Rafa Sanz y su viaje en el tiempo en Vista Alegre

Rafa Sanz, durante el Bball-Novaschool en Vista Alegre | TONI BLANCO
El entrenador cordobés vivió su primer partido oficial con el Bball en el mismo banquillo en el que dirigió, catorce años atrás, su último duelo con el Cajasur en la Liga LEB

Se sentó en el mismo banquillo, cumplió con el mismo ritual y desplegó el mismo catálogo de gestos y consignas de siempre. Pero han pasado catorce años. ¿Qué pudo pasar por la mente de Rafa Sanz el sábado pasado? Él mismo lo relata: “Me dio mucha alegría por lo que hicimos en la cancha y por ver que hay chavales que siguen teniendo ilusión en este deporte. Y también sentí una profunda pena al comprobar que el baloncesto profesional está a años luz de mi ciudad”. Rafa Sanz (Córdoba, 1976) no había cumplido aún los 25 cuando dirigió su último partido en el Palacio Municipal de Deportes Vista Alegre. Un Cajasur-Caprabo Lleida de los cuartos de final del play off de ascenso a la Liga ACB, el 21 de abril de 2001. Este pasado sábado, 24 de octubre, celebró el día de su santo trabajando con el Smurfit Kappa Bball Córdoba, que afrontaba frente al Novaschool de Málaga la segunda jornada del campeonato de Liga EBA en el grupo D.

De pelear por alcanzar la élite –el Lleida pasó la ronda y terminó subiendo– a asumir objetivos muchísimo más modestos. “Nuestra meta es poder competir para salvar la categoría”, admite el técnico. Hablamos de la cuarta división del baloncesto español, una Liga EBA que se disputa con un aire clandestino. Apenas 300 personas ocuparon las gradas del coliseo de Ciudad Jardín para presenciar el choque. Muy lejos de las más de tres mil que solían peregrinar las noches de los viernes a Vista Alegre en los tiempos en los que Rafa Sanz lideraba desde el banquillo a un rebelde Cajasur. “Todo es ahora muy distinto”, reconoce Sanz, que entre esas dos fechas acumuló un expediente impactante: 11 temporadas en LEB Oro, 3 temporadas en LEB Plata, 14 años ininterrumpidos en competiciones LEB, récord nacional de 466 partidos dirigidos en esta categoría, 5 clasificaciones para play off de ascenso a la ACB, 3 clasificaciones para play off de ascenso a LEB Oro, dos Final a Cuatro de ascenso a la ACB, un ascenso a la LEB Oro y una semifinal de la Copa Príncipe.

Rafa Sanz ha vuelto a su ciudad con más experiencia y con la misma vehemencia de siempre a la hora de exponer sus diagnósticos. Córdoba es ahora, en baloncesto, una plaza de cuarta. No hay dinero, luego hay que trabajar con dedicación y sobredosis de fe para conseguir poner los cimientos de un proyecto. “Tenemos cinco júniors y cinco séniors, dos de ellos de primer año”, indica Sanz. Aquel día ante el Caprabo Lleida, el Cajasur perdió por 91-106 y fue eliminado. Los ilerdenses traían ventaja de 2-0 de Barris Nord y sentenciaron a los cordobeses con una sensacional actuación de Jaume Comas. El Lleida ascendió a la ACB con una sólida pareja de estadounidenses, el rocoso pívot Eric Cuthrell y el alero tirador Joe Modderman. Curiosamente, los dos habían estado antes en las filas del Cajasur, que tuvo que resignarse a verles marchar ante la imposibilidad de hacer frente a sus sueldos. Hay asuntos que no cambian.

Aquel día de 2001 fue el último de Rafa Sanz en el banquillo de Vista Alegre. Después se fueron estandartes como Nacho Castellanos, Steve Horton, Manu Gómez o Joe Alonso, el último gran ídolo para la grada de Vista Alegre. Desde allí lo veía un niño de 9 años que empezaba a jugar a minibasket en la cantera del club. Arturo López es ahora, con 23 años, el capitán del Bball y el jugador más veterano de la plantilla. El sábado pasado firmó 24 puntos, con un rotundo 5 de 5 en triples, y fue determinante para la victoria. “Es admirable su actitud, su perseverancia y su compromiso con este deporte y con el club, después de todo lo que ha visto”, dice Sanz sobre Arturo. “Si Córdoba estuviera en una categoría superior, él sería el Manolo Camacho de mi época. Es un jugador con talento y mentalidad, que ha tenido la mala suerte de no tener en su ciudad un club con más posibilidades. Les ha pasado también a otros. Aquí se ha mirado mucho el cortoplacismo”, indica Sanz, que sigue empeñado en su tarea de exprimir al máximo el potencial de su jovencísimo plantel mientras espera que llegue un jugador extranjero que supla la marcha del serbio Nikola Majic. El técnico cordobés ha recuperado la ilusión y no quiere que se le escape.

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