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Federico Martín Bahamontes y su vínculo eterno con la provincia de Córdoba

Federico Martín Bahamontes, junto al cordobés Vicente Suárez, durante su homenaje en Córdoba.

Cristian López

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Hace unos días se conocía el triste fallecimiento de Federico Martín Bahamontes, una verdadera leyenda imperecedera del ciclismo español, y que perdía la vida a los 95 años. Dicho trágico acontecimiento puso de luto a todo el deporte nacional, que quedaba huérfano de un deportista irrepetible, fruto de otra época, y en cuyo apellido llevaba ligado una dichosa y premonitoria marca de lo que iba a ser su vida. Pues no bajaba montes, sino que los subía como nadie. Atlético y fibroso hasta no poder más, era un verdadero espectáculo ver cómo ascendía los puertos. Sin duda, un escalador superdotado que iba en todo momento a la ofensiva y que era capaz de protagonizar fulgurantes aceleraciones en las rampas más duras. Eso sí, no solo de una épica del boca a boca se engrandece su imagen, pues su palmarés también refleja claramente lo que fue capaz de conseguir durante sus años en activo, comprendidos entre 1954 y 1965.

Y es que fue el primer español en ganar el Tour de Francia, lo hizo en 1959, y además, logró en seis ocasiones el Gran Premio de la Montaña, categoría con la que también se alzó en el Giro de Italia y en La Vuelta a España. Un extenso palmarés cargado de triunfos, aunque es precisamente esa victoria gala la que antecede a su vínculo eterno con la provincia de Córdoba.

En efecto, tras erigirse como el mejor en la prueba francesa un año antes, 1960 no empezó bien para él, pues se fracturó el fémur en La Vuelta a Levante. Por ello se negó a participar en La Vuelta a España, aunque la organización insistió y, finalmente, tomó la salida, pero se retiró a dos etapas del final. Una dinámica irregular que continuó en el Tour, donde también se le presionó para participar, pese a su mal estado de forma. Era el vigente campeón y debía defender la corona, aunque de nuevo se vio obligado a finalizar antes de tiempo por una enfermedad.

De este modo, el apodado como El Águila de Toledo regresó a escena meses después, en concreto, a comienzos del mes de septiembre, para competir en la edición de 1960 del Criterium de Priego, del cual resultó ganador, venciendo también en el Premio de la Montaña. Por tanto, confirmaba su recuperación. Igualmente, hay que decir que ese mismo año se adjudicó también el Gran Premio de Montaña de Cabra y que en 1959, estuvo presente en el IV Criterium de Córdoba, cita celebrada en El Arcángel y en la que recibió un homenaje como ganador del Tour de Francia. Allí participó junto con algunas figuras de altísimo nivel, como Anquetil o Geminiani, además de los locales Antonio Álvarez, Vicente Luque Serrano y Vicente Suárez Mora, que sustituyó a última hora al egabrense Antonio Gómez del Moral, hermano de José Gómez del Moral, con quien Bahamontes tuvo un curioso e intenso rifirrafe, cuya historia puede ampliarse en el libro 'Ciclismo en Córdoba (1894-1972)', del autor Valentín Priego. Igualmente, hay que decir que también participó en la Vuelta Ciclista a Carcabuey con el equipo Faema.

Eso sí, su legado fue tan relevante en la localidad de la Subbética, que a día de hoy cuenta con una calle en su nombre. Entre la Avenida de la Infancia y Ricardo Zamora, un pequeño enclave del municipio prieguense llevará para siempre el nombre del histórico Federico Martín Bahamontes. Un ciclista, como se ha dicho, inigualable, y al que le dio tiempo a quedar segundo y tercero respectivamente en las ediciones de 1963 y 1964 del Tour de Francia. Sea como sea, un hombre hecho de otra pasta, y de otra época, siendo protagonista de anécdotas tan llamativas como haber ido en bicicleta desde Madrid hasta Asturias, con la idea de correr allí La Vuelta a Asturias.

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