De patios entre la Judería y San Francisco (IV): Céspedes, 10

Casa-patio de Céspedes, 10, en la ruta Judería-San Francisco | MADERO CUBERO

Desde mucho tiempo atrás, cuentan que Córdoba es una ciudad discreta; la describen como una ciudad de intimidad en las callejas de su casco histórico, tan amplio que casi resulta imposible de establecer sus fronteras. La mudez ante la vieja barra de una no menos antigua taberna y junto a una copa de vino es una de sus imágenes típicas. Ya no lo es así, tanto que casi aquella costumbre pareciera decimonónica sin que tuviera recorrido durante buena parte del siglo XX. El bullicio rompe el silencio, pero hoy por hoy permanece la quietud emocional en puntos como Céspedes. Mucho más en su número 10, donde Rosario Torrealba y sus hermanos cuidan de una casa presente hace décadas, con una interrupción amplia de por medio, en el Festival de Patios. En torno a la Mezquita Catedral pervive la tradición del Mayo Festivo -guía-.

Más de dos siglos tiene el inmueble, cuyo origen data probablemente de 1768. Pero su actual distribución cumple algo más de una centuria. El hecho es que se trata de una de esas casas antiguas que adornan la más significativa zona de Córdoba. Enclavada en la ruta Judería-San Francisco, y más concretamente en el primer escenario, esta vivienda guarda la quietud que tanto amaron sus dueños. Y que tanto resguardan sus actuales propietarios. Son Rosario Torrealba y sus hermanos, que mantienen desde 2009 la tradición por el cuidado de las plantas y la participación en el Festival de Patios que tuvieron sus padres. Ellos retomaron el pulso a una costumbre perdida, por mor de la vida, en 1972 y en homenaje a sus progenitores. Pasear, callar, observar… Es lo que se debe en la ciudad, y más si cabe en estos recintos floridos que aun como particulares son para el disfrute de cualquiera durante unos días. "Mucha gente, todavía, se queda asombrada de que abramos la puerta de nuestra casa", asegura Torrealba.

PREGUNTA. ¿Qué significa el patio para usted?

RESPUESTA. Es una parte de nosotros, de nuestra vida, simplemente. Es una parte de nuestra vida, porque nosotros hemos hecho nuestra vida en este patio.

P. ¿Por qué decide participar en el Festival?

R. Porque nos apetecía, en homenaje a nuestros padres, recuperar una tradición que a ellos les gustaba mucho. Aparte del Festival, a ellos les gustaba mucho cuidar de su patio. Por la enfermedad primero de mi padre y luego de mi madre, y con nosotros (por los hermanos) trabajando, dejamos de trabajarlo un poco. Entonces, lo que hemos hecho es retomarlo otra vez.

P. ¿Qué opinión le merece el Festival de Patios hoy por hoy?

R. Creo que está un poco masificado. Creo que hay parte del público que todavía está mal informado, porque todavía preguntan si esto es mi casa o si me paga el Ayuntamiento algo por cuidar el patio. Mucha gente, todavía, se queda asombrada de que abramos la puerta de nuestra casa para que ellos entren a ver un patio.

P. ¿Qué considera necesario mejorar?

R. Sobre todo, la información.

P. ¿Qué futuro cree que aguarda al Festival de Patios?

R. No lo sé. Hay que cuidarlo mucho, no por el Festival en sí, porque es una buena tradición, sino por la ciudad de Córdoba. Córdoba, la única fuente de ingreso que tiene es el turismo. Hay que intentar que aparte de que venga el gran público, también venga un turismo de calidad. Pero eso es en general. Ya no solamente a la hora del Festival, en todo. Córdoba, hoy por hoy, industria no tiene, o vive del campo o del turismo. Y la hostelería, si no existen estos eventos… Difícil lo veo.

P. ¿Cuál es su recomendación para disfrutar de los patios?

R. Tranquilidad, reposo. Córdoba decía mi padre que era para pasearla, tranquilamente. A mí me gusta todavía salir a pasearme por Córdoba, ver sus callejuelas, ver sus patios desde las rejas, que es una costumbre que se está perdiendo porque se cierran los portones. Pasearla (la ciudad), disfrutarlos (los patios), no traer prisa nunca.

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