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Antonio Reyes: “Nos hace falta el éxito para vivir, pero es el que nos está matando”

Antonio Reyes | MADERO CUBERO

Paco Merino

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El ruido de las zapatillas deslizándose por la cancha. El chasquido de los palos de la portería al recibir el violento latigazo de un balón lanzado por el brazo de un jugador. La sinfonía confusa de los gritos dentro y fuera de la pista. Una tarde cualquiera en el pabellón de Fátima, en el corazón de un barrio obrero que es ahora el hogar de un club singular. Antonio Reyes (Córdoba, 1956) aparece por allí con el gesto de siempre, el plan de siempre y los sueños de siempre. Es el jefe de todo y se nota. El Club Córdoba de balonmano nació a principios de los ochenta y él estaba ahí. Ha sido jugador, entrenador, directivo y todo lo que se puede ser en un club modesto, donde imperan unos códigos singulares basados en los pilares de la austeridad económica y un compromiso personal cercano a la adicción.

Quienes inventaron lo del salario emocional bien podían haberse inspirado en organizaciones como el CBM, que desgrana su día a día con la dignidad de un aristócrata cargado de títulos pero con la nevera medio vacía. Llevan tres décadas fabricando jugadores, acumulando títulos en campeonatos provinciales y autonómicos, enarbolando la bandera de uno de los deportes “raritos” en la ciudad. Jamás llegaron a jugar un solo partido en la elite. “Y tal y como están las cosas resulta imposible”, dice Reyes. Y se ríe. Un tipo peculiar Antonio Reyes, un one club man que se dedica a coleccionar sensaciones íntimas en escenarios alejados del foco mediático. Eso, ahora, es para otros. Tres clubes de la provincia han catado la Liga Asobal, máxima categoría de su deporte. Ahora anda en la cresta de la ola el Puente Genil, que hace unos días jugó contra el Barcelona en la Copa del Rey y ofreció una digna resistencia pero, como todos, perdió. Reyes se conforma con enfrentarse con el club azulgrana en cadetes y ganarle. Eso le hace inmensamente feliz.

“La gente no me entiende, pero me da igual”, cuenta este veterano profesor -que parece más joven porque lo es- a Cordópolis en una oficina multiusos del pabellón donde se construye, con disciplina espartana, la máquina de ganar que es el Córdoba BM. Entre las pistas del Colegio Mediterráneo, en el barrio del Parque Figueroa, y la cancha de Fátima, Reyes ha tejido una red invisible en la que están atrapados -sin que parezca molestarles en absoluto- un grupo de colaboradores unidos por una pasión que se alimenta de títulos. No saben dónde meter tanto trofeo. Son los mejores en lo suyo y llevan el sello de Reyes, un emblema del deporte en Córdoba.

P. ¿Te ofende si te digo que eres un loco del balonmano?

R. No, porque ya está mi mujer harta de decírmelo y con ella llevo toda la vida. Lo veo normal. Si tú me lo dices, me lo tomaré como un cumplido.

P. Un deporte, un club, un hombre. Tu vida en el balonmano puede ser la base de un buen eslógan.

R. Bueno, estoy desde la fundación aunque tuve alguna salida. Estuve un año jugando en el Palma del Río en Primera a las órdenes de Rafa Villalba. Cuando terminé de jugar les estuve entrenando un año y medio, pero cuando nuestro equipo de Ebasur subió a Segunda ya no pude soportarlo. Quería estar otras vez en mi equipo, con mis amigos, y aunque allí jugaba en Primera, les dije que me volvía. Desde ahí no me he movido del sitio. Para mí el Córdoba Balonmano supone todo, al margen de mi familia. Es mucho más que un club.

P. ¿Has calculado alguna vez cuántos jugadores han pasado por tus manos en estas tres décadas?

R. Bueno, últimamente menos. Cada temporada entreno a un solo equipo y lo llevo desde alevines a juveniles. Cuando el club empezó, yo era jugador juvenil y ya entrenaba. Cuando empezó a crecer, entrenaba a todas las categorías. Salía del colegio y me metía a las cinco de la tarde en el Polideportivo de La Juventud para salir a las diez de la noche todos los días. En esa época, y te hablo de que fueron diez años, yo entrenaba a cinco equipos cada temporada. Imagínate. Son innumerables. Muchas veces me encuentro antiguos jugadores que llegan, me saludan, y yo no los conozco. Han pasado veinticinco o treinta años sin verlos y ellos sí se acuerdan de mí, pero claro, eso es más sencillo. Son muchos jugadores y muchos recuerdos.

