Encuestas electorales: ¡No disparen al cocinero!

Francisco Camas, analista de Metroscopia y autor de 'La cocina electoral en España' | ALEX GALLEGOS

“Para hablar de encuestas, hay que saber cómo se hacen”, afirma rotundo el analista de Metroscopia Francisco Camas, Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Granada y “cocinero” de ese arte no culinario tan denostado y tan querido al mismo tiempo como es la creación de encuestas.

Camas, que ha pasado por la República de las Letras para presentar su libro La cocina electoral en España. La estimación de voto en tiempos de incertidumbre, dirigido al alimón con José Pablo Ferrándiz y publicado por la editorial Catarata, tiene claro que, si había un momento para editar un manual divulgativo para conocer el arte de encuestar, éste era ahora, cuando se entra en un ciclo electoral intensísimo con distintos tipos de comicios.

¿Y qué recomienda este experto para que la ciudadanía no acabe matando al cocinero? Pues lo primero y principal es tomarse la molestia de no quedarse con el titular y los gráficos e ir hacia la ficha técnica. Allí, uno podrá observar cuestiones clave en la calidad de la encuesta, como son el número de entrevistas y el margen de error.

De hecho, para Camas, lo principal para valorar la calidad de los sondeos es “que la muestra esté bien diseñada, que cumpla con todos los criterios que se esperan de ella y que, sobre todo, trate de ser lo más representativa posible de la población sobre la que quiere inferir los resultados”.

“Es decir, que las opiniones que se recogen, su percepción de la situación y su comportamiento se refleje con la máxima nitidez posible”, resume este experto, que a este recetario añade la variable metodológica, pues no es lo mismo si el sondeo ha sido presencial, telefónico u online. Lo que no va a cambiar, señala, es que, si no hay ficha técnica, usted no debería seguir leyendo.

Porque luego vendrán las interpretaciones políticas y eso lo saben los analistas, aunque Camas jura y perjura que, a la hora de elaborar el sondeo, los profesionales no entran “en el juego político”. “Sí es verdad que no podemos evitar que la encuesta política forme parte de ese juego, y que, cuando una encuesta da unos datos que no son buenos para un determinado partido político, pues lógicamente intentará quitarle importancia, ni que, al contrario, los sobredimensione cuando sean positivos”, reconoce.

Para Camas, esto se resume en que “los partidos tienen una relación de amor/odio con las encuestas” y que, si bien públicamente pueden mostrar desconfianza, “en privado son los primeros interesados” en los sondeos, pues los necesitan para hacer diagnósticos de la realidad y para tomar decisiones.

Sobrestimar el efecto del sondeo en el voto de la gente

Y, al otro lado, el objetivo. “En un momento tan político, las encuestas son un instrumento útil también para la ciudadanía, que debe tenerlas a su disposición para su toma de decisiones”, apunta Camas, que culpa a la prohibición de publicar sondeos la última semana de campaña de que fenómenos como el de Vox en Andalucía no fueran percibidos en su plenitud.

A este respecto, reflexiona: “Sabemos que la tendencia actual de los votantes es que la decisión de voto se toma cada vez más tarde, casi el día previo a las elecciones. Por ello, recuerda que una de las últimas encuestas que se hicieron sí que captó el movimiento de Vox. Y lo hizo porque ”fue sobre todo un movimiento de última hora“.

¿Y qué dicen las encuestas sobre los efectos de las encuestas en la ciudadanía? Pues, a parte de reírse del galimatías, Camas aporta cocina: “Sabemos por encuestas que el 60% de la población española desconfía de las encuestas. Sabemos por encuestas que más de la mitad de la ciudadanía cree que las encuestas contribuyen a que los gobiernos conozcan los problemas de la gente. O sea, que hay una relación ambivalente entre la ciudadanía y las encuestas. Y sabemos por encuestas que la amplia mayoría de la gente no cambia su decisión de voto por lo que puede o no puede decir una encuesta. Es un porcentaje muy pequeñito el que reconoce explícitamente que la encuesta, no solo no le ha podido influir, sino que le ha influido de manera que ha cambiado su voto. Creo que hay una tendencia a sobredimensionar y sobrestimar el efecto que tienen las encuestas en el voto de la gente”, razona.

Así que, con todos estos ingredientes, y ante una merienda salvaje de elecciones y encuestas, ¿quién sigue queriendo matar al cocinero?

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