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La ejecución de un paso contada por José María Higuera, pura vocación

El tallista José María Higuera en su taller

Rafael Ávalos

31 de marzo de 2026 20:06 h

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Su taller no sólo es un estudio artístico. También es un lugar que guarda la esencia de un legado familiar. Porque a José María Higuera, uno de los tallistas más reconocidos de Córdoba, su oficio le viene de la sangre. “Mi padre era ebanista y tenía profundos conocimientos de carpintería religiosa”, indica. “Trabajó con Miguel Arjona y formó parte del equipo que empezó la reconstrucción del retablo de la iglesia de la Merced”, añade.

De ahí nació para este cordobés hijo de sevillano su vocación. “Solicité la entrada en la Escuela Taller de la Diputación, que para mí era la mejor forma de aprender y practicar el oficio, en mi caso la talla ornamental en madera y otras especialidades como el dibujo, para el que siempre he tenido cierta facilidad”, explica. De aquel programa Merced II surgieron notables artistas, como Rafael Barón, por ejemplo.

El tallista José María Higuera en su taller

El aprendizaje continuó hasta alcanzar la madurez idónea para abrir un taller en 1997. Desde su espacio de trabajo salen obras para distintos rincones de Andalucía e incluso de España, además de para Córdoba. En la capital desarrolla el nuevo paso procesional de San Rafael. Su firma está presente, por ejemplo, en la localidad granadina de Motril, en la murciana de Cieza o en la valenciana de Requena.

El diseño, la base de un proceso cuidado

Pero no sólo dedica unos minutos a Cordópolis para repasar su trayectoria, sino para divulgar el proceso de ejecución de un paso. Y ojo, que Higuera también es poeta y de su estudio salen otro tipo de obras ornamentales. “Lo primero es hacer un proyecto acorde a lo que quiere la hermandad, a las medidas de la puerta, a la imagen que acoge, al sitio en que procesiona, etcétera”, establece como punto de partida.

Trabajos del tallista José María Higuera en su taller

Así, “es muy importante hacer un diseño que sea factible”. “Después viene el desarrollo del proyecto trazando la planta y el perfil y una vez con estos planos hay llevarlo a la carpintería dando las formas que queremos y los gruesos necesarios para hacer lo que tenemos en mente”, prosigue. Son estos puntos los cimientos del futuro trono, que, por si alguien no lo sabe, “se hace desmontable en piezas” pensadas con anterioridad.

Hecho lo cual, “se va dibujando cada pieza a tamaño natural y se pasa a la madera y se recorta la ornamentación”. “Preparamos las piezas sobrepuestas en los lugares que lo requieran para darle el volumen y movimiento que se pretende”, agrega. Lógicamente, cuando el tallado está completo resta “su acabado, tanto si es barnizado o dorado, o una combinación de ambas terminaciones”.

El tallista José María Higuera en su taller

Trabajo minucioso

Bueno, y falta, además, añadir “los diferentes complementos decorativos, como pueden ser ángeles, pequeñas imágenes o la orfebrería”. ¿Qué es lo más complejo de todo? “En el proceso de dibujo y en que el resultado sea el preciso radica ya una dificultad”, comenta. Luego está la elaboración de los elementos ornamentales, de los que “siempre hay alguna pieza más compleja y supone un pequeño reto”. Sin ir más lejos, “siempre es más trabajoso tallar un perfil y planta curvo”.

Quizá los profanos en la materia no lo sepan, pero “el diseño es lo principal”. “Para ser un buen tallista es necesario dibujar bien y conocer bien el dibujo ornamental, porque es la base”, recalca. No en vano, también hay que es necesaria “una armonía” en todo el conjunto. Por cierto, ¿cuánto dura el proceso completo? “Hay de todo y depende de la disponibilidad económica o las prioridades de la hermandad”, contesta Higuera.

“También de nuestros tiempos y nuestra manera de trabajar, porque nos gusta poner toda la atención en cada trabajo”, precisa. A todo esto, ¿cómo es el acabado? “El que se requiere para ser barnizado es mayor que para ser dorado, pero trabajamos de forma parecida”, expone. “En cualquier caso, nos gusta que se note que la talla está hecha a mano y no nos importe que se noten los cortes de la gubia”, destaca. Es artesanía pura.

El tallista José María Higuera trabajando en su taller
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