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Fernando Romay: “No sé cómo es la vida en el anonimato”

Fernando Romay | MADERO CUBERO

Cristian López

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Medir más de dos metros y querer pasar desapercibido es un auténtico oxímoron. Una evidente contradicción. Y eso es precisamente lo que le ocurre, y él mismo corrobora, a Fernando Romay (La Coruña, 1959), que lleva una vida entera atrayendo las miradas de propios y extraños. Allá por donde va. Siempre sintiéndose observado. Siempre en el foco, ya sea por su innegable condición física (mide 2,13 cm) o por ser una leyenda del baloncesto español. Un veterano de mucho pedigrí en el Real Madrid. Ahí es nada. Es por ello que la palabra incógnito prácticamente no ha sido conjugada para él. Y tampoco quiso combatirlo de ningún modo. Era inevitable. Es más, asumió su posición y logró transformarlo todo en ventajas.

De hecho, el término diferencia sí que sobrevolará mucho a lo largo de la conversación con el ex pívot gallego. Son más de 20 años dedicados al baloncesto profesional, 17 de ellos en las filas del cuadro blanco, donde ha convivido siempre con la máxima exigencia deportiva. Y el resultado ha sido un amplio palmarés de éxitos, tanto a nivel de clubes como con la selección española. Toca hablar de siete ligas, cinco Copas del Rey, dos Copas de Europa, dos Intercontinentales, tres Recopas de Europa, una Copa Korac y una Copa Mundial de Clubes, además de un bronce en el Eurobasket de 1983 y una plata en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984. Sabe perfectamente lo que es ganar y ha disfrutado mucho de ello. Pero también de los valores que implica el deporte, en este caso el de la canasta. Y ahí reside su lucha actual.

Un evento de la Federación Española de Baloncesto, con la que trabaja a día de hoy, es el causante de la visita de Romay a Córdoba -ciudad a la que acude con cierta frecuencia-. Y entre presentaciones y diversos actos, el ex jugador logra sacar tiempo para hablar con CORDÓPOLIS. Una conversación que sabe a baloncesto, a reinvención, a oportunidades y a educación. Después de una vida en la élite, su cometido ahora radica en trabajar con los más jóvenes, puntualizando en el lado más saludable y positivo de dicha disciplina. Y todo bajo su sentido del humor, una herramienta que él mismo se impuso para derribar ciertos tabúes. No rehuye la broma, ni defender, como quedó dicho, el valor de la diferencia. Palabras de altura.

PREGUNTA. Creo que la palabra diferencia ha estado siempre muy presente en su vida. De hecho, si nos vamos a lo más evidente, la altura, ésta característica física, como les pasa a todas las personas altas, ha provocado que automáticamente sea el foco de atención allá por donde va. Imagino que lo tendrá más que asumido, pero, sobre todo de más joven, ¿cómo se puede convivir con el sentirte siempre observado?

RESPUESTA. Y no solo por la altura, también por la belleza, coño, que yo tengo su cosa (risas).

P. (Risas) Totalmente, ¿cómo se llevaba eso?

R. Pues es que no sé cómo se lleva el no ser observado. Yo siempre fui señalado por la calle cuando era pequeño. Desde que era pequeño, quería decir, porque, quieras o no, los altos somos altos toda la vida. Entonces, desde siempre era el alto, el grande, el que destacaba… Unas veces por exótico, que no por feo, y otras veces, ya una vez que me dediqué al baloncesto, por ser jugador del Real Madrid y tal. Entonces, la vida en el anonimato no sé cómo es. Además, hay una cosa que está clara: un alto no se puede esconder. Un actor se puede poner una peluca, unas gafas de sol, una gorra y una gabardina y puede pasar desapercibido. De un jugador de baloncesto dirán: coño, mira ese tan alto intentando pasar desapercibido. Mira, Romay disfrazado, o quién sea. Entonces…

P. Se tiene el prejuicio muchas veces de que el alto es el abusón, el que tiene ventaja sobre los demás.

R. No, no.

P. Y a esto me refiero a su infancia, mucho antes del baloncesto. Es que esa cualidad física también puede generar inseguridad, te marca como el diferente.

