La otra Media: ellos también van a la carrera

31ª Media Maratón de Córdoba | ALEX GALLEGOS
El ambiente invitó a disfrutar de la fiesta del atletismo en Córdoba, la cual fue posible gracias al trabajo de voluntarios, Policía o médicos | La prueba gozó de una amplio seguimiento mediático

El aspecto de algunas de las grandes avenidas genera incluso temor. Son las ocho de la mañana y Ronda de los Tejares, Gran Capitán o el Paseo de la Victoria están, y sólo falta la arena, desérticas. Es domingo y la ciudad duerme, aunque no en exceso. Apenas una hora después, las calles cobran vida. Los atletas comienzan a invadir Conde Vallellano. Hay saludos y calentamientos. Todavía resta para que comience la carrera, si bien está realmente tuvo su inicio bastante antes. Cuando a las diez todos se encuentran en plena competición, Córdoba respira única y exclusivamente el aroma del deporte. La Media Maratón está en marcha. Un prueba emblemática que no sólo tiene protagonistas dentro del recorrido. Son los encargados de hacer realidad, cuidar y contar una cita que en cada edición va a más: voluntarios, agentes de Policía Local y Protección Civil, médicos y fisioterapeutas y periodistas.

Los plumillas y los gráficos madrugan y desde primera hora empiezan a ver, oír y comentar, así como a captar con la cámara. Comienza una intensa jornada de trabajo, que lo es también para los 300 voluntarios con que contó en esta ocasión la carrera. Ellos, artífices anónimos del éxito de la prueba, eran de los pocos seres humanos que en torno a las ocho se dejaban ver en las calles de la ciudad. Ultimaban detalles con la colocación de vallas o puestos de avituallamiento. Después, con la Media ya iniciada, vivían empeñados, con rigurosa educación, en mantener el orden en torno a los atletas e informar. La seguridad correspondía a los 100 agentes de la Policía Local y los 15 de Protección Civil, sin cuya actuación, como es lógico, la prueba no sería posible. Sobre todo lo que a la reconducción del tráfico se refiere. Los incidentes, gracias a su labor, brillaron por su ausencia.

El suyo fue trabajo callado pero eficaz. Como el de los empleados de Sadeco que también a primera hora de la mañana, cuando la luna todavía se dejaba ver en el cielo, se afanaban en dar el último repaso a la limpieza de las avenidas y calles por las que la carrera pasaría después. En el otro extremo horario de la carrera, al paso por meta, no eran pocos los corredores que llegaban extenuados por el esfuerzo realizado. Sin problema, la atención médica y fisioterápica estaba garantizada. Como en cualquier punto del recorrido en que fuere necesario. Ante todo, al igual que los espectadores habían de disfrutar del espectáculo brindado por los deportistas, los atletas debían gozar de una competición que terminó con abrazos y sonrisas. Y algún que otro mal pasajero del cuero. Los periodistas y sus compañeros gráficos mientras atendían al más mínimo detalle. Estaban pendientes para, como en este texto, tratar de acercar cada circunstancia de tan importante evento. O para dibujar, de algún modo, la otra Media, la que se hace sin correr pero al mismo tiempo resulta esencial.

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