De patios en el Alcázar Viejo (III): Postrera, 28

Casa-patio de Postrera, 28, en la ruta del Alcázar Viejo | MADERO CUBERO

Alcanzarla es casi una aventura para quien no esté acostumbrado a caminar por el sencillo laberinto que es el barrio. Pocas son las calles que con encanto guardan las viejas murallas, las mejor conservadas, de la ciudad. Sin embargo, no es fácil ubicarse si uno no conoce los secretos de sus muros encalados. La última de todas en este rincón de Córdoba, si se accede por Martín de Roa, San Basilio o Caballerizas Reales tiene por nombre Postrera. La vía tiene continuación tras Duartas y en su número 28, ya más cerca de Puerta Sevilla, se sitúa una de las viviendas que año tras año forman parte del Festival de Patios. Es la que cuida Rafael Córdoba, heredero y protector de una amplia tradición familiar en el Alcázar Viejo. El futuro de la costumbre está del todo garantizado con él en el Mayo Festivo -guía-.

Data el inmueble del siglo XVI, como ocurre con muchos otros (acaso la mayoría) de los que se erigen. Antaño fue vivienda vecinal, si bien finalmente fueron los abuelos de Rafael Córdoba los que terminaron por ser propietarios de la misma. Entonces, toda la familia se trasladó al edificio, que es uno de los más pequeños de cuantos participan en el Festival. Con no pocos detalles por descubrir tras el zaguán, destacan la antigua pila lavadero y el pozo. La casa interviene en el Mayo Festivo, en la ruta del Alcázar Viejo y dentro de la modalidad de Arquitectura Antigua, desde 1990 aproximadamente y hace años de la mano de su actual cuidador, que es quien mantiene la tradición de sus abuelos, padres y tíos en un certamen al que augura buen porvenir. “El futuro es cada vez más grane, porque aunque creamos que no, la juventud opta por los patios”, señala.

PREGUNTA. ¿Qué significa el patio para usted?

RESPUESTA. Para mí es mi vida. Esto es mi vida, porque aquí han fallecido mi abuelo, mi abuela, mi padre, mi tío, mi tía y el único que queda ahora mismo un poco que cuide el patio soy yo. Fíjate si significa. Es mi vida. Tiene mucho trabajo, yo vivo aquí, pero no quiero que no se pierda esto.

P. ¿Por qué decide participar en el Festival?

R. Decido participar por seguir la tradición de mi familia, de mi tía Adoración, de mi tío Lolo. Esta casa es de mi familia, somos muchos primos y hermanos los que somos dueños de la casa. Participo porque quiero seguir la tradición de mi familia.

P. ¿Qué opinión le merece el Festival de Patios hoy por hoy?

R. Mi opinión es que es una maravilla, no lo tiene nadie en el mundo. Hay miles de visitas. El año pasado hubo 1.200.000, éste no lo sé pero vamos superando poco a poco. El lunes han venido 61.000 personas. Córdoba no tiene industria, ni nada, así que tenemos que mover esto porque el turismo es de lo que tenemos un poquito.

P. ¿Qué considera necesario mejorar?

R. Cada año creo que se está haciendo mejor, excepto algunos pegos. Las colas cada vez lo hacen mejor los controladores y hay cada vez menos. Las rampas de minusválidos, tendrían que poner en algunos sitios más, como aquí. Cositas de ésas. Creo que deberían traer conciertos más importantes, gente buena, en el Festival de los Patios, que mueva más.

P. ¿Qué futuro cree que aguarda al Festival de Patios?

R. El futuro es cada vez más grande, porque aunque creamos que no, la juventud opta por los patios. Aquí hay una empresita de patios, que la lleva Nacho (Ignacio Álvarez, de San Basilio, 14), que es joven el chaval, y su mujer, Carmen. Poquito a poco le va gustando a la juventud. Creas o no, esto es un trabajo. Si no hay trabajo, ni hay nada en Córdoba, por lo menos se mueve el barrio (Alcázar Viejo), porque todos comen de los patios. Restaurantes, hoteles, todo eso se mueve por los patios.

P. ¿Cuál es su recomendación para disfrutar de los patios?

R. Para que disfruten, es preguntarle al dueño. Yo más o menos les explico. Me preguntan por un planta, de que siglo es la casa… Todo eso lo tienen que ver los visitantes. Que vayan a gusto y no corran con el “ya lo he visto todo”. Cualquier patio tiene cualquier rinconcito muy bonito, cualquier planta emblemática, y eso es lo que tiene que disfrutar la gente que viene. Ya que esperan tanto rato en la cola, que no lleguen y digan: “Ya lo he visto”. Que entren y disfruten.

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