Hablamos de que llevo 45 años en esto y durante un periodo de unos cuatro o cinco años pude llevar algo de dinero a mi casa. El resto de los años, como mucho, consigo lo que me cuesta la gasolina y poco más"

P. Le has dado al balonmano tiempo, dedicación, talento y toda una vida. ¿Qué te da el balonmano a ti?

R. Hay gente que se cree que me da dinero.

P. Pero tú no te has hecho rico con esto...

R. No sólo no me he hecho rico, sino que salvo los dos o tres años que estuvimos en Primera y con opciones de subir a la Asobal, y el tiempo que estuve en Palma del Río, pues te digo que de cobrar nada. Hablamos de que llevo 45 años en esto y durante un periodo de unos cuatro o cinco años pude llevar algo de dinero a mi casa. El resto de los años, como mucho, consigo lo que me cuesta la gasolina y poco más. Lo que yo saco de esto es una satisfacción personal, un sentimiento que nadie entiende. Para mí, que el equipo alevín haya sido tercero de Andalucía, que un equipo de niñas que ha empezado este año haya sido campeón... Eso para mí es una alegría tan grande que no tiene comparación. Eso es lo que yo saco del balonmano: satisfacciones personales que habrá mucha gente que no entiende. Pensarán que eso es algo que no tiene importancia. Es algo que llevo dentro y no lo puedo evitar. Y cuando los equipos pierden, pues también me lo llevo. Afortunadamente, en este club hay muchas más alegrías que sinsabores a nivel deportivo.

P. Siempre se te ha visto apasionado en la cancha, con una intensidad desbordante y muy exigente con tu equipo. ¿Cambia el carácter con el paso de los años?

R. Ahí he cambiado poco. Un antiguo jugador nos trae ahora a su niño y después de ver un partido de Antonio Reyes, el mismo que le entrenó a él hace 30 años, viene y me dice: 'Es que sigues igual. Haces los mismos movimientos, pegas las mismas voces, no los dejas ni respirar...“. Ha cambiado mi apariencia física, un poquito mi intervención en los entrenamientos -porque antes yo jugaba con ellos y eso ha pasado a la historia-, pero mi implicación y mis ganas están ahí. Un poquito más tranquilo, pero no mucho.

P. ¿Recuerdas el último partido que jugaste?

R. Aparte de amistosos y celebraciones, fue en una época en la que retorné al balonmano activo con el Baena, a las órdenes de Ángel Blasco. En una finta, César Montes me sacó el brazo derecho. Mis últimos partidos oficiales fueron en la fase de ascenso con el Ebasur en Melilla, donde por cierto me quedé máximo goleador y es uno de los trofeos que guardo con más cariño. Eso fue en el año 1986. Luego he estado en partidos informales, amistosos... Pero el último oficial en serio fue en Melilla contra el Villacañas de Toledo.

P. Ahora tus partidos los juegan otros. Aquí en el Córdoba Balonmano habéis convertido el conseguir títulos en una rutina. Aunque luego todos esos éxitos en la base no se traduzcan en el crecimiento, en categoría, del primer equipo. Pero ésa es otra historia.

R.Eso es lo que peor llevo.

A mí me duele muchísimo que un jugador que ha estado conmigo desde alevines llega a la época de sénior después de toda una vida a mi lado y deja el club. Eso me sienta fatal"

P. ¿Pero no lo has asumido ya?

R. No. No lo he asumido. Eso me provoca grandes problemas. Y aunque luego pueda reconocer que no tengo razón, a mí me duele muchísimo que un jugador que ha estado conmigo desde alevines llega a la época de sénior después de toda una vida a mi lado y deja el club. Eso me sienta fatal. Luego recapacito, me convenzo de que ha hecho lo que debe, pero es a posteriori. En el momento en que ese jugador llega y me dice que se va a ir, pues no lo llevo bien.

P. En el balonmano cordobés se da un fenómeno curioso y es que los clubes de la provincia tienen una buena cantera de la que nutrirse en la capital, donde jamás se ha visto un equipo en la élite. En otras modalidades es exactamente al contrario.

