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El ochío, el sabor de la Pasión en Puente Genil

Ochío pontano

Rafael Ávalos

2 de abril de 2026 19:55 h

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No todo son torrijas y pestiños. Existen otros muchos dulces para vivir desde el gusto la Cuaresma y la Semana Santa. Por ejemplo, en Puente Genil disfrutan cada año de sus ochíos, cuyo origen se remonta a más de un siglo. Aunque también son tradicionales en Estepa o La Roda de Andalucía (Sevilla). Desde una pedanía de la última localidad comparte con Cordópolis los secretos de su elaboración Araceli Polo.

De entrada, no está de más explicar de dónde viene el nombre de esta receta. Responde a la antigua costumbre de utilizar la octava parte de la masa del pan. Habrá quien piense en vincularlo a su forma, pues parece un ocho incompleto. Araceli señala que su origen “se relaciona con elaboraciones conventuales que realizaban las monjas en zonas del Guadalquivir”. Entonces se hacían “para celebrar la Pascua o en fiestas locales”.

¿Qué es el ochío al paladar? “Es un dulce rústico, sencillo y con textura dura y crujiente en boca”, indica Araceli. Por cierto, ella es natural de Benamejí y parte de su infancia la pasó en Euskadi. Hasta que su familia regresó a Andalucía. Vive ahora en Los Perenos, desde donde muestra su pasión por la cocina con @elartedelsaborconaraceli en redes sociales como Tik Tok o Facebook.

Los ingredientes

A todo esto, falta por añadir datos del producto final. “El conjunto de sus ingredientes perfuma la cocina de forma que parece que abres una panadería antigua de pueblo”, afirma Araceli. Porque resulta en “una fragancia anisada”. Sobre su elaboración, precisa que “lo mejor es que no se necesitan moldes ni máquinas, sólo las manos ágiles” en el trabajo con la materia prima.

Y menuda materia prima. Entre los ingredientes se encuentran el aceite de oliva, en una cantidad de 150 mililitros, o el anís dulce, del que se requieren 30 mililitros y que bien podría ser de Rute. Como el oro líquido de cualquier lugar de la provincia. Sobre la mesa debe haber 500 gramos de harina de repostería, 30 gramos de matalahúga, otros 30 de semillas de sésamo, 130 mililitros de agua templada y 240 gramos de azúcar.

No deben olvidarse tampoco la cucharadita de canela molida, la media pequeña de sal y la punta de otra pequeña de bicarbonato. A partir de ahí, puede empezarse a crear los ochíos de Puente Genil. Por cierto, la pasión por la cocina la tiene Araceli Polo gracias a vivencias familiares. “Desde muy jovencita mis abuelas me la inculcaron, porque les ayudaba a elaborar platos dulces, postres”, comenta.

Ochío pontano

Elaboración sencilla

Con los ingredientes preparados se calienta el aceite “sólo hasta que coja un poco de temperatura” para empezar la elaboración. Tras retirarlo del fuego se añaden el sésamo y la matalahúga. “En un bol se pone la harina, hacemos un huevo en la mitad y se agrega la sal, el bicarbonato, la canela molida, el azúcar, el anís dulce, el agua templada y, por último, el aceite con la matalahúga y el sésamo”, desarrolla Araceli.

Hecho esto, “se amasa todo el conjunto hasta conseguir una masa muy manejable”. “Cogemos porciones del tamaño de un huevo, estiramos la masa con ambas manos para formar un rulo no muy grueso y cerramos los extremos uniéndolos y formando un medio ocho”, prosigue Araceli. Ya sólo queda colocar el dulce en el horno a 180 grados y hornearlo entre 30 y 35 minutos para que los ochíos queden dorados.

“Los dejamos reposar sobre una rejilla y ya estarían listos para disfrutar”, concluye la autora de @elartedelsaborconaraceli. Por cierto, la receta “no tiene ningún truco porque es muy sencilla”. “Lo importante es integrar y amasar los ingredientes y después intentar formar bien los ochíos en tamaño para conseguir un horneado equitativo”, precisa. Más fácil será, quizá, seguir los pasos a través de sus redes sociales.

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