Que no hay manera

Alegría por un gol que no valió | MADERO CUBERO

Vaya mesecito que cierra el Córdoba. No ha ganado ninguno de sus cinco partidos de Liga en octubre. Perdió uno y empató los otros cuatro, todos por idéntico resultado: 1-1. Como este último ante un Real Valladolid que no demostró mucho más que el Córdoba CF. Puede que no todos los equipos sean iguales, pero son tan parecidos que cualquier desenlace es posible. Los errores son definitivos. Hasta eso se repartieron cordobesistas y pucelanos en El Arcángel, que asistió a un partido que se salvó por la emoción. Caro fue protagonista arriba y abajo. El sevillano marcó su segundo gol en este curso al sacar partido de un despeje fallido de Becerra y unos minutos después no estuvo afortunado en un forcejeo en la banda que terminó con el tanto de Míchel. Todo sucedió en los últimos cinco minutos de una primera parte más bien tediosa. Luego, tras el descanso, tanto Oltra como Herrera intentaron zarandear a sus equipos en busca de una reacción, un revulsivo o lo que fuese. Ocurrieron cosas, entre ellas un polémico gol -bien- anulado a Rodri en el último suspiro. Pudo haber sido un bello final, seguramente injusto según el ojo que lo analizara. Pero todo se quedó con el 1-1, el resultado más repetido por los blanquiverdes en un mes de octubre para reflexionar.

Con Carlos Caballero acompañando a Luso en el mediocentro, el Córdoba trató de dominar sin éxito un partido en el que imperó el respeto, entendido como la obsesión por no equivocarse. Los de Oltra no se marcharon alegremente al ataque -algo que cierto sector del público no termina de entender bien, lo que reportó arrebatos de silbidos- y el Valladolid se dejó hacer. Tuvieron más posesión los pucelanos, pero después de magrear la pelota no sabían muy bien qué hacer con ella en las inmediaciones del área. A Kieszek le llegaron un par de tiritos lejanos que atajó sin problemas. La retaguardia se mantenía con las filas prietas, sacando la pelota de manera expeditiva si hacía falta. Los laterales no se prodigaron demasiado. Con Rodas y Bijimine como centrales no convenía adelantarse mucho para no recibir las oleadas del rival en velocidad, donde flaquean los defensores blanquiverdes por el medio. Y el Valladolid tenía ahí una amenaza en el bullicioso Juan Villar, un futbolista capaz de inventarse una jugada de la nada o de protagonizar interpretaciones de lo más sonrojante buscando la falta para que piquen los árbitros. El vasco Gorostegui Fernández le tenía calado. Como a Rodri, por cierto, que también abusó de perseguir la falta antes de explotar algo más alguna jugada.

Los blanquiverdes se mantenían en el sitio, aguardando alguna pifia del contrario o exprimiendo las entradas por la banda derecha de Guille Donoso, que sin estar tan brillante como en otras ocasiones sigue siendo una referencia a la hora de crear. El asturiano fue el primero que intentó un disparo con intención. Lo hizo en el 35, al borde del área, pero el balón se marchó desviado después de tocar Luciano Balbi. Muy poca cosa. Tampoco el Valladolid estuvo especialmente intenso a la hora de buscar el marco cordobés, lo que dio como resultado un espectáculo pastoso y bastante feo.

El panorama se alteró en los últimos cinco minutos y, como se podía prever, no iba a ser por la vía de la excelencia futbolística sino por la comisión de errores de cierto bulto. En el minuto 40, Guille botó un córner al corazón del área y, tras una salida en falso de Isaac Becerra y un leve toque de Bijiimine, el balón le cayó a José Antonio Caro, que llegaba en tropel a ver lo que caía. Y le cayó el gol. Los gritos de euforia en la grada se apagaron pronto. Al filo del descanso, Míchel aprovechó un fallo de Caro, que no acertó a despejar, para agarrar el balón y marcharse hacia Kieszek para batirle de un disparo colocado. Apenas unos segundos después, el intermedio. El personal se quedó con un gesto raro, como lo era jugar el partido con un balón de invierno y estar en manga corta con una temperatura propia del verano.

