Villa se hace hidalgo en El Arcángel en el día de su estreno

FOTO: MADERO CUBERO
El “gladiador” blanquiverde debuta como entrenador con una victoria ante un Primera en el último partido de pretemporada, el primero en El Arcángel

Espigado y flacucho (como es), ataviado de blanco en la superior y de marino por bajo. Paseante en todo momento, mirando a un lado y a otro, al suelo, también de reojo a la grada y muy pendiente de sus líneas. Pendiente de la táctica pero también del ajuste, de la coordinación.

Pablo Villa ha debutado como primer entrenador del Córdoba en el que ha sido su estadio idílico. En el que fue el campo de batalla de un “gladiador” con las piernas envejecidas que se alumbra con un sol tatuado sobre su diestra.

El novel míster blanquiverde no ha desentonado, tampoco lo ha hecho su equipo ante un pobre rival, más mediocre de lo esperado y aún con mucho por definir para competir en Primera. Villa ha sumado la primera victoria de la campaña en el feudo local, la primera de su carrera ante un Primera como técnico, la primera dirigiendo a su segunda y la última de la pretemporada.

El técnico madrileño, que parte con una lección bien aprendida después de un año donde su predecesor en los dos equipos que ha entrenado también debutara en condiciones con cierto parangón, empieza a dejar claro cuáles son sus puntos fuertes y dónde no va a consentir tibiezas.

A Villa le gusta que el balón se mueva; que el conjunto toque bola, que haya posesión; que si no funciona por un lado, que se pruebe por el otro; que se coordinen en la estrechez y se amolden en la amplitud.

El técnico pide iniciativa y confía en los veteranos para ayudar a los más jóvenes. Villa no consiente que no se defiendan bien las jugadas a balón parado y que no se enmienden los errores en las segundas jugadas. Villa lo tiene claro y así lo demanda a sus pupilos.

El Córdoba ha ganado un partido marcado por la efeméride del arranque en casa en un día caluroso que ha contado con la presencia de unas cinco mil quinientas personas. El equipo blanquiverde (más blanquiverde que el año pasado por la elástica) ha dejado buenas sensaciones. Se nota evolución y se advierte un estilo vistoso.

Obra y gracia de Villa. En este caso, sí. Con casi una veintena de caras nuevas, este Córdoba puede gustar e ilusionar. Si no se cae en los errores pretéritos, esos en los que la euforia nublaba la realidad dentro y fuera del campo, el conjunto, con un discurso humilde, como el de su técnico, tiene recorrido más allá de los objetivos; una excusa comercial, entendible pero demasiado ambiciosa.

La historia es que todo cuaje, que nada empañe la ilusión. Que los fuegos artificiales sirvan sólo para advertir el inicio, no para celebrar sin conseguir. Tiempo habrá de lanzar cohetes o de encender petardos. De momento, Villa se ha hecho hidalgo. Su estilo fuera de la cancha y dentro ennoblece el comienzo. Ilusión. Ganas. Futuro. Cordobesismo. Vamos, Córdoba.

Etiquetas
stats