R. Sí, la sociedad es muy injusta en ese sentido. De hecho, yo tengo una charla que es el valor de la diferencia y eso lo recalco. En el momento en que eres distinto, te intentan encasillar. No puedes ser distinto por ser, no sé... Si te gusta llevar barba, pues eres hipster o tal; si llevas melena, eres heavy o hippy. Cantidad de situaciones que tienes. Y cuando no saben dónde encasillarte, entonces ya hay una entelequia genérica que es el frikismo. “¡Bah, ese es un friki! ¡A saber lo que será!”. Y no, lo único que eres es distinto. Tienes una forma de pensar y no tienes que estar encasillado ni nada.

Y entonces, a ver, si penalizan tanto ser diferente y, además, exigen ser genial, ¿cómo puedes ser genial sin ser diferente? Con lo cual, yo soy de los que abogan por fomentar las diferencias, en el buen sentido de la palabra. Pero no las diferencias para que sean excluyentes, sino que te permitan aportar a un equipo eso que necesita en cada momento.

Abogo por fomentar las diferencias, ¿cómo puedes ser genial sin ser diferente?

P. Sería muy aburrido si todos fuéramos iguales.

R. Aparte de aburrido, es que te maravillas de ver los mosaicos que han hecho desde tiempos inmemoriales los romanos y tal. Un montón de piedras distintas que forman una figura armoniosa. Un equipo no deja de ser esto. Un montón de características distintas que forman un núcleo sólido, armonioso y exitoso. Pues ya está, vamos a fomentar esa diferencia, amén de que, si tú intentas parecerte a los demás, vas a tener que usar un 80% de esfuerzo para conseguir un 20% de beneficio. Si tú intentas favorecer tu diferencia para ser útil a los demás, vas a tener un 20% de esfuerzo para conseguir un 80% de beneficio. Con lo cual, vamos a ser distintos.

P. Imagino que antes estaría más acentuado incluso, sería más complicado convivir con esa diferencia física.

R. No, no, qué va.

P. Me refiero a un hecho tan cotidiano como comprarse unos zapatos de su talla.

R. Claro, a ver, convivir no, vivir. Pero convivir no. Yo he tenido la suerte de estar siempre rodeado, en primer lugar, en tiempos prebaloncesto, de una familia que te daba muchísimo cariño y muchísimo amor, con lo cual me hacían ser un niño feliz. Y después, en tiempos de baloncesto, esas dificultades se transformaron en ventajas, ya que yo tenía más posibilidades que el resto de mis compañeros y así me lo hicieron ver desde un principio. Para poder conseguir las metas que a ellos les iba a resultar casi imposible hacer. Entonces, tampoco fue tan difícil.

Lo que sí, las cosas de convivencia, lo que tiene estar en un mundo que es una tallita más pequeño. Pero nada, son fácilmente solventables con comunicación. Ahora estamos en la era de la comunicación y no solo para el postureo, también tiene que valer para algo más, y ese algo más es el poder enterarte, aportar y hacerle la vida más fácil a los demás, que están en una situación parecida.

P. No sé si estará de acuerdo conmigo, pero, en mi opinión, la educación es bastante horizontal, que no quiere decir que sea justa. Al final, un chico de 1,50 cm no tiene las mismas capacidades que el de 1,80 cm, aunque tengan la misma edad. No se les puede pedir lo mismo.

R. Claro, claro. No, no, no. Es que, además, lo de la educación es algo que se tiene que empezar a ver. Mira que ha cambiado el mundo, y seguimos dando y recibiendo clase de la misma manera que se hacía en el siglo XVI o XVII. Entonces, esto tiene que cambiar de alguna manera. La educación tiene que ser distinta y yo creo que tiene que fomentar más las cualidades que te hacen distinto para poder aportarlas a la sociedad y que la sociedad se pueda beneficiar mucho más de ello, lejos de hacer el mundo perfecto en el que todos tenemos que ser iguales, vestir igual, tener la misma altura, el mismo color de pelo y tal. Viva la diferencia.

P. Volviendo a lo que comentábamos de la inseguridad. Desconozco si fue así siempre, pero es cierto que en su vida pública sobresale el humor como una herramienta importante.

R. Sí, sí. Lo has definido bien, una herramienta, indudablemente. Yo tenía que quitar la imagen de que los altos son sosos, de que los altos son tontos y que son parados. Entonces, un alto puede contar un chiste, puede ser gracioso, puede tener su chispa… Ya lo de listo no lo he conseguido tanto. Pero bueno (chasquea los dedos), estoy en ello a ver si… (risas).

P. Con 14 años, su destino, como ha dicho alguna vez, estaba en seguir los pasos de su padre y trabajar en el puerto de La Coruña.