R. Claro, porque el balonmano está estructurado de una manera en la que todo el mundo tiene más posibilidades que nosotros para trabajar. Pero no aprovechan esas facilidades. ¿Instalaciones? Nosotros tenemos que pagar nuestras instalaciones para entrenar y los clubes de la provincia, pues no. El Ayuntamiento se las cede. ¿Ayudas? Hay convocatorias expresamente dirigidas a clubes de la provincia y nosotros no podemos optar a ellas. Nosotros, la ayuda que recibimos es del Ayuntamiento, de acuerdo con la Diputación, que se llama nominativa y que va dirigida al primer equipo. Se olvida totalmente de la cantera. ¿Qué ocurre? Pues que tenemos una cantera que necesita un presupuesto de 100.000 euros y para mantenerla renunciamos a reforzar al equipo de arriba. Además, en cuanto sale algún jugador de cierta calidad y nivel, su alternativa es quedarse jugando en su club de toda la vida, sin cobrar ni un duro y sin posibilidad de ascender, o marcharse a un club de la provincia en el que le van a dar equis dinero, van a estar en una categoría más alta e incluso con la posibilidad de acabar en la Asobal. Y claro, pues se van. Hay veces que nuestro régimen de entrenamientos en Primera es muy superior al de otros clubes y hay algunos jugadores que deciden irse a equipos donde hay menos volumen de trabajo. Y eso lo llevo todavía peor. Si un jugador se va a un club con proyección deportiva puedo llegar a entenderlo, pero que uno con 19 o 20 años se marche a un equipo de inferior categoría en el que no haya compromiso para entrenar es algo que no llegaré a comprender en la vida. Esos son los malos ratos que paso en el balonmano. El que no nos den subvenciones, que estemos apurados al final de mes... Eso se sobrelleva. Lo otro, pues no. Aquí conseguir un buen jugador cuesta mucho dinero, esfuerzo y dedicación. Me duele mucho ver que después de estar ocho años con él al final se marcha y el beneficio de ese trabajo se lo llevan otros. Eso es algo que me cuesta mucho superar y no lo llevo bien.

P. En realidad, sóis una fábrica de jugadores para otros. Esta temporada habéis tenido a los cadetes y los infantiles en las fases finales de los Campeonatos de España. Esto es un escaparate. Y estáis en una situación compleja ahí.

R. Hombre, está claro que te ponen en un dilema. Nosotros, si un jugador quiere marcharse, tenemos derechos federativos para cobrar por su formación. Pero resulta que hay clubes que van directamente a hablar con los jugadores, sin decirnos nada a nosotros, o que mandan al propio jugador a decirnos que si no le perdonamos los derechos de formación, pues no va a progresar. Te dicen que ellos han hecho mucho por el club, pues sí. Pero también han tenido aquí unos medios, unos entrenadores, que también han hecho mucho por ellos. La situación es difícil de llevar.

P. En otros sitios, cada uno con sus medios, han llegado hasta las máximas categorías del balonmano. Ya han pasado por la Asobal los equipos de Pozoblanco, Palma del Río y ahora el Puente Genil. ¿Te provoca envidia sana?

R. Envidia sana no me provoca. No. Para qué te voy a engañar. Me produciría envidia sana, e incluso intentaría seguir sus pasos, si la manera de actuar fuera caballerosa, fuera de igualdad a pesar de las diferencias económicas o de categoría. Es decir, si los demás supieran ponerse en nuestro lugar y apreciaran que ellos, con su trabajo, no consiguen lo que hacemos nosotros con el nuestro, tendrán que valorar eso a la hora de dirigirse a nuestros jugadores. Si ellos pensaran: 'Hay que ver la cantidad de horas que le dedica el Córdoba Balonmano a sacar jugadores. Vamos a intentar reconocerle ese trabajo'. Pues no. Eso no existe. Entonces, yo envidia sana no le tengo a nadie. Yo lo que tengo es el deseo de tener las posibilidades que ellos tienen. Los demás, si te digo la verdad, no me preocupan. Mi club es el Córdoba Balonmano. Yo a nadie le deseo mal, que consigan todos los éxitos que puedan, pero no me dicen mucho. Su manera de trabajar no es mejor ni peor que la nuestra, es distinta.

Envidia sana no me provocan otros clubes. Me gustaróia que los demás supieran ponerse en nuestro lugar y apreciaran que ellos, con su trabajo, no consiguen lo que hacemos nosotros con el nuestro"

P. ¿A quién te gustaría parecerte?

R. Yo le tengo envidia sana a Agustinos de Alicante, a Montequinto actualmente. Le tuve mucha envidia sana en su momento, porque fueron mis maestros, a Maristas de Málaga... Porque son gente que con nuestros medios, que dedicándole las mismas horas que nosotros o más están arriba. A esos les admiro porque son nuestro espejo. Son clubes que siguiendo una línea de trabajo similar a la nuestra consiguen superarnos. Ahora, lo que está haciendo Puente Genil en su trayectoria en Asobal es muy meritorio. Están ahí muy dignamente y creo que en un par de años estarán en Europa, pero no les puedo tener envidia porque yo no puedo aspirar a eso. Yo no tengo ninguna posibilidad, ninguna, de poder llegar a esa situación. Podemos decir que están en otra dimensión, juegan otro deporte. El deporte que juega Palma del Río en División de Honor Plata es otro deporte con respecto al mío. Y que no se crea la gente que es que les tengo... Que no. Es simplemente que están en otro mundo. Pozoblanco, en su época, era otro balonmano el que hacía. Cada año tenían la posibilidad de traer seis o siete jugadores. Al Puente Genil ahora se le va Rafa Baena y van al mercado para fichar al cuarto pivote a nivel nacional. El balonmano de Antonio Reyes es el que hace La Roca, que es un club que coge a los niños en alevines y va a todos los campeonatos de España. Ése es mi balonmano. O lo que hace Maristas de León. Háblame de esos clubes cuando yo pueda compararme con ellos. Yo no pertenezco a la élite.