A la vuelta de la caseta se detectó cierta inyección de entusiasmo en ambos equipos. A los 48, Juan Villar la tuvo clarísima para marcar. Recibió un buen pase por encima de los centrales y el punta tuvo tiempo de acomodarse el balón y pensar qué es lo que podía hacer para superar la desesperada salida de Kieszek. Decidió que lo mejor era colocarla, pero se le fue al lateral de la red para alivio del cordobesismo. Dos minutos después, el Córdoba encontró en Alejandro Alfaro a su arma atacante. El de La Palma del Condado se revolvió dentro del área tras recoger un buen servicio de Juli y su disparo se fue ajustado al palo de Becerra. El ex meta del Girona tuvo que intervenir de modo apurado en el minuto 52, tras un disparo de Guille Donoso. Fue el último testimonio ofensivo del extremo asturiano, que fue suplido por Pedro Ríos. Poco después, Oltra buscó darle otra dimensión al partido sacando del campo a Alfaro para introducir al más dinámico Zacharya Bergdich. Esa sustitución implicó un cambio de ubicación para Juli, que se fue más al centro, buscando la conexión directa con Rodri y con Ríos y el marroquí en los flancos.

Paco Herrera, por su parte, refrescó el once con un doble cambio para poner en liza a Drazic y a Raúl De Tomás, un ex cordobesista que recibió abrazos en la banda y algunos pitos desde la tribuna. El madrileño de origen dominicano tuvo una primera intervención espectacular. Recibió un balón largo desde la banda y armó un trallazo ante la tibia marca de Bijimine que forzó a Pawel Kieszek a realizar el paradón de la noche. Con un cuarto de hora por delante, Oltra se jugó las últimas cartas. Envió a combatir a Federico Piovaccari, un nueve tipo tanque, y sacó del campo a Samu de los Reyes, que enfiló el camino del banquillo escuchando reproches desde la grada.

Entre Luso y Rodri pudieron arreglar el partido en el minuto 80, pero se estorbaron en el área pequeña tras ver cómo les caía a los pies un balón inesperado después de un despeje fallido de Becerra. La acción sirvió para enardecer a la grada, que se encendió en una caída de Rodri a los pies de Javi Moyano. Reclamaron penalti, pero el árbitro entendió que no había pasado nada. Con la salida de Piovaccari, el área pucelana se convirtió en terreno de guerra. Hubo mucho juego subterráneo y balones colgados para el italiano. El Valladolid fue más directo. Raúl de Tomás lo intentó con un disparo lejano que iba directo a la escuadra y Kieszek se ganó el jornal con otra intervención brutal.

La polémica estalló en el último minuto. Un centro de Bergdich lo cazó en un remate de chilena Rodri, al tiempo que Piovaccari metía la cabeza. El soriano salía de una posición de fuera de juego. El italiano corrió a celebrar el gol, pero el juez de línea se quedó parado y la acción quedó invalidada puesto que el remate no había sido de Piovaccari. Una sesión de moviola y debate para terminar un partido en el que el Córdoba confirmó que no anda fino. Eso sí, permanece agarrado a la zona alta de la clasificación después de un mes entero sin ganar un partido de Liga. Esto es una carrera para resistentes.

FICHA TÉCNICA

CÓRDOBA CF, 1: Pawel Kieszek, Caro, Héctor Rodas, Jonathan Bijimine, Samu de los Reyes (Piovaccari, 77'), Luso, Caballero, Guille Donoso (Pedro Ríos, 54'), Juli, Alfaro (Bergdich, 63') y Rodri.

VALLADOLID, 1: Becerra, Moyano, Álex Pérez, Rafa, Balbi, Guitián, Jordán, Álex López (Sergio Marcos, 83'), Míchel, Villar (Drazic, 68') y Mata (Raúl de Tomás).

ÁRBITRO: Aitor Gorostegui Fernández Ortega (Comité Vasco). Amonestó con tarjeta amarilla a los locales Caballero y Piovaccari y al visitante Balbi.

GOLES: 1-0 (40') Caro. 1-1 (44') Míchel.

INCIDENCIAS: Partido correspondiente a la jornada décimo segunda del campeonato nacional de Liga 123, disputado en el Estadio Municipal El Arcángel ante 13.227 espectadores.

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