R. Sí, bueno, eso era lo obvio, sí.

La educación tiene que fomentar más las cualidades que te hacen distinto

P. Pero entonces surgió la oportunidad de ir a Madrid.

R. De jugar a baloncesto, sí. Me llega primero la oportunidad de jugar a baloncesto en La Coruña y luego de descubrir un mundo nuevo, en el cual todos los problemas que tenía fuera, que la mayor parte eran problemas de intendencia podríamos decir, pues se trastocaban en ventajas. Tanto es así que, incluso sin llegar a jugar ningún partido en La Coruña, simplemente estando en la a minúscula del baloncesto, de todo el abecedario baloncestístico, pues ya me llama el Real Madrid, me coge y me hace ser jugador del Real Madrid. Me abrió un mundo completamente distinto.

P. ¿Cómo fueron esos primeros meses de un chico coruñés de dos metros en la capital?

R. Viviendo todo. Impregnándome de todo. Además con un problema añadido. Yo no tenía zapatillas en ese momento. Mi número era tan absolutamente extraordinario que no lo tenía ni el Real Madrid, con todo esto. Entonces, imagínate, tenía que entrenar y, lejos de ser una desventaja, supuso una ventaja porque toda esa merma que tenía, tanto física como baloncestística, pues me permitió meter muchos entrenamientos de baloncesto primario, digamos, no para ponerme a la altura de mis compañeros, que siempre iba mucho más adelante, pero sí ponerme a la altura para poder asimilar lo que me venía después. Era un poco tener esa base lo suficientemente sólida para tomar el impulso de llegar lo más arriba posible.

Y esto me valió por todos esos meses que estuve sin zapatillas. Coger una base física, una base técnica, para poder aguantar lo que venía después. Y, sobre todo, el hacer caso a los que más sabían. Yo soy de los que piensan que soy lo que soy gracias a la gente que me ha rodeado. A ese entorno que tenía, empezando por esos jugadores que estábamos en la pensión, que fueron los primeros que me hicieron ver las posibilidades que tenía de verdad. Y lo hicieron ver de una forma fehaciente. Hay un vasco maravilloso, Choya se llama, y que me lo hizo ver muy a lo vasco. Me dice: “O triunfas, o te doy dos hostias”, directamente. Entonces, me enseñaba la mano un tío de 1,90 y algo, con una mano que era como una pala de panadero, pues dije casi voy a hacer, pues, como me dé, voy a hacer noche en el aire. Y efectivamente, le hice caso (risas). Surgió efecto. Ya sabes, los métodos audiovisuales de “oye, ¿ves esto?”, pues surgió efecto.

P. ¿Es cierto lo que he leído de que confundió a Pedro Ferrándiz con el encargado del material?

R. Bueno, eso son historias. La verdad es que sabía muy poco de baloncesto y en algún momento pudo haber pasado, sí (risas).

El Real Madrid me abrió un mundo completamente distinto

P. Ha comentado en alguna ocasión que gracias al baloncesto encontró su sitio.

R. El baloncesto me colocó en el lugar que tenía que estar e hizo posible que sea lo que soy ahora. No sé hasta qué punto podía ser mejor, indudablemente. ¿Podía ser peor? Con toda seguridad. Pero gracias al baloncesto estoy donde estoy y estoy muy orgulloso.

P. Porque el baloncesto ha significado, creo yo, una importante salida a personas de 2,05 cm en adelante. En este caso se sitúa como una figura imprescindible, pero en cualquier otro deporte es muy raro.

R. Bueno, hoy en día, tal y como están las cosas, en otros sitios también. Tú ves jugadores de balonmano y hay de dos metros y pico; ves de voleibol y también.

P. De 2,13…

R. De 2,13, indudablemente, tiran al baloncesto porque es la salida más cotidiana, pero digamos que la gente alta, cada vez más, gracias a los métodos de entrenamiento y a que están mejor formados y tienen más cualidades para poder hacer, ya no son exclusivas solo del baloncesto, sino que la envergadura y la altura ya es aprovechada en otros muchísimos deportes.