P. ¿Ves alguna posibilidad de llegar a ella?

R. Por mi vía, ahora mismo, no. Y con la filosofía deportiva que hay en Córdoba capital no veo ninguna posibilidad. La única es que saliera una gran empresa y apostara por el balonmano, haciendo una inversión a medio o largo plazo que permita ir poco a poco consiguiendo pesos deportivos y captando a una afición. Hay que reconocer que la afición aquí en Córdoba no es buena. Nosotros hemos estado en División de Honor Plata y allí iban 300 personas. Si nosotros sembramos durante tres o cuatro años, la gente aprende lo que es el balonmano, porque en Córdoba no hay cultura en este deporte, pues podría pensarse en eso. La gente de Córdoba, en general, no sabe que el balonmano existe. Haría falta un proyecto a largo plazo. No pienso en una empresa que llegue, nos dé el dinero y diga: vamos a subir este año. Eso sería un error. A base de dinero, sin tener jugadores propios y sin afición. Se trata de ir subiendo en todos los órdenes hasta llegar a la élite. Si no es así, no lo veo. Imagínate que Cajasur cambia su filosofía y dice: 'En vez de uno os vamos a dar cien'. Si eso no se prolonga en el tiempo, no tiene sentido.

P. Eso sucede en casi todos los deportes aquí.

R. Mira el caso del baloncesto. Aquí teníamos en los años ochenta al Juventud, que tenía una gran rivalidad con el Maristas de Málaga. Eran dos clubes que se trataban de igual a igual. Mira dónde están unos y dónde están otros. Mira la afición que hay en Málaga y la que hay en Córdoba. Eso fue la diferencia entre lo que se hizo aquí y lo que hizo Unicaja. Una inversión con medios, tiempo y poco a poco hasta llegar arriba. Si en balonmano se hiciera algo así, ten claro que Antonio Reyes no lo va a ver. Cuando yo propongo una alianza a largo plazo se creen que yo me voy a ver beneficiado y se equivocan. Aquí necesitamos un proyecto de unión que puede dar sus frutos en diez años. Entonces sí podríamos estar en lo más alto. Mientras, creo que no.

P. Lo del Córdoba Balonmano es más un crecimiento por abajo. Ahora sacáis un equipo de niñas y se proclaman campeonas de Andalucía nada más nacer como grupo.

R. Y voy a ir más lejos. De aquí a cinco años, las niñas se han comido a los niños. El Córdoba Balonmano, en cinco años, va a sonar al mismo nivel en masculino como en femenino. Y dentro de diez años, si la cosa continúa así, el Córdoba Balonmano tendrá un equipo en la élite. Te voy a decir por qué. Lo tengo clarísimo. En mi colegio, el Mediterráneo, el ochenta por ciento de los niños válidos para el deporte ya forman parte de equipos de fútbol. A los 13 o 14 años ya no juegan. En la época de captación juegan en unas categorías en las que es fácil ganar. Si un niño de prebenjamines, de Primero o Segundo, compite y gana, su padre se cree que es Messi y lo especializa totalmente. Hace 20 o 25 años eso no ocurría. Valentín [futbolista ex del Córdoba que llegó a Primera División con el Betis] fue jugador mío de balonmano. Martín, jugador mío de balonmano, estuvo en las categorías base del Córdoba. Y Pepe Puntas. Podían hacer las dos cosas. La política pedagógica del balonmano, que es correcta, impide competir hasta llegar mínimo a infantiles. Antes hay campeonatos, pero priman más los aspectos formativos, hay normas que obligan a que todos jueguen un determinado número de minutos... Pero la naturaleza humana quiere competir. Si metes a un niño de Primero en fútbol y compite, ya no quiere saber nada más de otros deportes. Tenemos en esto una gran ventaja: en niñas no hay fútbol. Cuando empecemos a trabajar en serio en esto, al mismo nivel que en masculino, las niñas nos van a llover. Vamos a tener una barbaridad de niñas haciendo balonmano. Vamos a crecer por abajo, pero eso irá en detrimento del primer equipo.

