La difícil aventura de Luis Garrido

Luis Garrido, en un entrenamiento en la Ciudad Deportiva | ÁLEX GALLEGOS

La suya es una historia de ilusiones rotas. Es uno de esos relatos que en ocasiones se escriben en fútbol sin que nadie alcance muy bien a entenderlo. Su decepción, y quizá la del club, no es consecuencia de un mal trabajo. Más bien todo lo contrario, al menos según lo expresado en cada momento desde el banquillo. Tampoco es resultado de un hipotético no aprovechamiento de las ocasiones de que gozara. Principalmente porque sólo se cuenta una desde que llegara el pasado verano. Así, la experiencia en Europa de Luis Miguel Garrido concluye -o lo va a hacer próximamente- con un amargo sabor de boca. O al menos va a finalizar su etapa en un Córdoba en que no pudiera hallar su espacio casi desde el principio.

“Tendrán que salir entre seis, ocho o nueve jugadores. Garrido es un jugador con el que no contamos para el año que viene, ya hemos hablado con él”, desveló el director general deportivo del club, Miguel Valenzuela, el pasado martes. Lo hizo en una rueda de prensa telemática en la que repasó la actualidad sobre el trabajo de su área y en la que además desgranó cómo se desarrolla el mismo. De esta forma, el internacional de Honduras va a decir adiós al conjunto blanquiverde después de una temporada muy adversa en el apartado personal. Como si ya no lo hubiera sido también para él, igual que para el resto de la plantilla, en ámbito deportivo e institucional.

El fichaje del centrocampista se conoció casi dos semanas después de que cerrara el mercado estival. Sucedió de tal modo porque no pudo contar con licencia hasta enero. Su contratación estaba ya cerrada pero la imposibilidad de dar salida a algún futbolista de los que ya formaban parte del vestuario califal -en concreto Zelu- impidió un normal desembarco en El Arcángel. El 13 de septiembre el Córdoba anunció la incorporación de Luis Miguel Garrido, procedente del Liga Deportiva Alajuelense de Costa Rica. Pero su integración en el equipo no se dio hasta noviembre, cuando comenzó las sesiones con el conjunto blanquiverde. En ese momento le tocaba esperar a la ventana invernal para obtener ficha y participar en la competición.

Casi desde el primer instante el entonces entrenador, Raúl Agné, no dejó de elogiar al centrocampista. Era el hombre llamado a aportar músculo a la línea de medios y para el aragonés presentaba las cualidades idóneas Así, el preparador de Mequinenza le veía como el futbolista perfecto para dar un salto adelante en su idea de juego. En su caso para dar equilibrio desde la ruptura del rival y favorecer la creación. De ahí que el primer movimiento que realizó el Córdoba en enero fuera la inscripción del hondureño, lo que se produjo el 10 de enero. Sólo dos días después tuvo ocasión de debutar al fin con el cuadro califal. Y lo hizo de titular.

Dentro de la vigésima jornada de campeonato en el Grupo IV de Segunda B, el técnico apostó por Luis Miguel Garrido para conformar su centro del campo. Fue en la visita del equipo al Recreativo Granada, al que se impuso por 0-2. El centroamericano no tuvo su mejor tarde, desde luego, pues estuvo desaparecido en combate durante el tiempo que permaneció en el campo. Esto fue durante los primeros 45 minutos, ya que al regreso de vestuarios Raúl Agné decidió sustituirle. Después de aquel duelo, ante la sorpresa generalizada en el entorno de la entidad, el mediocentro no volvió a pisar el verde en ningún otro partido. Ahora, cuando le resta aún otro año de contrato, ya sabe que su futuro está lejos de El Arcángel.

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