P. Usted es lo que se conoce como un siete pies (2,13 cm).

R. Efectivamente.

P. Y de los primeros en el baloncesto profesional.

R. El primero. Antes de mí había uno con 2,10, que era Azpiazu. Era vasco y jugó poco, en San Sebastián y poco más.

P. Ha cambiado mucho el baloncesto respecto a su época, ¿qué diferencias cree que se dan principalmente?

R. Todo, todo. La condición física de los jugadores, la condición técnica, el juego en sí. La línea de tres puntos abrió tanto el campo que, ahora mismo, si no juegas por encima de ella, midas lo que midas, no eres nada. Eso en lo que es el juego del baloncesto y luego el abrir las ligas, que sean ligas mundiales, por un lado está muy bien porque permite tener una importante dentro de España, pero yo pediría un poco de proteccionismo por el jugador español. En favor de tener una liga cada vez mejor nos estamos olvidando de él y yo creo que se debería mimar un poco al jugador de España. De hecho, me encanta lo que está haciendo por ejemplo este año el Casademont Zaragoza, sacando jugadores jóvenes, dándoles la oportunidad y demostrando que el talento está ahí.

Soy lo que soy gracias a la gente que me ha rodeado

P. Y están rindiendo.

R. Incluso me gusta mucho la oportunidad que se le está dando a muchos jugadores con la nueva versión de las competiciones internacionales, con las ventanas. El hecho de que en la selección española, que desgraciadamente es la única posibilidad que tenemos de ver baloncesto en abierto sin tener que estar conectado a ninguna plataforma, el poder ver que el equipo nacional son los doce que van cada año, más una serie de jugadores que tienen calidad para poder estar ahí. 

P. Y hablando de esas categorías de formación de la selección, a usted le llega el éxito pronto. Llega a Madrid con 14 años y casi sin saber jugar a baloncesto y dos temporadas después, en el 76, gana el bronce con la selección española júnior.

R. Bueno, después de haber entrenado y jugado mucho.

P. Pero en esos dos años.

R. Sí, en esos dos años, antes no. En esos años teniendo tres y cuatro sesiones de entrenamiento diarias. Con cual, digamos que me metían baloncesto, amén de ir a clase o de intentar ir.

P. Son 17 temporadas en el Real Madrid, con multitud de títulos. Siete Ligas, cinco Copas del Rey, dos Copas de Europa… Mirándolo ahora en perspectiva, ¿con qué se queda?

R. Con toda la gente con la que he tenido la ocasión de convivir. En el Madrid aprendí mucho de todos y cada uno de los jugadores con los que estuve. De los que estaban por encima de mí, que fueron muchos, y de los jovencitos que llegaban y que indudablemente también aprendía mucho de ellos.

El Real Madrid, y el baloncesto en general, pero yo hablo de lo que me tocó a mí, es una escuela de vida y he aprendido muchísimo y sigo aprendiendo de los jugadores que hay hoy en día. De su forma de ser, de pensar, de obrar, la profesionalidad que tienen, la seriedad que tienen pese al talante divertido que aparentan. Me parece que son unos verdaderos monstruos.

El baloncesto me colocó en el lugar que tenía que estar

P. Volviendo al baloncesto de su época...

R. No hables de mi época, el baloncesto es baloncesto. Es que, muchas de las cosas, si bien en lo técnico ha cambiado muchísimo, en lo táctico muchísimo más, pero los valores fundamentales yo creo que siguen siendo iguales y eso es lo que me maravilla del baloncesto. Lo que tiene de positivo el estar y el hacer las cosas tan bien como lo hacen ellos.

P. Pero también en esos años había más, como decirlo, más estopa.

R. Claro que había, porque no se jugaba tan abierto como hoy en día. Te en cuenta que yo la mayor parte de mi carrera la hice sin línea de tres. Entonces, no habiendo línea de tres, para qué te ibas a ir lejos si de cerca metías mucho más. Eso, y no poder estar dentro de la zona, hacía que estuviéramos todos mucho más abigarrados en menos espacio, con lo cual el roce era mucho mayor, el contacto era mayor, la contundencia era mayor y el juego se hacía no violento, pero sí esforzado.

P. Leía una anécdota de Chechu Biriukov en Jot Down, que contaba que una vez Jordi Villacampa le dijo “¿tú sabes lo que es jugar contra Fernando Romay?”. Y él le respondió: “Y tú sabes lo que es entrenar con Fernando Romay? Tú juegas contra él una vez al mes como mucho, yo entreno todos los días. ¿Crees que a mí no me pega?”.

