Por el camino difícil

Narváez conduce el balón ante el Numancia | LOF

Lo de la jornada anterior pudo venirle bien como aviso. Lo de esta le ha sentado francamente mal. También tiene su mensaje lo que le sucedió a Córdoba en Los Pajaritos. Un autogol y una pifia defensiva le costaron bien caro a los de Sandoval, que desplegaron unos argumentos aceptables pero incapaces de compensar lo que les salió mal. No pueden permitirse errores en medio de su problemática situación. Pero eso ya lo saben. Lo de Soria podía pasar. El Numancia es un buen equipo de Segunda, que juega con oficio y picardía. Pelea por el play off de ascenso a Primera -aunque el aspecto de su graderío se asemejaba más a un bolo veraniego o un choque intrascendente de finales de curso- y tiene gente que sabe de lo que va esto. El Córdoba mostró sus avances, claro. Es mucho mejor que hace unos meses como equipo. Tiene corazón. No tardó ni un minuto en empatar cuando le hicieron el 1-0 y tuvo una última gran ocasión: Sergi Guardiola estrelló un balón en el palo. Los rojillos tuvieron más, principalmente porque se encontraron con un escenario más favorable. La presión y los nervios eran del Córdoba, al que hacer todo lo que pudo no le bastó para agarrar al menos un punto. Le toca seguir remando.

Sandoval no iba de farol cuando anunció sorpresas en el once. Más allá de la confirmación de Loureiro en el lateral derecho, de la vuelta de Javi Galán al ala izquierda, del retorno de Jovanovic y de la titularidad de Reyes, la novedad de mayor impacto fue el ingreso en el once de Álvaro Aguado. El joven jiennense tiene enamorado al de técnico de Humanes, que valora su desparpajo y su capacidad para tomar decisiones con rapidez. También su vigor físico. La entrada del talentoso mediocentro se enmarcó centro de la puesta en escena más cargada de creatividad en toda la era Sandoval. Ante la defensa menos vulnerable de toda la categoría -sólo ocho goles encajados en casa-, el Córdoba dispuso una brigada compuesta por jugadores de esos a los que les revolotean las ideas dentro de la cabeza, tipos con imaginación y un arsenal de recursos superior a la media. Reyes, Aguado, Narváez, Jovanovic... y en la punta Sergi Guardiola, la gran revelación del curso como finalizador. Muchas amenazas de ataque contra el muro rojillo. ¿Un riesgo? Absolutamente. Pero las circunstancias mandan.

Esa disposición táctica, con el atrevimiento que conllevaba, deparó una de las primeras partes más intensas que se le recuerdan a un partido con el Córdoba como protagonista. El primer cuarto de hora fue de control blanquiverde, con mucha posesión y alguna llegada intimidante. Loureiro penetró un par de veces por su lado y Juanjo Narváez intentó alguna de sus diagonales, aunque el que estuvo en un rol estelar fue Reyes. El utrerano, bastante aliviado de labores defensivas -ahí fue clave el auxilio de Aguado-, concentró sus fuerzas en la generación de acciones de ataque. Un remate suyo con la izquierda a los nueve minutos no encontró puerta ni a un compañero que lo remachara cuando se paseó por toda la línea de gol. El Numancia se asomó por primera vez a los veinte minutos, con un cabezazo de Guillermo a pase de Valcarce. Y en la siguiente acción, Guardiola la tuvo cerca. Ahí empezó una fase alocada, con el balón llegando con peligro de un área a otra. Una alegría para el espectador y seguramente una tortura para los entrenadores. Después de una oportunidad para Narváez a pase de Reyes y de otra, clarísima, de Pere Milla en un mano a mano con Pawel, el partido entró en otra dimensión. Ese desorden creó frutos.

