El Córdoba CF se hace su enésimo 'harakiri' en una noche negra (3-2)
Hace un par de años, el propio Antonio Fernández Monterrubio denominaba este tipo de noches como “partiditos”. Lo de hoy en Sabadell ha tenido mucho de eso, aunque con el agravante de venir a demostrar el conjunto blanquiverde no ha aprendido nada de nada de los últimos años. Cuatro partidos y 10 goles en contra. Todo eso sin tener la calidad individual suficiente como para sostener una idea que solo le ha dado al Córdoba para disfrutar de alguna buena tarde y ocupar la zona media. Con sus más y sus menos. Aunque lo realmente preocupante el cuadro cordobesista parece convencido de que puede salir a jugar de esmoquin y con sus zapatos de charol, cuando en realidad esta categoría demanda gente con sudadera y dispuesta de llenarse barro hasta las rodillas y más allá. Los diez primeros minutos de hoy son un buen ejemplo, creyéndose mejor de lo que en realidad es y superado por un Sabadell más intenso, más concentrado y, en definitiva, con más ganas e ilusión.
Y no sería que Iván Ania no lo avisó. El asturiano sabía a la perfección lo que se iba a encontrar en la Nova Creu Alta. Lo analizó en la previa… y lo clavó. El problema es que los suyos parecieron no atender en clase durante la semana. Porque resultan absolutamente inexplicables los diez primeros minutos del conjunto blanquiverde en Sabadell. “Si tenemos pérdidas contra el Sabadell vamos a darles muchas opciones de poder llegar a zona de finalización”, decía en la previa. Pum. La primera, en la frente. En el minuto 4, la primera. Error de Álex Martín y susto de Priego. Pero lo peor estaba por venir. Y será que no se afanó el asturiano en incidir en la importancia de no tener pérdidas absurdas. Para qué, debía estar pensando en alguno de los primeros planos que le dedicaba la retransmisión televisiva.
Porque un minuto después, Guilherme (la gran novedad en el once), se convirtió en el mejor jugador del Sabadell. Solo él sabe en qué estaba pensando para darle el balón a Éder, que venía de cara, en carrera, y con un futbolista pegado a su espalda en la frontal del área. ¿Qué podía salir mal? Todo, claro. Quadri agradeció el regalo y se la regaló a Gioacchini para hacer el primero. Pero no sería ese el único mal rato de la primera parte, ya que cinco minutos después, Urri, con todo el tiempo del mundo para recibir, levantar la cabeza y pensar, encontró un pase a la espalda de Rubén Alves que el propio Gioacchini convertía en el 2-0 después de que el VAR corrigiera el inexistente fuera de juego decretado en primera instancia.
El videoarbitraje no había hecho sino comenzar su andadura en la Nova Creu Alta. Porque, pasado el cuarto de hora de juego, entró en acción para anular una falta de Édgar González sobre Percan que dejaba solo al delantero leonés frente al portero. Gordillo Escamilla, en el directo, señaló falta y amarilla, cuando en realidad debió expulsar al ex del Betis. Por eso el VAR estuvo más de cuatro minutos deliberando. O roja (discutible ante la cercanía de Catalá en la acción) o ni falta. Y de ahí se sacaron unas imágenes nada aclaratorias en las que, según Iván Caparrós Hernández, ni existe el contacto. Surrealista todo.
Como lo fue la forma de defender del Sabadell al único arranque de orgullo del Córdoba en la primera parte. Fue Diego Bri el que cogió la pelota, batió líneas y se presentó ante Fuoli que, al cruce, derribaba al alicantino. Penalti claro que se encargó de transformar Carracedo para hacer el 2-1. Lejos de espolear al conjunto blanquiverde, el Sabadell fue creciendo en el partido y volvió a meter el miedo en el cuerpo con varias acciones en las que la defensa cordobesista asistía impasible. Como si no fuera con ellos. Afortunadamente sin consecuencias, lo que permitió a los de Iván Ania acabar algo mejor el primer acto, con dos buenas oportunidades de Percan que se marcharon al limbo.
Lejos de que lo sucedido en los primeros cuarenta y cinco minutos sirvieran de algo, lo que ocurrió en el inicio de la segunda parte fue que el Sabadell no amplió la renta de milagro. Ania quiso corregir introduciendo a Juan Gutiérrez en lugar de Alves y apostar por doble punta, sacando del campo a Éder y dando entrada a Enol. Sin embargo, el único que merecía el gol era el Sabadell. El Córdoba, como durante todo el partido, solo miraba sombras. Especialmente llamativa una segunda acción en un saque de esquina en el que ningún futbolista blanquiverde salió a tapar a Urri en la frontal del área. Y solo era el minuto 48.
Lo que vino después fue un carrusel de despropósitos que se repiten semana a semana. Jugadores que llegaban tarde, pases sin ningún destinatario, balones que se quedaban atrás y regates a sí mismos. Un espectáculo, por momentos, inadmisible. En las transiciones, por si fuera poco, tampoco salía el Córdoba ganador. De hecho, eran los de Ferran Costa los que estaban bastante más cerca del 3-1. Del conjunto blanquiverde no había noticias en una Nova Creu Alta que, por momentos, se entretenía más con el espectáculo de fuegos artificiales que también animaban la noche.
Iván Ania, que veía que la cosa no funcionaba, volvió a meter doble cambio. Albarrán por Budesca y Adnane por un Diarra que estuvo 65 minutos más de los que mereció sobre el terreno de juego. Porque el nivel del ex del Cádiz está siendo más que preocupante en este inicio de temporada. El caso es que esas sustituciones le dieron aire al Córdoba, que comenzó a manejar el ritmo y volver a presentarse por las inmediaciones de la portería de Fuoli. El propio Adnane rozó el tanto del empate con un disparo colocado desde la frontal del área en el 69, aunque lo mejor llegaría a falta de un cuarto de hora para el final. Justo cuando el técnico ovetense había quemado sus naves (Ibai entraba al campo en lugar de Bri), Percan encontró una conexión con Enol Rodríguez que, entrando solo entre centrales, ajustaba con la derecha a la base del palo para sellar el empate y hacer estallar a la grada visitante.
Aunque esa alegría duró poco. Y es que, pese a que el conjunto blanquiverde pudo hacer el 2-3 por mediación de un fallo inexplicable de Carracedo, fue el Sabadell el que se agenció el 3-2. De penalti y VAR mediante debido a una mano del propio extremo derecho catalán. A partir de ahí no se jugó más. El Córdoba, con algún envío largo y alguna falta lateral sobre la bocina, trató de rascar el milagro, pero la noche deja bastantes más preocupaciones que las de un simple resultado. Otra vez tres goles en contra. Un ‘harakiri’ continuo que es insostenible. E insufrible, de paso.
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