Rumbo a Rute desde el Bernabéu: Pepín, el ‘paladín’ del Córdoba

Pepín Calzado | MADERO CUBERO

La mayor parte de su trayectoria la vivió fuera de Primera. Estuvo alejado de los fastos de la élite casi siempre, sobre todo en la actualidad. Acostumbrado a la supervivencia su experiencia dista mucho del fútbol que se vende hoy en día. Con más preocupación casi en peinados o tatuajes de los astros del balón, el deporte rey, como se le conoce, mantiene quizá más aroma añejo para el club. Porque el Córdoba, pese a estar en una convulsión permanente, es más de césped. También es verdad que en las categorías inferiores a la máxima las cámaras son muchas menos. Pero no lo es menos que al fin y al cabo la entidad guarda todavía su esencia. “No la perdió. El Córdoba mantiene su fisonomía, su aspecto de un equipo serio, de un equipo con garra, con ganas, y creo que el origen de un club no se pierde nunca”, aseguró José Luis Navarro en 2016. Fue en una entrevista de N&B en CORDÓPOLIS en la que la mayor leyenda del conjunto blanquiverde consideró que éste no había perdido su identidad. Quizá sea cierto y allá en 1984 fuera factor determinante para que…

Justo antes de culminar el primer lustro de la década de los ochenta, un hombre optó por descender hasta tres divisiones. Lo hizo para acudir al rescate de un Córdoba en el que hasta entonces no había militado. Salió muy joven de la ciudad y sus primeros pasos en el fútbol con mayoría de edad los dio lejos de casa. Aquel joven que un día logró irrumpir en Segunda de la mano del Getafe Deportivo se llamaba José Calzado. Pero su nombre deportivo, y así es reconocido a nivel general, es Pepín. De entrada, es hermano de uno de los grandes mitos de la historia del Córdoba. Éste es Francisco Calzado, o mejor dicho Litri. De casta había de venirle al galgo. Probablemente la gran relación, hasta su último aliento, de su hermano ayudó a que el centrocampista tomara la decisión de poner punto final a un período brillante para convertirse en soldado.

“Yo creo que el Córdoba, su escudo, la ciudad está por encima de todo”, expresó José Luis Navarro en la entrevista antes mencionada. De ello dan buena fe relatos de corte individual que dieron más relevancia si cabe a la historia del club. Uno de ellos es el de Pepín, que salió del Valladolid en Primera para competir en Tercera. Por si fuera poco, el cambio fue radical ya que se dio con apenas cuatro meses y un puñado de días de espacio temporal. Con sólo un verano de por medio, el mediocentro pasó de pisar el verde del Santiago Bernabéu a jugar en el Municipal de Rute. Ahí es nada. “Ahí hay unas raíces que, por mucho que traten de cambiarlo, siempre seguirán, porque la afición es la cepa, la raíz que mantiene al Córdoba”, aseveró Navarro en 2016.

De la cepa Calzado surgió el paladín del cuadro califal. En 1980, con 26 años, llamó a su puerta el Valladolid. Tras dos temporadas en Segunda dio el salto a Primera, donde disputó más de cien partidos en cuatro campañas. Su periplo por la élite fue siempre con la camiseta de los pucelanos, con los que incluso celebró un título. Pero eso aún ha de esperar… El curso 1983-84 fue el último en que Pepín militó en el José Zorrilla, escenario en el que cerró su presencia en la máxima categoría aunque en un torneo distinto a la Liga. En realidad el último encuentro del cordobés entre los grandes fue en el Santiago Bernabéu, nada más y nada menos. Ocurrió el 22 de abril de 1984, con motivo de la trigésimo tercera jornada del campeonato. Saltó al césped a falta de poco menos de 20 minutos para el final del partido, que acabó con victoria del Real Madrid por 2-1.

El choque lo dirigió Martín Navarrete y los tantos blancos fueron de Salguero y Santillana. Al Real Madrid lo dirigía Di Stéfano, que aquella tarde alineó a Camacho, Stielike o Butragueño entre otros. Pepín atravesó problemas y no volvió a jugar hasta después del campeonato, cuando el Valladolid disputó la Copa de la Liga. Éste es el trofeo que festejó el cordobés como futbolista pucelano. Cierto es que sólo jugó uno de los partidos de la competición y no fue el decisivo. Corría el mes de junio. Transcurrido el verano, el 2 de septiembre el centrocampista volvió a los terrenos de juego y lo hizo en uno muy distinto al Bernabéu. De repente se vio en el Municipal de Rute, done el Córdoba comenzó su desafío de regreso a Segunda B. El futbolista había dejado atrás las comodidades de la élite para arremangarse en Tercera y tratar de reflotar a una entidad en ese momento muy herida en el apartado económico. A las órdenes estaba Iosu Ortuondo y en la caseta había hombres como Perico Campos, López Murga, Rafa Ruiz Coco, Mariano Mansilla o un jovencísimo Antonio Valentín. El objetivo se logró y los blanquiverdes retornaron a la división de bronce.

Tras el ascenso de categoría, Pepín completó otras tres temporadas en el Córdoba. El regreso a Segunda A no fue posible en esa etapa. De hecho hubo que esperar, como bien se sabe, hasta el 30 de junio de 1999. Entonces, su hermano mayor festejó como si un niño fuera la vuelta al fútbol de plata en Cartagena. Las imágenes de Litri a saltos con la estatuilla de San Rafael alzada son inolvidables. El paladín blanquiverde había cumplido su cometido y ayudó al equipo de su ciudad a subir un peldaño y recuperar cierto estatus. Es el relato que convirtió a José Calzado en una auténtica leyenda del cuadro califal, también porque en su descenso voluntario de Primera a Tercera dejó atrás a rivales de primer nivel como Maradona. El argentino dedicó unos elogios que perduraron para siempre al cordobés. Uno de los mejores futbolistas de todos los tiempos afirmó un día del tipo de pelo rizado que fue el adversario más limpio a la hora de marcarle. Ahí es nada.

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