De aquí a cinco años, las niñas se han comido a los niños.Y dentro de diez años, si la cosa continúa así, el Córdoba Balonmano tendrá un equipo en la élite con jugadoras de aqui"

P. Vuestro éxito es vuestra cárcel.

R. Así es. Aquí, cuando entra un niño, lo primero que hay que decirle es la cuota que hay que pagar. Tenemos muchos obstáculos para la captación de niños. El primero, que hay que pagar. Después, los que son altos se van al baloncesto porque este deporte está mejor estructurado y además tiene más tirón, suena más. Los padres, aunque sean del fútbol, saben que el baloncesto existe. Pero si tú quitas a los buenos físicamente, que se van al fútbol; a los grandes, que van al baloncesto... ¿quién se va al balonmano? Tú llegas al padre y le dices que si su hijo quiere jugar hay que pagar 250 euros al año. Y te dicen: '¿Cómo? Ya lo apuntaré a otra cosa'. Y todo eso no cubre los gastos que ocasiona. Cada niño tiene unos gastos de 300-400 euros añadidos al año. Si viene un equipo femenino, son tres o cuatro mil euros que hay que buscar. Y todo ese dinero sale del mismo sitio. Nosotros, en instalaciones para la cantera, pagamos entre 30 y 35.000 euros al año. Si tú divides eso, averigua cuándo sale a cada niño. Y luego mete la ropa, los entrenadores, los desplazamientos en autobús, los campeonatos de Andalucía, los de España... Este año hemos “muerto” con los sectores.

P. ¿Hay ayudas institucionales?

R. El año pasado, la ayuda del IMD fue de 3.500 euros. Nosotros y Navial, con un escalón por arriba, somos los que más campeonatos fuera de Córdoba tenemos. Son muchos desplazamientos, muchos gastos. Hay una diferencia. Lo bueno que tiene Navial es que los médicos dicen que la natación es buena para la salud y si a un padre le dicen que tiene que pagar 50 euros al mes por que su hijo haga natación, se rasca el bolsillo sin dudar. Pero ahora dile que tiene que pagar 20 euros mensuales para que haga balonmano. Y te dice: '¿Balonmano? ¿Pero eso qué es?' Navial no tiene problemas económicos. Además, Navial tiene la posibilidad de que si algún chaval no saca buenas notas pueden dejarlo fuera de un campeonato. Como es un deporte individual, pues el chico no va y ya está. Pero si yo tengo un campeonato y el mejor de mi equipo no aprueba ni una, ¿qué hago? ¿Lo dejo en casa y se perjudica todo el trabajo de un año y sus compañeros? Son muchas cosas las que hay que tener en cuenta. No tenemos nada a favor. Lo raro es los éxitos que conseguimos.

P. ¿Te has llegado a sorprender del éxito del club?

R. Muchas veces. Mira, teníamos un equipo de alevines que no nos decía gran cosa pero que fueron campeones de Andalucía en su categoría y después en infantiles y en cadetes. Llegaron al Campeonato de España. Increíble.

P. ¿Se ponen la camiseta del Córdoba y se transforman o cómo es eso?

R. Yo creo que lo que pasa es que aquí se entrena muy bien. Hay una línea de trabajo que se sigue desde abajo. Todas las sesiones las afrontan en la misma línea, ven los partidos de los demás... Tú ves jugar al juvenil y al cadete y prácticamente lo hacen igual. Se mantiene un estilo y se va transmitiendo. Eso es lo que hace conseguir los éxitos. El mismo infantil que está disputando el Campeonato de España, si el año pasado les dices: 'Váis a jugar el Nacional'. Seguro que me contestan: 'Tú estás loco'. Y ahí están. Aquí llegó un chaval desde el fútbol, porque allí o no servía o se había cansado ya. Un infantil con 1'85 de segundo año, que estaba coordinado. Empezó a jugar y bien, pasó al cadete... Ha sido campeón en esas categorías, ha ido al Campeonato de Andalucía, al intersector, al campeonato de España y ahora se irá a Burgos a una concentración de la selección española con los 28 mejores jugadores del país de su edad. Un chaval que venía del fútbol y en año y pico está en la selección nacional. ¿Y eso por qué? Yo tengo una teoría. Si a mí me dejaran escoger a jugadores de fútbol que están en segundas y terceras divisiones, te digo que nos metemos en Asobal. Los que están en Primera División los dejamos porque tienen otra proyección y pelean por títulos, campeonatos de Andalucía y por ir a selecciones. Pero de todos los que quedan se puede hacer una proyecto muy bonito. Seamos realistas. Todos los niños que juegan en esas ligas de segunda y tercera, están condenados a los 15 o 16 años a dejar el deporte. Aquí, en nuestro club, miras en cada rincón y te encuentras que todos los entrenadores y jugadores se han formado en el club. Han terminado su ciclo de jugadores, se han sacado su título y están entrenando. Pero es que te vas al colectivo arbitral y ves que el ochenta por ciento han sido jugadores aquí. El que entra en el balonmano enfoca su vida por aquí y sigue conectado al deporte muchísimo tiempo. De eso no se da cuenta la gente.