El primer tiro entre los tres palos del Numancia lo hizo Aythami y marcó en su propia portería. El intento de despeje del canario tras una falta acabó dentro de las redes. La decepción apenas duró unos segundos. Los que tardó Edu Ramos en detectar la posición idónea de Jovanovic en su banda. El de Churriana colocó el balón al serbio para que éste progresara con él y batiera a Aitor, provocando el estallido del sector de la grada cordobesista, que se desgañitó más que nunca en la celebración. La rápida respuesta espoleó a todos. A los que dieron el golpe y a quienes lo encajaron. La dinámica siguió siendo frenética. A los 34 minutos, Pawel le hizo un paradón a Valcarce, aunque cinco después no estuvo el polaco tan afortunado en una salida ante Marc Mateu, que se la puso a Guillermo para que éste firmara el 2-1 con el que se llegó al descanso.

Forzado a la remontada, el Córdoba regresó insistiendo en su propuesta. Quiso tener más posesión y buscó las llegadas con pases largos y cruzados, cambiando el juego para mover a la defensa numantina. La precisión de Reyes resultó clave, aunque lo que sucedía después de los envíos ya era otra cuestión. Los de Joseba Arrasate eran lapas atrás. A Sergi Guardiola le cortaban el suministro. No había manera para los de Sandoval, que sufrieron un susto monumental con un remate de cabeza de Valcarce en el minuto 63 que Pawel sacó en la misma línea junto al poste. Alfaro sustituyó a un desnortado Narváez para abordar los últimos 25 minutos.

Una falta lejana la colocó Reyes en el área y Aythami, que llegaba en carrera, disparó hacia el cielo. El Córdoba no estaba cómodo, pero no bajaba los brazos. Los rojillos detenían mucho el juego con faltas en el centro del campo, con protestas por todo y las clásicas artimañas con el marcador a favor. La angustia creciente del Córdoba les favorecía. Pere Milla quiso adornarse al realizar una vaselina ante Kieszek tras robar la pelota, pero el polaco le leyó las intenciones y atrapó. Por entonces, los blanquiverdes vivían ese clásico momento de duda en el que se siente el deber de ir con todo hacia arriba mezclado con la conciencia de lo que eso supone: enseñar las costuras en la retaguardia. En esa ruleta rusa apareció Sergi Guardiola, que se escapó de su marcador para enfilar la portería en situación de ventaja. El jumillano iba solo, tras controlar con el pecho, y su disparo lo tocó ligeramente con el pecho el meta Aitor para que le pelota terminara escupida por el poste.

En los estertores del partido, Sandoval quitó al central Quintanilla para enviar al combate al punta Eneko Jauregi. No hubo manera. Pawel Kieszek subió al ataque en un intento desesperado por arrancar un punto de Los Pajaritos. El último centro del área salió de las botas del portero polaco. El pleito concluyó con una agria sensación para el Córdoba, que vuelve a tomar el camino difícil -más difícil todavía- para abordar el asunto de su salvación. Le quedan nueve partidos y debe seguir jugando con los cinco sentidos en su rendimiento y el sexto en lo que hagan los otros. Lo de depender de sí mismo sigue siendo un lujo inaccesible.

FICHA TÉCNICA

NUMANCIA, 2: Aitor Fernández, Medina, Dani Calvo, Carlos Gutiérrez, Saúl García, Diamanka, Íñigo Pérez, Pablo Valcarce, Pere Milla (Pablo Larrea, 84'), Marc Mateu (Markel Etxeberría, 89') y Guillermo (Higinio, 83').

CÓRDOBA, 1: Pawel Kieszek, Loureiro, Aythami, Quintanilla (Eneko Jauregi, 88'), Javi Galán, Edu Ramos, Aguado, Jovanovic, Reyes (Sergio Aguza, 80'), Narváez (Alfaro, 66') y Sergi Guardiola.

ÁRBITRO: Pulido Santana (Comité Canario). Amonestó con tarjeta amarilla a los locales Pere Milla y Diamanka y a los cordobesistas Jovanovic, Álex Quintanilla y Loureiro.

GOLES: 1-0 (30') Pere Milla. 1-1 (31') Jovanovic. 2-1 (39') Guillermo.

INCIDENCIAS: Partido correspondiente a la trigésimo tercera jornada del campeonato nacional de Liga 1|2|3, disputado en el Estadio de Los Pajaritos ante 2.961 aficionados, con unos 300 seguidores cordobesistas desplazados.

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