R. Claro, pero una cosa que teníamos en el Madrid es que tal y como se entrena se juega. Y los entrenamientos eran al 100%. Y los pívots eso lo llevábamos además a rajatabla. Yo te podría poner dos ejemplos de jugadores: Fernando Martín y Petrovic. Petrovic era cantidad y Fernando Martín calidad en los entrenamientos. Era una hora y media, pero una hora y media a muerte. Con el cuchillo entre los dientes y a tope. Y si era un ejercicio de tiro y tenías que estar haciendo movimientos, a muerte. No había medias tintas. ¿Y esto qué hacía? Pues que cuando salías al campo estabas habituado a eso. Entonces, tal y como se entrena se juega.

Y lo de Chechu y Villacampa es que se quejan de vicio. Claro, son aleros, qué les vas a pedir. No saben lo que es jugar dentro de la zona y buscarse las habichuelas ahí (bromea).

P. Le he escuchado alguna vez decir que la exigencia que supone un club como el Real Madrid, que está obligado a ganar todo, puede llegar a ser sectario. ¿A qué se refiere con esto?

R. Hombre, claro. No todo el mundo vale para el Madrid. Imagino que en el Madrid y en los grandes clubes en general. No eres bueno por lo bueno que puedas llegar a ser. No eres jugador del Madrid por lo bueno que puedas llegar a ser. Teóricamente, todos los que ficha el Madrid son de un nivel top. Eres bueno para el Madrid porque no eres malo nunca. El diez está ahí, es alcanzable. Pero no bajes de un nueve porque entonces ya no eres válido para el Madrid. Entonces, la exigencia por abajo es lo que te hace ser jugador del Real Madrid. Muchísimas veces no consigues relajarte en ningún partido, sea cual sea, y por eso yo creo que es difícil ser jugador del Madrid. Es muy sectario y separa mucho a los jugadores en ese sentido.

Yo pediría un poco de proteccionismo por el jugador español

P. Eso se contrapone con el trabajo que ahora desempeña. Esos programas que lleva a cabo con la Federación, de un baloncesto más popular entre las categorías de formación, de educación en valores.

R. No, no. No es en absoluto contrapuesto. Una cosa es el nivel profesional de los jugadores y otra cosa es el baloncesto. El Real Madrid es por encima de todo esos valores también. Solo que en el Real Madrid prima también el resultado y tú a un chaval no le puedes decir que prima el resultado, sino los valores, porque ya será profesional en su momento. Ahora se está haciendo jugador y tienes que primar los valores.

P. Pero incluso desde la cantera ya se valora más el resultado.

R. Desde la cantera es que hay muchos que intentan ver a sus hijos como profesionales precoces y yo creo que un chaval tiene que cumplir las etapas. Hasta cierta edad, son niños que juegan. A partir de cierta edad empezarán a ser profesionales, pero no intentes que sea profesional antes de tiempo porque lo que haces es aburrir al chaval. El profesionalismo por algo se paga, porque tiene unas exigencias que a un chaval no se le pueden pedir. Y si no lo haces así, sería muy difícil, al no poderle pagar, decirle por qué tiene que hacer tanto sacrificio. El sacrificio lo haces porque te llena.

P. Después de una vida en la élite y con la exigencia que supone se jugador del Madrid, ¿cuándo se le enciende ese chip de querer trabajar con los jóvenes?

R. Se encendió antes. De hecho, yo empecé a hacer lo que hago ahora estando en activo. Yo tuve la suerte de crear, junto con otra gente que sabía más que yo del tema, como un par de asociaciones de lucha contra la droga a nivel estatal, la última fue Deporte y Vida, que tenemos muchísimas cosas buenas que hemos hecho, de crear un método de enseñanza de valores para erradicar el tema de la droga. Ten en cuenta que hablamos de finales de los ochenta, principios de los noventa, unos años muy chungos y yo creo que el deporte tenía mucho que decir. Yo creo que el deporte tiene que valer para muchísimas cosas, amén de ser un mero divertimento. Entonces esas cosas me hicieron descubrir todas las cosas que tenía, todos los valores, y es lo que intento trasladar ahora a los jóvenes y a los no tan jóvenes incluso. Al mundo empresarial también es muy importante enseñar esas cosas.

P. Quiero que hablemos de algunos jugadores con los que ha coincidido. Le escuché decir una vez que para usted hay dos figuras que han cambiado el baloncesto de alguna forma. Uno es Mirza Delibasic y el otro Arvydas Sabonis.

