De patios en San Lorenzo (IX): San Juan de Palomares, 8

Casa-patio de San Juan de Palomares, 8, en la ruta de San Lorenzo | TONI BLANCO

Su aspecto difiere bastante del original. Con todo, aun después de la profunda reforma que sus actuales propietarios llevaran a cabo, mantiene gran parte de su antigua esencia. Es una casa que antaño fuera vecinal, como tantas otras de este barrio y de otros de la ciudad. Se sitúa en un rincón casi oculto. Quien no acuda a sabiendas, ha de encontrársela sin más. Porque está la vivienda en la extensión de la ya de por sí discreta calle San Juan de Palomares, en San Lorenzo. Es el número 8 y participa en el Festival de Patios desde hace más de una década gracias a la pasión que en su cuidado pone Gabriel Castillo, su dueño. Es así cómo los visitantes pueden disfrutar de este espacio cada Mayo Festivo -guía-.

De manera tímida, ante uno de los muros que rodean el colegio Santísima Trinidad-Trinitarios, se erige un edificio cuyo origen es más remoto de lo que cualquiera pueda pensar. La vivienda se levantó allá a comienzos del siglo XIX para en el XX pasar a convertirse en hogar compartido por varias familias. Ya en la década de los ochenta la adquirió Gabriel Castillo junto con el escultor Antonio Castilla. Ambos aguardaron a que quienes todavía habitaban la casa se marcharan de un modo u otro -fallecieron los más veteranos y sus hijos se mudaron- para efectuar su rehabilitación. Diversos son los elementos que destacan en un patio conocido desde tiempo atrás por su árbol del Pacífico. El inmueble está integrado en la ruta de San Lorenzo y dentro de la modalidad de Arquitectura Moderna desde 2006. “Se ponen muchas medallas, pero a nosotros nos fastidian”, apunta el dueño sobre el trato que cree dan las instituciones al Festival.

PREGUNTA. ¿Qué significa el patio para usted?

RESPUESTA. Como quien dice, es un desahogo. Como te gustan las flores y las plantas, es un desahogo.

P. ¿Por qué decide participar en el Festival?

R. Yo lo he mamado desde pequeño. Yo he nacido en una casa-patio, en la calle Montero, y de siempre lo he tenido. El taller donde empecé a trabajar también era una casa-patio. Desde pequeño me han gustado siempre las plantas y siempre lo he tenido eso en la cabeza.

P. ¿Qué opinión le merece el Festival de Patios hoy por hoy?

R. Los políticos dejan mucho que desear. A nosotros nos fastidian mucho, ésa es la realidad. Nosotros, en Claveles y Gitanillas (asociación), llevábamos un montón de años editando una revista que este año no hemos podido publicar por la Diputación. Los políticos tienen tanto dinero, pero para nosotros no. No hemos podido publicar la revista porque ellos no nos la han podido imprimir. Se ponen muchas medallas siempre, pero a nosotros nos fastidian en todos lados.

P. ¿Qué considera necesario mejorar?

R. Hombre, la subvención es corta. No está mal, pero podría estar mejor. Porque, realmente, Córdoba luce en el mundo por los patios. Ni por Cruces, ni Semana Santa ni Feria ni nada. Es por los patios. Sin embargo, a nosotros nos tienen fastidiados.

P. ¿Qué futuro cree que aguarda al Festival de Patios?

R. Hay personas mayores que están desapareciendo ya, muchos patios que dejan de funcionar. Desgraciadamente con la juventud, cada vez va a menos. Se están muriendo las personas mayores y los patios… Los de mi generación vamos más o menos por ahí. En cuanto vayan muriendo las personas mayores, esto se acaba. Sobre todo, si los políticos no meten una inyección, va cada vez a menos.

P. ¿Cuál es su recomendación para disfrutar de los patios?

R. Cuando entren (los visitantes) a una casa-patio, que se paren un poquito y que miren algunos rincones, algunas cosas. Los propietarios nos volcamos en ponerlos lo más bonitos posibles.

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