El patio como medidor sociocultural a lo largo de la historia

El patio como medidor sociocultural a lo largo de la historia

Si un rasgo tiene Córdoba que la hace mundialmente conocida es éste. Quizá sea la Mezquita Catedral su mayor emblema a nivel internacional pero no es, para nada, el único. No sólo en cuanto a patrimonio arquitectónico e histórico como tal sino más allá de éste -de edificaciones como el Puente Romano, el Alcázar de los Reyes Cristianos o sus templos fernandinos-. Fundamental para comprender la capital es la presencia de los patios, cuyo origen está en exceso alejado del centenario de su fiesta. Porque la existencia de la tipología de casa que, en su modelo de vida, otorgara un nuevo título de la Unesco en 2012 se produce, aproximadamente, desde tiempos de la Provincia Hispania Ulterior, que en época romana llegara a tener su centro en estos lares. Con un recorrido tan extenso es posible conocer la realidad sociocultural de la villa a través de los recintos hoy idealizados, pese a que en determinadas épocas fueran parte de viviendas multifamiliares en un ambiente de escasez de recursos.

Aunque haya quien lo pueda pensar, el patio no sólo tiene presencia en Córdoba. Tal concepción es simplista e incluso chovinista y se aleja a la realidad. Ejemplo de ello es que también perdura todavía en otras ciudades, aunque sea con diversos formatos y nombres. Como los conocidos corralones de Sevilla, sin ir más lejos. La razón de este hecho es que los recintos con los que, sí es cierto esto, se relaciona especialmente a la capital es que la cultura greco latina se encargó, en período de esplendor, de llevar a muchos rincones de la vertiente mediterránea su modelo. Mucho más atrás se halla, en realidad, el origen de esta tipología de casa, si bien la actual es muy diferente a la inicial. No en vano, es en Mesopotamia, en 3.200 antes de Cristo y con sus ciudades estado, donde surge el espacio abierto en el interior de las edificaciones. Después se dieron adaptaciones según el escenario y, esto es lo esencial en torno al Guadalquivir, la época y la situación económica.

En lo que se refiere a Córdoba y ese medidor sociocultural en que se convirtió, quizá sin quererlo, el patio varió notablemente a lo largo de los siglos. La mayor riqueza de estos espacios se produjo en tiempos de Al Ándalus. De aquella etapa son elementos como el zaguán, el pozo o el uso de la jardinería, que se introdujeron entonces. Pero lo realmente relevante en este relato es la modificación en continente -y también en el contenido humano, por decirlo de alguna forma- de las viviendas con recintos al aire libre. Como punto de partida, las tradicionales casas de la ciudad lo fueron en un inicio de carácter unifamiliar y sin que hubiera de darse un determinado rango. El gran salto en el plano social se dio después de la cristianización del país -que en aquellos días ni siquiera lo era como tal-. Fue hasta los siglos XVI y XVII muy especialmente, si bien en realidad persistió hasta la centuria del XIX. De esta forma, el hábitat común se tornó en lugar de alto abolengo.

No desapareció la vivienda típica pero sí se extendió el uso del patio en casas de tipo señorial. Y en éstas había estratificación entre la Nobleza y la servidumbre. Ejemplo de estas construcciones se tiene todavía en la actualidad, aunque con utilización muy distinta a la de su creación, en el Palacio de los Villalones, conocido como de Orive. O en el antiguo Palacio del marqués de Benamejí, que presentó Pío Baroja en La feria de los discretos -en Agustín Moreno, antaño calle del Sol-. O en el de Viana, donde los recintos abiertos y floridos fueron a más para alcanzar la docena. En algunos casos, el espacio cobró forma de claustro, como sucedía entonces en los edificios de principales personas en la sociedad, o como se dio en catedrales o monasterios. A la vista de los viandantes, vecinos o turistas, se encuentra hoy el de la iglesia de San Francisco y San Eulogio, de los tiempos en que fue convento de San Pedro el Real. De vuelta a los hogares de primerísimo nivel, los señores ocupaban la planta alta y los criados, la baja, que también era zona de recibo. Fue, en efecto, a finales del siglo XIX e inicios del XX cuando se transformó por completo la vida en torno al patio en Córdoba. De la Nobleza se pasó a las gentes humildes como residentes.

Corrían años de elevada emigración desde territorios rurales hasta las capitales, lo que no dejó de ocurrir en Córdoba. Y no sólo venían familias de otros municipios de la provincia sino de otras como Jaén. Aquellas eran personas que buscaban un futuro mejor. O dicho de otro modo, que contaban con escasos recursos económicos. Con este panorama, las construcciones de corte señorial, o amplias sin más, como pudiera ser una caballeriza, se convirtieron en residencias múltiples. La idealización del recinto como edén pierde todo fundamento si se recuerda como durante el siglo XX existía en gran medida hacinamiento en estas viviendas multifamiliares, antes de que tornaran en vecinales. Por ejemplo, el número 8 de la calle Aceite, precisamente cerca de la nombrada vía Agustín Moreno, llegaron a vivir 25 núcleos familiares en habitaciones que eran de uralita. La prosperidad no fue posible en realidad en una ciudad acuciada siempre por problemas económicos.

Ingente era la cantidad de personas que también habitaban, por ejemplo, en el actual número 11 de la plaza de las Tazas. Unas 19 habitaciones se repartían en torno a un gran patio de lo que antaño fue un picadero de caballos, el de La Magdalena. De su pasado antes de ser hogar queda como representación la gran puerta exterior y el anchísimo zaguán, que en realidad es un largo pasillo en otro tiempo, como es lógico, entrada de caballos y carruajes. La vida no era sencilla pero al menos no se producían situaciones contrarias a la salud, como sí podía suceder en Madrid, precisamente por los recintos al aire libre y el cuidado de las plantas que en ellos había. También por la facilidad del agua en virtud de lo legado por otras culturas o protagonistas. Aquello fue en decrecimiento en la década de los setenta sobre todo, con un modelo habitacional nuevo consistente en los bloques de pisos -viviendas sociales-. Y los patios entraron en otra etapa, que alcanza la actualidad, con decrepitud y olvido en casos pero con la defensa apasionada, por fortuna, de no pocos inquilinos y nuevos propietarios en una fase en la que, de nuevo, se volvió en mayoría al ámbito unifamiliar.

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7 de mayo de 2021 - 05:00 h
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