R. Sí, sí, siempre les destaco. Uno, Mirza Delibasic, porque, digamos, es el antecesor de Petrovic. Tenía las cualidades técnicas de Petrovic, por eso lo pongo incluso por delante por cuestión simplemente cronológica y no de calidad baloncestística. Y Arvydas Sabonis porque es un precursor del baloncesto que vino después. Nosotros éramos meras grúas, no salíamos de la zona, y él digamos que abrió el campo a los pívots e hizo el juego completamente diferente para los hombres altos. Luego llegó la línea de tres y se vio por qué estaba haciendo esas cosas.

No eres jugador del Madrid por lo bueno que puedas llegar a ser. Eres bueno para el Madrid porque no eres malo nunca.

P. Otro de los que quiero que hablemos algo, que no sé si piensa que cambió o no el baloncesto, pero lo que sí hizo fue trastocar un poco la mentalidad de los jugadores del Madrid a su llegada fue Drazen Petrovic. Ese fichaje fue controvertido.

R. Sí, sí, sin duda. Pero, como hablábamos, mientras Mirza Delibasic era un jugador que se hizo querido y quería ser parte del Real Madrid, para Drazen Petrovic, el Real Madrid fue un mero impulsor de su carrera para llegar a la NBA. Un trampolín. Entonces por eso me quedo con Mirza, porque yo quiero a los jugadores que se implican en los proyectos.

P. Además, era el rival por excelencia del Madrid.

R. Ya, pero podría haber llegado al Madrid y ser. Pero ya el hecho de estar un primer año y al segundo, en la pretemporada, ya estar, mañana nos vemos para entrenar, cuando ya tenía los billetes para irse a la NBA, ahí uff, poquito. 

P. Y otro que no quiero que se me escape es Fernando Martín. Volviendo a eso que decía de la seña sectaria del equipo, ha dicho que Fernando era el único con licencia para saltarse ese proceso.

R. No, no tenía licencia en absoluto. Las licencias se las tomaban, pero se las tomaban en la medida en que creían lo que era justo. Y, sobre todo, más que romper las barreras o tener licencia para hacer esto, lo que hacía era una actualización del Real Madrid para seguir en los tiempos en los que estábamos. El Madrid se había quedado un poquito atrás y Fernando puso al Madrid en la década de los noventa. Y es fundamental eso.

P. Su figura es inolvidable, sin duda. Y creo que ha vuelto a estar un poco de actualidad con el triste fallecimiento de Kobe Bryant. La pérdida de este último, también en un accidente, ha podido suponer para la actual generación y algunas anteriores lo que en su día fue perder a Fernando.

R. Sí. Yo veo muchas similitudes, no solo por lo que supuso en lo afectivo, sino también por lo que supuso en otras cosas. La capacidad de liderazgo que tenían los dos era bestial y, entonces, perder un hombre con esa capacidad de liderazgo hace que te des cuenta muchísimo de tu fragilidad. Yo soy de los que piensa que nos hace mucho más humanos y mortales la muerte de este tipo de personas.

La selección española es una evolución continua que no empieza de cero

P. Me gustaría hablar también de la selección. Ahora los de mi generación hemos coincidido con la época más dorada, pero no siempre fue así. De hecho, su generación sembró lo que luego se ha ido recogiendo.

R. Sí, a ver, la selección española, como todo buen equipo, son impulsos que toma gracias a la gente, basándose en lo que hizo la gente anterior. Un equipo no puede partir de cero. La selección española es una evolución continua que no empieza de cero, sino que va más adelante. Ahora están haciendo las cosas muy bien, pero hay muchas cosas que me recuerdan al equipo nuestro. Empezando por eso, el equipo. Antonio (Díaz-Miguel) llevaba siempre aquí escrito (se señala la zona del pecho) “seleccionador equipo nacional”. Y él no era seleccionador de una selección, sino de un equipo. Si fuese por estadísticas, igual hubiese llevado a otra gente. Hubiese llevado a más bases, pero él lo que quería es un equipo. Y ahora mismo la selección yo creo que forma un equipo.

Además, la selección, no sé si estarás de acuerdo conmigo, es un poco avanzadilla de lo que es el deporte nacional exitoso. Y me explico. Ahora mismo hay un persona que, yo creo que es el mejor deportista que tenemos, que es Rafa Nadal, y es el mejor deportista no solo por lo que gana, sino por cómo lo gana. Y la selección española está en la senda de Rafa Nadal no solo por lo que gana, sino por cómo lo gana. Tanto la masculina como la femenina. Y es un poco eso, el hecho de no solo ganar medallas, sino también el corazón de la gente.

