REAL VALLADOLID - CÓRDOBA CF
El Córdoba perpetra en Zorrilla un nuevo desastre (3-1)
Hay derrotas y derrotas. Lo que pasa es que las del Córdoba siempre son iguales. Semana tras semana, da igual el once o la elección concreta en momentos puntuales. Porque siempre se llega a la misma conclusión: el conjunto blanquiverde está empeñado en convertir cada partido en una exhibición de sus propias carencias. Dieciséis goles encajados hablan por sí solos, pero incluso el dato se queda corto para explicar el nivel defensivo de un equipo que en Zorrilla volvió a ser frágil como bloque y, por momentos, directamente calamitoso a nivel individual. Errores groseros, duelos perdidos, espacios por todas partes y una preocupante facilidad para conceder ocasiones fueron otra vez la carta de presentación de un conjunto que parece incapaz de corregir sus propios males.
Porque lo de Albacete, visto lo visto, tuvo mucho más de accidente que de punto de inflexión. Allí sobrevivió cuando parecía imposible hacerlo y terminó encontrando una victoria que invitaba, al menos, a pensar que podía existir una reacción. En Valladolid llegó la respuesta. Y fue demoledora. El Córdoba volvió a mostrar su peor cara, regaló facilidades impropias de la categoría y terminó firmando otro esperpento que vuelve a colocar todas las dudas encima de la mesa.
Todavía no había dado tiempo para analizar si el Córdoba estaba mejor, peor o igual que en Albacete cuando la pizarra le iba a ofrecer a los de Ania la primera alegría de la tarde. Nació de las botas de Adnane y terminó en la portería de Acevedo gracias a un autogol de Miguel Rubio. 0-1 y solo era el minuto cuatro, por lo que el escenario se le ponía más que de cara al conjunto blanquiverde. Sin embargo, lejos de aprovechar los nervios de la grada de Zorrilla, incansable en los pitos a los suyos durante la primera media hora, el Córdoba desapareció con el balón. Incapaz de hilvanar pases o aguantar mínimamente una posesión.
Eso, claro, espoleó a los de Escribá, que, sin necesidad de acudir al juego interior ni a demasiadas elaboraciones, empezaron a poner cerco sobre la portería de Guilherme de la forma más práctica posible: el juego directo sobre Latasa. Y, aunque Rubén Alves (que le forzó una amarilla al exmadridista) y Álex Martín se fajaron en esas labores, también con Arnu, el Córdoba arriesgaba demasiado yendo siempre al duelo individual. Un dos para dos que se convertía en un cara o cruz constante. O, al menos, en una invitación a pasarlo mal sin necesidad. Y eso, si bien lo supo controlar en buena medida el cuadro blanquiverde, generaba continuamente la sensación de que el equipo mucho más cerca del gol era el Valladolid. De los de Ania, más allá de una acción individual de Kevin Medina que se marchó fuera, nada de nada.
Y, finiquitada la pausa de hidratación, esa sensación se transformó en certeza. En un centro lateral, Latasa le ganó la posición a Rubén Alves, aunque su disparo con la zurda se topó con el larguero. El Córdoba seguía completamente desaparecido y sin más intención que la de dejar correr los minutos. Y eso, claro, es un peligro. Ante cualquier equipo de la categoría, pero más aún frente a un Valladolid con jugadores de primer nivel. Por eso, apenas cinco minutos después, Arnu establecía la igualada. Latasa atrajo a los centrales, Ponceau se liberó y se generó el espacio perfecto para que Garriel encontrase un pase atrás que el canterano blanquivioleta solo tuvo que empujar a la red.
A partir de ahí, y aunque sin grandes alardes, el cuadro blanquiverde volvió a merodear el área rival. Y lo hizo prácticamente en la única acción del primer tiempo en la que el balón no le quemó. Así pudo encontrar profundidad mediante Budesca, que, en una jugada prácticamente calcada a la del 1-1, sirvió en bandeja el 1-2 a Kevin Medina. Sin embargo, el malagueño no ajustó su disparo y Miguel Rubio lo sacó bajo palos. Fue lo último reseñable antes del intermedio.
El guion estaba bastante claro camino de vestuarios. Quedaba modificarlo o continuar por la misma senda. Y el Córdoba optó por la segunda vía. Más allá de retoques estéticos, con las entradas de Juan Gutiérrez y Diego Bri en lugar de Álex Martín y Kevin, la tendencia era mantener el mismo plan, de ahí que nada cambiara con respecto a lo visto durante los primeros cuarenta y cinco minutos. Los había acabado mejor el Valladolid y, como era lógico, los siguientes cuarenta y cinco los iba a arrancar de la misma manera.
Por eso, la consecuencia parecía inevitable: 2-1 en el 53’. Lo anotó Víctor, y lo hizo desnudando todas las carencias blanquiverdes. Esas que, semana tras semana, el equipo se empeña en seguir mostrando al mundo. En ese riesgo constante, en esa suerte de ruleta rusa continua, Arnu dejó atrás a Albarrán, Latasa arrastró consigo a Rubén Alves y el canterano blanquivioleta le ganó la espalda con suma facilidad a Budesca para batir a Guilherme por su propio palo. Otro error grosero, y no sería el último, en el zurrón del portugués.
Pero lo peor estaba todavía por llegar, lo que habla a las claras del nivel de la actuación cordobesista en Zorrilla. El agujero era inmenso y la contundencia, tanto a nivel colectivo como individual, era cero. O algo menos que cero. Y el siguiente en quedar retratado fue Juan Gutiérrez, rompiendo de manera asombrosa el fuera de juego, primero, y cometiendo un penalti de libro, después. El daño no fue a mayores porque Latasa decidió mandar la pena máxima a los anexos de Zorrilla, por lo que el encuentro todavía conservaba un mínimo de interés.
Pero poco. Porque, a pesar de los cambios (Theo y Enol entraron en lugar de Carracedo y Diarra), el 3-1 era cuestión de tiempo. Llegó en el 73’ y después de la enésima cantada de Guilherme Fernandes. Saque de esquina, salida a por uvas y gol de Barberá. En ese momento el duelo estaba más que decidido y lo único digno de reseñar en clave blanquiverde fue el debut de El Jebari, que disfrutó de algo más de un cuarto de hora y ofreció algún tímido destello ya en el descuento.
Así, la visita a Zorrilla confirmó que la victoria en Albacete fue una de esas que se dan una vez de cada mil. Esta vez el Valladolid sí castigó lo que los manchegos perdonaron y el Córdoba se marcha con otra actuación desastrosa en la mochila. Una más en un inicio de campeonato absolutamente insostenible.
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