Yo tengo una teoría. Si a mí me dejaran escoger a jugadores de fútbol que están en segundas y terceras divisiones, te digo que nos metemos en Asobal"

P. Eso es labor social. ¿Qué dicen las instituciones al respecto? ¿Qué apoyo recibís?

R. He vivido todas las etapas y de todos los colores, y no he visto cambios sustanciales con ningún color político. He visto, eso sí, algunas personas que en particular te podían dar algún tipo de ayuda. Pero ahora ya no. Está todo protocolarizado. Las convocatorias se hacen a nivel general. ¿Qué ocurre? Que el trato es igualitario. Cuando hay una convocatoria de subvenciones, la pide desde el Club Córdoba de Balonmano, con un volumen de quinientos niños, hasta el club de pesca Guadalquivir o el club de tenis de mesa de Las Palmeras. Como no hay mucha disponibilidad económica, el reparto se hace con criterios no deportivos. Por necesidad social, sexo... No lo sé. Pero el hecho es que el poco dinero que hay se reparte muchísimo. Los clubes que estemos trabajando de una manera más seria, con más tradición y arraigo, con resultados demostrables tanto en lo deportivo como en lo social, deberíamos tener una prima por objetivos o algo así. Creo que habría que buscar una fórmula en ese aspecto. Antes, la Junta de Andalucía tenía el Programa Estrella Base, que a nivel de instituciones locales podría ser una tabla de salvación para un club como el nuestro.

P. El sistema de subvenciones actual convierte cada temporada en un riesgo. Te dan el dinero y hasta la próxima temporada, ¿no?

R. Ojalá fuese así. Es al revés. Ahora mismo sale la convocatoria de la temporada 14-15, que ya ha terminado. Fue hace un mes. Y cuando acabe la 15-16, te llegará la ayuda de la 14-15. Claro, si tú echas números, nosotros hemos podido irnos a un presupuesto global del club que ha estado rondando los 150.000 euros. Y la ayuda que nos va a llegar no alcanza los 5.000 euros. Si te dicen, que es lógico: 'No, no. Es que te descontamos el 25% de instalaciones'. Y lo cuantifican. Vale, métele 6.000 más. Es que te damos la nominativa para el primer equipo. De acuerdo. Pero si la nominativa del primer equipo tengo que justificarla solo con gastos del primer equipo y de ahí tienes que sostener a la cantera. Porque luego está el tema de las escuelas deportivas. Dices que ahí el club puede sacar 15.000 euros, pero esos yo los tengo que destinar a los monitores. Voy más lejos. En el baloncesto, los monitores de Escuela Deportiva se llevan la ayuda del Ayuntamiento más las cuotas que pagan los jugadores. En balonmano, las escuelas son gratis para los niños. El monitor de balonmano cobra la mitad o la tercera parte de lo que cobra el de baloncesto o el de fútbol sala. Nosotros llegamos a un colegio y ofrecemos el balonmano como una actividad gratis para los niños, pero ahi chocamos con las escuelas que tienen empresas que se hacen cargo del deporte y que no quieren oír hablar de actividades gratis. Nos vemos limitados. Tú llegas a un colegio como Franciscanos y dices: 'Os traemos esta actividad, que es gratis para los niños y el monitor va a cobrar tanto'. Y te dicen los de la empresa: ¿Cómo que gratis si aquí se les cobran 20 euros y los monitores míos ganan esto? Y no entras. La promoción es muy complicada. No sabías que la cosa era tan difícil, ¿no? Pues contra eso luchamos nosotros. Te lo digo claro. En nuestro club, las escuelas deportivas no son un paripé para que el Patronato nos dé la subvención. Para nosotros, las escuelas son nuestra vida. Si un monitor no se lo toma en serio, hundir una escuela es facilísimo. Hacerla crecer te cuesta cuatro o cinco años. Y no tenemos monitores cualificados que quieran trabajar por 80 euros.

