De patios entre Santa Marina y San Agustín (II): Marroquíes, 6

Segundo premio modalidad 'Arquitectura antigua' para la casa-patio en Marroquíes, 6. | MADERO CUBERO

Cruzar el zaguán en este caso es como atravesar una avenida principal. Más allá de la calle se encuentran otras muchas, de mayor estrechez y más discretas si cabe. Todas se trazan en torno a algo más que cuatro paredes. En el número 6 de Marroquíes es posible visitar un pequeño pueblo dentro de la propia ciudad. Así es dentro de la casa que alberga dicho escenario y que es una de las más reconocidas del Festival de Patios de Córdoba. Entre sus muros, son más de una decena de familias las que viven en diversas viviendas. También acogen los tabiques estancias antiguas que hoy por hoy son puntos de gran valor expositivo y otras que acogen talleres artesanales. Uno de ellos es el de jabones aromáticos de Mari Ángeles Arquero, una de las inquilinas y cuidadoras del recinto florido que abre sus puertas cada Mayo Festivo -guía-.

El inmueble forma parte de la ruta Santa Marina-San Agustín y participa en el Festival desde hace décadas dentro de modalidad de Arquitectura Antigua. La construcción tiene su origen en la década de los veinte del siglo XX, cuando su terreno lo ocupaba principalmente una huerta urbana. En torno a ella comenzó a levantarse cada uno de los espacios habitacionales que hoy dan forma a este coqueto barrio dentro del que es conocido como de los toreros o de los piconeros. Fue en 1928 cuando arrancó la labor para componer la actual vivienda comunitaria, cuya peculiaridad principal es acaso lo expuesto de sus calles. La casa-patio está presente en el Mayo Festivo de Córdoba, como mínimo, desde los setenta u ochenta de la pasada centuria. Por cierto, es una de las más visitadas en cada certamen, algo que no pasa desapercibido para sus inquilinos y cuidadores. "Esto está desbordando un poco a los mismos que tenemos los patios", apunta Mari Ángeles Arquero sobre el auge de la celebración.

PREGUNTA. ¿Qué significa para usted el patio?

RESPUESTA. Para mí, el patio es el espacio donde desarrollo mi vocación de cuidado de las plantas. Vine aquí precisamente por ese motivo. Es un espacio de esparcimiento y salud, para estar en contacto con la naturaleza, tocando la tierra, viendo las flores, disfrutando de los colores. Aquí hay cromoterapia. Es un espacio que abre el campo de la creatividad.

P. ¿Por qué deciden participar en el Festival?

R. Cuando yo llegué, ya se participaba. Lo que puedo decir es por qué seguimos a día de hoy. A día de hoy es una cuestión que nos preguntamos los vecinos. Decidimos en su momento hacer una reunión para ver si participábamos en el Concurso o sólo estábamos en el Festival. Quisimos continuar en el Concurso porque supone una ayuda al mantenimiento de la infraestructura del patio. Somos inquilinos, pero sobre nosotros recae la responsabilidad del cuidado. Podríamos participar en el Festival y no en el Concurso, pero lo hacemos para ayudar al mantenimiento. Concursar supone tener esa opción de una ayuda extra.

P. ¿Qué opinión le merece el Festival de Patios hoy por hoy?

R. Me parece fantástico que se haya promocionado Córdoba a partir de esta fiesta, y que sea la más emblemática. Es muy bonita y, sobre todo, es una fiesta en la que participan los vecinos, las personas de a pie. Pero estoy viendo que está tomando unas dimensiones desorbitadas, que está desbordando un poco a los mismos que tenemos los patios. Ya no es tan agradable para quienes estamos aquí para poder atender a quienes vienen, poder explicarles lo que necesiten. También es verdad que el tema de los controladores nos ayuda mucho en el acceso de los visitantes.

P. ¿Qué considera necesario mejorar?

R. Creo que quizá hay que tener una atención más singular a las necesidades de cada patio, porque los patios no son una experiencia homogénea. Es más bien algo muy heterogéneo en cuanto a dimensiones, arquitectura… Quizá hay que adaptarse a las necesidades de los que cuidamos los patios y vivimos en ellos. No sé de qué manera podría hacerse también, pero ofrecemos mucho más de lo que recibimos. Estamos haciendo un gran regalo a la ciudad, la estamos promocionando y estamos generando una economía importante. Estaría bien que también repercutiera a quienes cuidamos los patios. Creo que todos los implicados y, digamos los que están beneficiándose, tendrían que tener la sensibilidad de reinvertir esa economía. Que la fiesta se siga manteniendo con reconocimiento al tiempo dedicado, aunque sea vocacional. Vendría muy bien, alentaría y haría que uno se sintiera más satisfecho con su trabajo. Tanto como se mueve en la hostelería, que está llena en estas fechas en alojamiento y en restauración, esa parte podría decir: "Vamos a arrimar aquí y vamos a hacer un aporte económico". Lo que no puede ser es que no se compense la falta de intimidad de las dos semanas en las que se abre el patio, que ya no es tanto de gusto cuando entra tanta gente, con la presión de la cola y demás.

P. ¿Qué futuro cree que aguarda al Festival de Patios?

R. No soy pitonisa, ya me gustaría. Yo apuesto por un futuro en el que esté puesta en el centro la figura de los cuidadores. Ellos son el alma de los patios. Apuesto por un futuro en el que estén reconocidos no sólo a nivel de valoración verbal, sino también con un aporte en cuanto al valor que tiene su tiempo de dedicación. El hecho de que algo sea vocacional no significa que no tenga que ser valorado. Pienso en un futuro en el que nuestro trabajo fuera en relación con nuestra vocación.

P. ¿Cuál es su recomendación para disfrutar de los patios?

R. Que vayan con presencia plena (los visitantes), que dejen el móvil a un lado. En el patio hay que poner los cinco sentidos reales. Cuando lleguen a casa, que miren en YouTube los vídeos que por ejemplo subo yo (en el canal Las flores que te habitan), pero que visiten con atención.

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