¿Por qué ellos? Los cuatro capitanes del Córdoba

Carlos Caballero en la presentación del Córdoba en El Arcángel | MADERO CUBERO

El speaker les anunció con la sarta de elogios típica de las presentaciones, donde todos son unos fenómenos. En su caso, sonó más a verdad que a fanfarria. Los cuatro jugadores que llevarán el brazalete de capitán en el Córdoba CF tienen razones para serlo. Otros, quizá también. Pero les tocó a ellos y no hay más que hablar. Sólo esperar que estén a la altura que les exige un cargo que, salvo casos muy excepcionales, ha perdido lustre bajo las leyes del fútbol moderno, con sus revoluciones permanentes en la plantilla y la facilidad para derribar ídolos. Ahora hay equipos profesionales de primer nivel con capitanes que, seguramente, serían incapaces de situar en un mapa la ciudad que alberga a la entidad que defienden. No parece que sea el caso del Córdoba CF, que mostró en sociedad al cuarteto que se distribuirá -según el momento y la situación- el brazalete de jefe blanquiverde sobre el césped. Dos de ellos, Fernández y Lara, son nacidos en la tierra. Eso siempre es un plus. Y más en un club despersonalizado que busca referencias cercanas. Alfaro es un veterano con nombre y predicamento en el vestuario. Y Caballero... Bueno, es el único superviviente de la primera plantilla de la era González en el Córdoba.

Carlos Caballero permanece dentro del grupo de confianza con respecto al curso pasado, en el que hubo purga bestial en todas las zonas. Deivid, Luso y Domingo Cisma salieron todos por la misma puerta pero con distinta casa. El central canarise fue (gratis total) al Valladolid, el pivote aragonés se enroló en el Huesca y al lateral zurdo sevillano, en proceso de recuperación de una grave lesión, le ejecutaron (de mutuo acuerdo según el club, aunque el jugador lo ve de otro modo) una cláusula para rescindir el contrato mediante el pago de una cantidad. Queda Caballero, que fue -junto a López Silva y Astrain- el primero en llegar cuando el empresario Carlos González adquirió las acciones del club, en verano de 2011. El de Alcorcón tiene 32 años y contrato en vigor hasta 2018. Su nombre entró en la quinielas de posibles salidas -a la vista del percal, todo parecía posible-, pero finalmente se quedó. Motivos para ser capitán le sobran. Principalmente si se entiende que para ejercer ese rango hay que conocer bien el club. Él aquí ha vivido de todo. Una revolución con Paco Jémez, un ascenso a Primera División, un descenso a Segunda, una cesión a Grecia, una grave lesión causada en un entrenamiento por un compañero, un error burocrático del club que le dejó medio año sin ficha… Pues sí, sabe bien lo que estar en el Córdoba, un club de lo más peculiar.

A Alfaro le vendieron como uno de los fichajes de lujo la pasada temporada. Vino de un año turbio en el Real Valladolid, donde estuvo lejos de ser titular y de enseñar su mejor cara. Oltra le conocía. El club colocó su imagen en la campaña de socios y todos colocaron el foco sobre él. Los tumbos del equipo, la descompensación de la plantilla, los irregulares resultados y el aroma de decepción que se esparció pronto por El Arcángel le afectaron. No estuvo bien. Echaron a Oltra, Carrión apostó por jóvenes... La situación se le puso fea. Tenía contrato de un año. Sin embargo, cuando las cosas se torcieron hasta extremos de pánico, él estuvo ahí. El final de campeonato le tuvo como a uno de los grandes protagonistas en positivo. Marcó goles determinantes y contribuyó a la salvación. El club le renovó. Ahora es capitán. Le quieren en el vestuario y es un futbolista maduro y honrado. Motivos suficientes para llevar el brazalete.

¿Y los cordobeses? Javi Lara ha conseguido en menos de un año labrarse el nombre que soñó desde que era un niño y se formó en la cantera del Córdoba. Le costó. En 2004 le abrieron la puerta desde el filial sin darle la oportunidad en el primer equipo. Después de patearse todo el país en destinos de segunda fila, sin estar más de un año en ninguna parte, se asomó el escaparate mediático con un gol histórico del Éibar, el primero del club armero en Primera División. Lo firmó en Ipurúa, ante la Real Sociedad, este montoreño cuya imagen recorrió las televisiones. ¿Y éste es de Córdoba? Algunos se lo preguntaban. En el pasado mercado de invierno, tras proclamarse campeón con el Atlético de Kolkata en la Liga India y ser elegido el mejor del campeonato en su posición, llegó a ayudar al Córdoba en diciembre. Era para pelear por el ascenso, se suponía. La realidad resultó dura. El equipo se salvó y la afición se enamoró de él. Rechazó ofertas en verano para quedarse como uno de los estandartes del club. Javi Lara, el niño rubio de Montoro, es ahora uno de los capitanes. Una condición indiscutible.

Lo de Fernández ha sido una historia truculenta. Canterano, acumuló muchos partidos en Segunda antes los 21 años y cogió una experiencia que favoreció su traspaso al Real Zaragoza en invierno de 2012. Casi desde el mismo día de su adiós, el cordobesismo fantaseó con su regreso. El culebrón ocupó espacio en los medios de manera recurrente cada vez que se abría el mercado. El lateral diestro jugó tres años en el Zaragoza y después optó por aceptar una oferta del Real Oviedo, recién ascendido a Segunda, cuando parecía que todo estaba atado con el Córdoba. Este verano se casó y decidió emprender una nueva vida en el mismo lugar en el que la empezó. Quizá ha sido el caso más sorprendente en la elección de capitanes, pero ahí está. Le van a mirar cada gesto y al jugador no le viene mal para reforzar su imagen entre la afición una muestra de compromiso como la capitanía.

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