P. Lo vuestro es una pelea de quijotes.

R. Estamos muy preocupados. Si a nosotros el Patronato nos da ocho escuelas, nosotros hacemos dieciséis. Lo de las escuelas es heroico. Es muy difícil que vengan los niños. Hay que captarlos y que luego se queden. Por eso ahora estamos ilusionados por la respuesta de las niñas, que está siendo muy buena. Empezaron 12 y han terminado 20. El tema de las escuelas nos cuesta muchísimo trabajo. No podemos olvidarnos de ellas. Hay clubes que pueden decir: tengo tres escuelas, me dedico a fondo a una y de las otras firmo los estadillos y cobro lo de las tres. Nosotros no. Al contrario. Tenemos una gran exigencia con los monitores y hacemos más escuelas cada vez. El Patronato quiere escuelas de dos horas y dos horas. Y ya está. ¿Eso es promoción del deporte? Pues no, pero el Patronato quiere números. Qué mejor promoción que decir: Carlos Molina salió de una escuela. Pepe Lubián, Manolo Vilches... Todos los jugadores de balonmano que han llegado a la élite, absolutamente todos, son niños de colegios públicos que se han formado en las escuelas municipales. Eso no lo hay en ningún deporte. Y no lo vendemos. A ellos les interesa más decir que hay 50 niños, aunque cuando lleguen a infantiles ya no quede ninguno. Luego, como es trabajo de club, yo me lavo las manos. Nosotros tenemos que dar continuidad a esos niños en el mundo del deporte.

Aquí se ha creado una superestructura funcionarial en el IMD que todo el que llega se encuentra con las manos atadas. Es imposible que yo pueda promocionar el deporte si el ochenta por ciento del presupuesto se me va en los trabajadores"

P. Estáis en mundos distintos, entonces.

R. Totalmente.

P. ¿Pero el deporte es de izquierdas o de derechas?

R. De nada. Yo no te puedo decir que nosotros hayamos estado bien con éste, fatal con éste. No, no. Yo los he vivido todos. Cuando hay cambios en la legislatura, el programa deportivo lo mantienen. Apenas hay variación. En el tema de escuelas es lo mismo.

P. ¿Esperas algo con el cambio en el mapa político en la ciudad?

R. Continuidad absoluta. Aquí se ha creado una superestructura funcionarial en el IMD que todo el que llega se encuentra con las manos atadas. Es imposible que yo pueda promocionar el deporte si el ochenta por ciento del presupuesto se me va en los trabajadores. Si yo me gasto el dinero en la gente que está trabajando en el IMD, ¿que me queda para el mundo del deporte? Mira, cuando yo empecé en los Juegos Municipales no había gerente, no había nada, y el patronato estaba en la Posada del Potro. Allí había un administrativo del ayuntamiento, un responsable de voleibol que era Flora Nadales, un responsable de baloncesto que era Antonio Muñoz Morilla y un responsable de balonmano que era yo. En tenis de mesa estaba Rafa Garrido. Teniamos un despachito y organizábamos. Entonces había muchísimos más equipos de los que hay ahora, se movían infinidad de chavales. Ahora bien, no había deporte para la tercera edad, para discapacitados, senderismo... una serie de actividades que han ido creciendo porque la sociedad las demanda pero que se llevan mucha parte del presupuesto. ¿Qué ha ocurrido? Que nadie se ha preocupado de dar la dotación que les corresponde a los deportes más representativos, a los deportes olímpicos, y nos ponemos todos al nivel del deporte popular. Y así nos encontramos por qué en Córdoba no llega a progresar ningún proyecto para llegar al deporte profesional. No hay clubes en Córdoba porque no pueden soportarlo. Mira en el baloncesto. Salen equipos por los colegios. Se ha crecido en algunos aspectos, pero en general no se puede ir más lejos porque la estructura que hay no lo favorece aquí en Córdoba. Hace treinta años, un monitor ganaba, al cambio, prácticamente el doble que ahora. Se quitaron las escuelas de asignación directa y se crearon las escuelas en colaboración. ¿Cuál era el cambio? Pues que con la colaboración el patronato te da la mitad y la otra mitad la tienes que conseguir cobrando cuotas. Y si se trata de promocionar el deporte, ¿cómo te vas tú al Polígono Guadalquivir a decirles a las familias que paguen todos los meses para que sus niños jueguen al balonmano? Mira los barrios donde están las escuelas. San Juan de la Cruz, Lucano, Mediterráneo... ¿Crees que es fácil promocionar el deporte pidiendo cuotas?

P. Vosotros contáis con una instalación, al menos.

R. Y nos ha dado la vida. Aquí, en Fátima, querían meter pistas de pádel. Llegaron a un acuerdo con nosotros y les cubrimos todas las horas de uso del pabellón. Si nosotros desaparecemos, ¿qué hacen en esta instalación? Nosotros entramos a las cuatro y media y estamos hasta las ocho y media. Y si nos dan más horas pues las haremos.

