Máxima tensión en la sesión a puerta abierta del Córdoba

Seguidores se interponen en la salida del bus | ÁLVARO CARMONA
Medio centenar de seguidores increpa con dureza a los futbolistas | Hubo un intento de impedir la salida del autobús del recinto | La AFE anuncia que denunciará los hechos a Antiviolencia

Se veía venir. Después de tres meses con sesiones a puerta cerrada, el Córdoba decretó que la práctica de esta mañana fuera abierta al público. La medida, sólo comprensible bajo los parámetros desquiciados de la entidad blanquiverde, tuvo las consecuencias que lamentablemente se podían intuir. Varias decenas de seguidores acudieron a la Ciudad Deportiva para exponer, del modo más visceral, su parecer sobre el triste desempeño de un equipo que ya es matemáticamente de Segunda División y que llegaba después de otra lastimosa exhibición de indolencia en Granada, que fue afeada incluso por algunos de los miembros de la plantilla. El trago fue duro especialmente para algunos jugadores -otros dejaron visible su desapego absoluto por la situación- y para el cuadro técnico cordobés, con un José Antonio Romero que había explicado hace apenas cuatro días que las prácticas en clausura obedecían a cuestiones de “principios y metodología de trabajo”. Al de La Roda le tocó padecer otro episodio más de profunda pena. Uno más. El técnico se llevó un rapapolvo. También Nabil Ghilas, antiguo ídolo de la hinchada, y el central Pantic, que tuvo un amago de respuesta que no prosperó por suerte para todos. Suerte fue también que no apareciera por la instalación Fede Cartabia. El argentino, que se autoexpulsó en Granada en una acción ridícula, tiene sus límites de popularidad en el subsuelo. El club desveló que estaba recibiendo un tratamiento específico. Al final, la “brillante” idea de abrir las puertas de la Ciudad Deportiva tuvo su efecto. Situaciones desagradables para todo el mundo y aparición del Córdoba en los medios ofreciendo una imagen de destrucción. La Asociación de Futbolistas Españoles (AFE) ha anunciado hace unos minutos que remitirá un informe de estos hechos a la Comisión Antiviolencia.

“¡Jugadores mercenarios!” o “¡Esta camiseta no la merecéis!” fueron algunos de los cánticos más suaves que escucharon los miembros del plantel blanquiverde, sobre los que recayeron improperios irreproducibles. El entrenamiento, desde luego, tuvo más tensión en la grada que en el césped -con un magnífico aspecto, por cierto- de la Ciudad Deportiva, a la que la expedición cordobesista llegó con retraso y en un autobús sin distintivos del club. El vehículo entró hasta la misma instalación, evitando a los jugadores un paseíllo entre puyas de los seguidores. Dentro no las pudieron evitar. El calvario se prolongó durante algo más de una hora, en la que los jugadores se ejercitaron con rostros serios y nulo entusiasmo. La situación del equipo, hundido y batiendo récords negativos, ha llegado a unos límites peligrosos. En tal estado de tensión social se hace poco comprensible la decisión de abrir las puertas al público, generando un escenario de difícil control cuando los ánimos están tan exaltados. Se pudo comprobar tanto en la grada como en el césped.

Al final de la práctica llegó uno de los momentos de mayor tensión, ya que un grupo de seguidores trató de impedir colocando objetos en la salida que el autobús pudiera abandonar la instalación del Camino Carbonell. Algunos hinchas requerían la comparecencia de alguno de los capitanes para hacerles llegar las quejas por el rendimiento del equipo. Finalmente, Julio Cruz, ex jugador cordobesista y miembro del cuadro técnico, intercedió con sus paisanos para calmar los ánimos. También ayudó a rebajar el nivel de presión sobre los futbolistas el veterano ex futbolista Pepe Urbano, uno de los responsables del cuidado del césped de la Ciudad Deportiva. Entre cánticos de mofa, el autobús tomó camino de El Arcángel poniendo fin a un episodio lamentable. Quedan todavía dos partidos para cerrar el curso. Una tortura.

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