de mi cuerpo a un sitio y la otra a otro, trabajar en una cobertura como la de Ucrania, que puede durar meses. 

P. Sin parafernalia.

R. Para que alguien entienda la mecánica de una cobertura: algo que se llame Ucrania, si quieres cubrirlo, te tienes que ir a vivir a esa zona o tienes que viajar de manera rutinaria a esa zona, durante el tiempo que dure. ¿Quién puede decirme a mí ahora si esto va a durar unas semanas o unos años? Ojalá me equivoque y sea sólo unas semanas. Pero es posible que dure mucho tiempo, así que, si tienes que cubrir ese conflicto, te tienes que especializar, tendrás que moverte, de Kiev, a otro sitio, a otro… Tendrás que cubrir a los refugiados… Y yo, en estos momentos, no quiero meterme en un conflicto para ponerme una medallita en el pecho en la que ponga “Estuve en Ucrania”. Eso está pasando muy a menudo. Vamos a ver cuando empiecen las cosas a ponerse serias de verdad, cuando empiecen a caer bombas de verdad, cuántos periodistas quedarán sobre el terreno. En Croacia, durante la primera semana de la guerra, había centenares de periodistas en Zagreb, que no estaba bajo el fuego. Que fueran a la zona de combate de verdad, eran escasos. En marzo del 92, Sarajevo estaba lleno de periodistas. En abril del 92, empezaron los muertos, y en mayo del 92, había media docena de periodistas solamente. ¡Media docena! Y yo entré en junio del 92 en Sarajevo, y éramos 15 periodistas de todo el mundo. Durante la cobertura de Bosnia, había periodistas de medios importantes, los de las grandes cadenas y las grandes agencias, pero el número se fue reduciendo hasta la mínima expresión.

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P. ¿Salva más vidas el miedo que la valentía?

R. El miedo es el mejor antídoto contra la estupidez. Hay personas que dicen: Tengo miedo y no quiero ir a un conflicto. Y me parece perfecto. Yo también paso miedo. Cuándo te dicen: ¿tú tienes miedo? Claro que tengo miedo. Hay que ser gilipollas para ir a un conflicto y no tener miedo. Pero, otra cosa es cuando la gente va a un conflicto como el que va a un zoológico o a un parque natural a matar animales. Ahora quiere un elefante, mañana un hipopótamo, pasado un antílope. Hay quien se convierte en especialista en Afganistán porque estuvo una semana en Afganistán. Eso no es ni periodismo de profundidad, ni especialización en Afganistán. Como tampoco es un especialista en Ucrania el que va dos semanas a Ucrania. Las cosas hay que llamarlas por su nombre. El periodista de conflicto es aquel que empieza en la cuna y acaba en la tumba. Es decir, si quieres auto llamarte periodista de conflicto, empieza con tus primeros balbuceos como periodista, y te esperas a cumplir noventa para decir que eres periodista de conflicto. Mientras tanto, no me des el coñazo de que eres un especialista en conflicto.

Yo me niego a que me llamen corresponsal de guerra ni fotógrafo de guerra. Y, difícilmente vas a encontrar a alguien que haya estado en más conflictos que yo. Entonces, si yo no me lo permito, ni quiero abusar de esa terminología barata, no quiero que haya otras personas que lo usen de manera tan sorprendente como lo hacen algunos. Es que yo me he encontrado compañeros en mesas redondas que no había estado ni en los aledaños de la guerra. La guerra de verdad es en la primera línea de combate, donde están los frentes de batalla, donde la gente muere en las trincheras o bajo el fuego del enemigo. Estar a decenas o centenas de kilómetros del frente no es la guerra. ¿Quiénes son los que están en esos lugares donde están dando duro? Muy pocos.

P. ¿La gente como tú estáis en peligro de extinción?

R. No. Ayer yo contaba en un pequeño hilo de Twitter que, en estos momentos, me han llamado mucha gente joven, y no tan joven, pidiéndome consejo para ir a Ucrania. Preguntando cómo podían conseguir un chaleco antibalas, un casco… A ver, volar desde Madrid a Kiev, antes de que cerrasen el aeropuerto, era más barato que venir a Córdoba. Cogías un vuelo, y con 40 o 50 euros estabas en Kiev. Ahora mismo los precios se han disparado bastante, pero yo he estado en Ucrania, y es un país baratísimo. Por 30, 20 o 15 euros estás en un hotel en el Oeste. En la capital, por 30 o 40 euros. Entonces, te da la sensación de que, como es barato, puedes ir allí. No necesitas visado. Si quieres ir a Afganistán, necesitas un visado, que puede que tarde un mes o varias semanas. O sea, todo es mucho más lento, mientras que aquí todo es más rápido. Y la gente, de repente, quiere llegar a una guerra, siente pasión por el conflicto, creen que es una aventura. La guerra no es una puta aventura. Te cae una bomba, te mata y se acabó. Y la gente joven, primeriza, no puede llegar a un sitio y empezar a hacer actos irresponsables. Yo también fui un joven en una guerra. Con 23 años estuve en una guerra, y con 24 años estuve en un frente de batalla. Pero iba con gente muy especializada a los que convencí de que, si iba con ellos, no iba a ser una molestia. Por mi actuación, por mi capacidad de convicción, por lo que sea, los convencí de que si me llevaban en sus coches a primera línea, no iba a meter la pata, ni iba a hacer estupideces, ni me iba a cagar en los pantalones, ni iba a poner en peligro el viaje. Yo iba con ellos, que eran expertos.

¿Qué te pueden matar? Claro que te pueden matar con un experto. De hecho la mayor parte de la gente que conozco que ha muerto en guerras eran expertos. Otros expertos no han muerto, que ahí entra también la mala o la buena suerte. Lo que te quiero decir con esto es que, a la gente joven, y hay mucha gente dispuesta a hacer este tipo de trabajo, hay que convencerla de que hay que hacer las cosas con mucho cuidado. Porque si te matan se acabó. Ninguna historia vale la pena tanto. La mejor exclusiva del mundo no merece la muerte. Si a mí me dan a elegir entre una exclusiva y la muerte, evidentemente elijo la vida. Lo tengo más claro que el agua. Pero hay gente que, por su juventud, quiere las cosas a un ritmo que no es el adecuado. En zona de conflicto hay que ser muy precavido, hay que tener mucha información, hay que ir bien protegido -porque no es sólo un chaleco antibalas o un casco, que hay que llevarlo-, sino por alguien que conozca el lugar, que sepa traducir, que sepa desenvolverse en una situación de alta tensión. Si un tío te viene apuntando tienes que saber cómo actuar, que no puedes hacer gestos inútiles que te pueden costar la vida. Hay muchas cosas que hay que saber y que no te lo enseñan en las universidades. Esto sólo te lo enseña la experiencia.

P. No me quiero despedir sin preguntarte, como miembro de Reporteros Sin Fronteras, por la situación del compañero Pablo González en Polonia.

R. Yo no estoy al tanto de ese tema y no te puedo decir gran cosa. Sé que compañeros míos de Reporteros Sin Fronteras en España y Francia, que son los que están al frente de este asunto, están intentando hacer todo lo posible por conseguir su liberación. Pero son temas complejos, situaciones muy complejas y no quisiera hablar de algo que no conozco. 

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