Con la esperanza de que ya se pudo

Dubarbier, ante la Real Sociedad en Copa en noviembre 2012 | MADERO CUBERO

Las estadísticas históricas, en determinadas ocasiones, sí que están para hacer uso de ellas. Más en el plano motivacional que en cualquier otro, pues no cabe duda de que resultan insignificantes en lo meramente deportivo. No obstante, hay ciertos casos en los que sí que pueden ser esclarecedoras, o al menos esperanzadoras, en el sentido de repetir alguna gesta de antaño. Y en esas anda el Córdoba, que este mismo miércoles encara una nueva cita trascendental en su actual curso deportivo, y que puede quedar registrada entre los grandes hitos históricos del club. En efecto, el conjunto blanquiverde recibe en El Arcángel (19:00) nada menos que a la Real Sociedad en la tercera ronda de la Copa del Rey. Un equipo, el vasco, que ya visitó hace algunos días el feudo califa, en su caso para disputar las semifinales de la Supercopa, lo cual habla del nivel actual del mismo.

Es por ello que los cordobesistas partirán con la ambición por las nubes y con la ventaja de no ser el favorito. Por lo tanto, la presión recaerá en su adversario. Eso sí, el único hándicap será que el efecto del estadio cordobés apenas tendrá fuerza, más allá de conocer mejor el terreno, pues la contienda se jugará a puerta cerrada debido a los últimos datos del Covid-19, que han hecho que la Junta Andalucía vuelva a decretar el nivel cuatro en toda la región. Es más, ya se pudo comprobar que, aunque fuesen 2.500, el peso de la grada es fundamental, y así se confirmó en el choque ante el Getafe de la segunda ronda, otro club de Primera División y al que los blanquiverdes superaron por un ajustado 1-0. Asimismo, previamente ya habían dejado en el camino al Albacete Balompié, en su caso como adversario de Segunda.

Todo ello además se incentiva en el hecho de que el Córdoba ya ha conseguido anteriormente doblegar a la Real Sociedad en el torneo del KO. Y no hace mucho de eso. Así es, fue en el curso 2012-13 cuando ambos clubes se cruzaron en dieciseisavos de final, entonces con formato a ida y vuelta. El Córdoba, dirigido en aquel momento por Rafa Berges, se midió -como club de categoría de plata- a una Real Sociedad con Montanier a los mandos, y en cuya plantilla figuraban nombres del nivel de Xavi Prieto, Illarramendi, Rubén Pardo o Chori Castro. Pero eso no fue un impedimento para que los cordobeses dieran una auténtica exhibición ante su público. El hispano-filipino Patiño adelantó a los suyos a poco del descanso, mientras que el francés Renella puso la sentencia en el 77' de juego. 2-0 y a soñar.

Una ventaja que otorgaba una amplia esperanza a un Córdoba que pocos años después lograría el ascenso a Primera División. Pero antes de eso continuó edificando ese buen idilio con la Copa del Rey. De hecho, en el choque de vuelta en Anoeta, el tanto tempranero de Griezmann -que no había sido de la partida en la ida- fue neutralizado por los goles de Kiko Olivas y Dubarbier. Finalmente, Agirretxe devolvió las tablas al marcador a poco del final, aunque el billete para la siguiente ronda ya estaba en manos de los blanquiverdes. Y con ese recuerdo afrontarán la eliminatoria, con la motivación de seguir erigiéndose como una dulce sorpresa en el torneo.

Además, el momento de forma no puede ser más propicio para el equipo califa, que suma seis encuentros consecutivos sin perder, con cinco victorias y un empate. Es más, en todos esos enfrentamientos no ha encajado ni un solo gol, lo que no solo ha permitido a los de Alfaro mantenerse en pie en la Copa, sino también escalar hacia lo más alto en la competición liguera. De nuevo toca cambio de mentalidad, pero misma filosofía de juego. Con muy poco que perder y mucho que ganar. Y con la esperanza de que ya se pudo.

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