P. Ha provocado también el deseo de que todos quieran estar ahí.

R. Claro, claro. Al margen del mundo del baloncesto, indudablemente. Si eres exitoso, todos quieren estar ahí. Pero yo creo que, por encima de conseguir tener los éxitos que ha tenido, lo que gana es el corazón de la gente. Y estoy hablando tanto de los chicos como de las chicas.

P. En vuestro caso ganáis la primera medalla olímpica de la historia. Esa plata en Los Ángeles 84.

R. Un poco también basado en lo mismo. Lo que más me sorprendió de la medalla de plata nuestra es lo que significó para el baloncesto. Yo fue llegar a La Coruña y ver a un chaval jugar a baloncesto en un parque, habiendo colocado un banco en vertical y en el reposabrazos, que era de metal, tirar el balón. Y lo hacía de canasta, cuando ni siquiera era redondo. Y yo cuando lo vi dije: “Hostia, algo hemos hecho”. Esto es lo que verdaderamente mueve a la gente. Tú consigues un éxito y el éxito es completamente efímero. El éxito, ahora mismo con las redes sociales, dura cero coma. Pasado mañana ya no existe el éxito. En cambio, este tipo de cosas son las duraderas, amén de que España empezó a trasnochar gracias a nosotros. Descubrió la noche. Solo hay que ver la cara de degenerado que tienes tú (risas). Seguramente saldrás todos los fines de semana y te mamarás mucho. Pues todo eso empezó gracias a nosotros (risas). Si no llega a ser por nosotros no hubieses descubierto la noche.

El Real Madrid me llama antes de llegar incluso a jugar ningún partido en La Coruña

P. Es una lección que me queda (risas).

R. Sí, sí (risas). 

P. Para ir terminando, le he escuchado hablar esa jubilación temprana que tiene que afrontar un deportista, que superada la treintena ya está en la recta final de su carrera. Da la sensación de que para muchos eso supone un hándicap muy grande. Usted, sin embargo, defiende que es una ventaja.

R. Depende de cómo te lo tomes. Yo he tenido la suerte de elegir cuando me quise retirar. De tener ofertas en la mesa y dije pues no, llegó mi hora. Me voy antes de que huela y me echen. Y es lo que me ha valido, pero otros no pueden hacer lo mismo. Yo mi vida la he tenido plena durante mi época de baloncestista y después, pero es cuestión de preverlo, de verlo, aceptarlo y seguir.

P. Después del Real Madrid, pasa por Ferrol y Zaragoza.

R. Sí.

P. Deja el baloncesto, pero tiene ahí una pequeña incursión en el fútbol americano con los Panteras de Madrid. Y de ahí sale un dato que desconocía, pero es el único deportista que ha ganado dos títulos en dos disciplinas diferentes.

R. Sí, porque me encantaba hacer deporte y es difícil cambiar los hábitos de tu vida. Yo quería hacer deporte y entonces no había equipos de veteranos en los clubes y enrolarme en un equipo de una liga menor, de una liga municipal o lo que sea, pues la verdad no me iba a llenar en absoluto e iba a crear serios resquemores en los que jugasen en contra o conmigo. Entonces, pues dije de irme a un deporte distinto. Me gustaba mucho el fútbol americano y tenía buenos amigos que jugaban, me dijeron “tío, vente con nosotros y así le damos un impulso, promocionamos la liga” y me fui un par de años ahí, y enseguida vi, jugando al fútbol americano, que era baloncestista y me volví (risas).

Pero me ha encantado jugar y conocer otro deporte y a esa gente que se paga los viajes,  se paga los trajes, se paga todo. Son profesionales en su hacer y amateur en su recibir. Y realmente valoras muchísimo a toda esa gente.

P. Es otro mundo completamente distinto al Madrid.

R. Sí, sí. El profesional no compensado podríamos decir.

P. Ahora ya sí que está más cerca de la edad de retirada real, en su caso sería una segunda jubilación.

R. Sí, sí, y como ya lo he pasado ya sé lo que me va a tocar (risas).

P. Ha ayudado esa primera jubilación a lo que ahora pueda pasar.

R. Sí, sí. Pero bueno, espero tener siempre algo que hacer, que me permita salir de casa y que me haga posible seguir ligado al baloncesto que siempre me encanta.

Fernando Martín puso al Madrid en la década de los 90

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