Ecos de Tokio: Juan Antonio Jiménez Cobo, de plata a lomos de Guizo

Juan Antonio Jiménez Cobo, tras una competición | JUAN ANTONIO JIMÉNEZ

Mientras el siglo XX se encamina su final, ya en sus últimos meses, Australia acoge la cita deportiva más importante del mundo. Es, como siempre, en pleno verano y con el desfase horario los amantes de cualquier disciplina se ven obligados a trasnochar casi siempre. Al menos para seguir a quienes acuden bajo la bandera de España. Sucede en Sidney, donde un boxeador nacido en San Pedro alcanza una memorable medalla de plata. Con él coincide en Oceanía otro deportista de la tierra, en este caso de otra localidad distinta a la capital. Se trata de Juan Antonio Jiménez Cobo, que disfruta de su primera experiencia en unos Juego Olímpicos. Pero no es precisamente la mejor de las que tuviera pues por delante tiene otra participación en el magno evento. Y es en éste, cuatro años después, cuando va a lograr un hito no sólo para él y Córdoba sino para su modalidad a nivel nacional.

Iniciada ya la nueva centuria, la actual, y en un mundo que tiende cada vez más a una globalización casi absoluta -como se puede comprobar hoy por hoy, por desgracia, por la pandemia de Covid-19-, la mayor competición -que es múltiple- del planeta regresó al lugar en que surgió. En Atenas se desarrollaron los primeros Juegos Olímpicos del siglo XXI, que a pesar del intento no consiguieron superar los inolvidables que tuvieron lugar en Barcelona 92’. Fue en la capital de Grecia, precisamente, donde Córdoba se hizo con su cuarta medalla en el gran evento internacional. Ésta la recibió con agrado la provincia de la mano de Juan Antonio Jiménez Cobo, jinete de Castro del Río que se convirtió así en el tercer deportista de la provincia que subía al podio en este caso. Siguió la estela de Rafa Berges, oro con la selección nacional -la Quinta del Cobi- en la Ciudad condal, y el boxeador Rafa Lozano, que se colgó un bronce en Atlanta 96’ y una plata en Sidney 2000.

Con la atención puesta únicamente en Jiménez Cobo, el castreño se estrenó en unos Juegos Olímpicos, en efecto, en Sidney. Corría el año 2000 y apenas pudo alcanzar la decimoquinta posición a nivel individual. Eso sí, se hizo con un diploma olímpico en la competición por equipos. Su participación tuvo lugar en la disciplina de doma clásica, en la que prosiguió también en su siguiente experiencia de este tipo. Mientras sumaba éxitos en su trayectoria en otros campeonatos, el jinete encaraba pleno de ilusión, con opciones ciertas de medalla, su futura presencia en Atenas 2004. No se equivocaba, como quienes creían en un equipo compuesto por Beatriz Ferrer-Salat, Rafael Soto e Ignacio Rambla, nombres que por méritos propios pasaron a la historia.

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En la capital griega, Juan Antonio Jiménez Cobo montaba a Guizo. Aquel caballo que también quedó grabado a fuego en la memoria de los grandes amantes del deporte. Y sobre todo de los aficionados de la hípica, que a nivel nacional estaba a punto, aún sin saberlo, de gozar de un logro memorable. En el plano individual, el deportista natural de Castro del Río mejoró el resultado con que finalizó en Sidney y acabó en una muy meritoria décima plaza. Sin embargo, el jinete seguía pendiente de subir al podio en el apartado colectivo. Y el sueño se cumplió. No sólo para él sino para sus compañeros y compañera. Los cuatro se hicieron con la presea de plata al concluir en la segunda posición del torneo por equipos en doma clásica.

Aquel segundo cajón del podio no fue uno más para la hípica española. Básicamente porque fue el primer metal que la disciplina obtenía después de 56 años. Fue más de medio siglo, exactamente, el que hubo que esperar para celebrar un éxito nacional a caballo en unos Juegos Olímpicos. Sucedió entre Londres 1948 y, como quedó dicho, Atenas 2004. Por si fuera poco, España se llevó su primera presea de la historia en la disciplina -de doma clásica-, que además sólo acumulaba nueve años de práctica en el país. Por tanto, Juan Antonio Jiménez -a lomos del inolvidable Guizo-, Beatriz Ferrer-Salat, Rafael Soto e Ignacio Rambla entraron en el Olimpo por la puerta grande. Los otros tres jinetes completaron sus participaciones sobre Beauvalais, Invasor y Oleaje, respectivamente. Sólo Alemania fue capaz de mejorar las prestaciones de los ocho, los deportistas y sus equinos.

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