P. Y después de contarme toda esta historia de penurias y padecimientos, ¿qué te parece la situación que se produce con el fútbol?

R. Y encima les dices que van a pagar de su instalación, que además explotan y le sacan rendimiento, la luz y el agua y te hacen una manifestación. Nosotros sólo tenemos gastos. Cuando oigo la necesidad que tiene el Córdoba CF de que el Ayuntamiento le dé unos terrenos para una Ciudad Deportiva me pongo malo. Ahí no tengo envidia sana. Ahí tengo otra cosa. Que una sociedad con ánimo de lucro necesite que un Ayuntamiento le facilite una Ciudad Deportiva y nosotros, que somos unos pobres diablos, tengamos la ayuda que tenemos... Compárame a mí los títulos que ha conseguido el Córdoba CF en la base y los medios que tienen con los nuestros. Eso es lo que peor llevo. Sentimiento blanquiverde. Muy bonito eso. Que me digan a mí cuántos jugadores del Córdoba han empezado de alevines y han llegado hasta Primera. O que me digan cuantos jugadores de Córdoba hay. Este tema lo llevo mal. El fútbol en general está más privilegiado. Mira el campo de fútbol del Figueroa, de césped, y en la otra punta del barrio el del Don Bosco, también de césped. Y nosotros ahí en medio de los dos, en el colegio Mediterráneo. En un sitio entreno gratis y me dan el chándal. En el otro vendo papeletas. Y nosotros, con el balonmano, les cuesta la pasta. Y hay algunos que se vienen, ¿eh? Ése es nuestro mérito. Conseguir doce jugadores cada año es nuestra tarea y luego tenemos que ganar. Porque si no ganamos, se van. Nosotros necesitamos el triunfo para tener niños y el triunfo nos va a hundir económicamente, es lo que nos está matando.

En nuestro club, las escuelas deportivas no son un paripé para que el Patronato nos dé la subvención. Para nosotros, las escuelas son nuestra vida"

P. Váis hacia el colapso.

R. Cada niño que entra nuevo aumenta el déficit. Cada campeonato que ganamos aumenta el déficit.

P. El éxito es tu alimento y tu condena.

R. Es que si no ganas, no vienen los niños. ¿Quién es el gran perjudicado de todo esto? El primer equipo. ¿Asobal? Imposible, no puede ser.

P. Este año ha vuelto a ser de éxitos deportivos, aunque el club ha recibido el terrible mazazo de la pérdida de Martín del Rosal, un símbolo de la entidad. Empezó jugando desde niño y terminó como presidente. Tú estuviste ahí en toda su trayectoria.

R. Todo empezó en el San Juan de la Cruz, donde había un profesor de educación física, Isidoro Tienda, que era de los que dedicaban tiempo al deporte fuera del horario lectivo. De allí salió Martín, como Pepe Puntas, Valentín... Yo los entrenaba de infantiles. Martín era muy buen jugador de fútbol, pero se enganchó con el balonmano y ahí siguió. Era mejor en fútbol que en balonmano, porque era chiquito, pero tenía mucho pundonor. Cuando terminó su época de jugador se sacó su título de entrenador y dirigió al equipo en cadetes, en juveniles... Él fue el entrenador de Toni García, que luego se fue al fútbol y lo fichó el Real Madrid. Toni era el mejor jugador infantil de Andalucía. Martín luego se apartó un poco, cuando se casó, pero siempre estaba ahí. Cuando yo necesitaba algún tipo de ayuda, él estaba ahí. Cuando no había presidente y fui a hablar con él, me dijo: “No sé”. Pero eso sabía que era un sí, porque aceptó. Vino con muchas ideas y chocó con la realidad, pero removió todos los cimientos del club. Es una gran pérdida para todos y para el balonmano cordobés.

P. ¿Qué te queda por ver?

R. Que los benjamines ganen o que tres infantiles vayan a una concentración de la española. Yo estoy en un partido de escuelas y veo un niño que tiene cualidades y eso me encanta, me da la vida. Yo lo que quiero es seguir pasándomelo bien con el balonmano. La gente se extraña. Me preguntan si no me preocupa que el equipo de Primera no suba. Pues no. Mis alegrías son otras. El que un chaval infantil vaya a la concentración en Soria con la selección española, por ejemplo. Eso me pone loco de contento. Hay muchos que no lo entienden, pero es que no lo puedo evitar. Si yo soy feliz con eso y me colma, qué voy a hacer.

Carlos Molina, Pepe Lubián, Manolo Vilches... Todos los jugadores de balonmano que han llegado a la élite, absotalumente todos, son niños de colegios públicos que se han formado en las escuelas municipales. Eso no lo hay en ningún deporte"

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