De El Arcángel a Tinduf: una sonrisa sin fronteras

Un niño entrega sus botas para los niños de Tinduf. | MADERO CUBERO
La afición celebra un nuevo triunfo del Córdoba, una alegría que será compartida por los niños del Sahara cuando puedan jugar con botas gracias a la Fundación del club

Felices como el niño que da sus primeras patadas a un balón, abandonan El Arcángel. Más que satisfechos, están contentos. La victoria es el bálsamo perfecto al mal trago; al padecimiento que, en modo alguno, en ocasiones genera el juego del propio equipo. El Córdoba no brilla, pero sabe ganar. Todavía no tiene un estilo claramente definido, si bien mientras consigue plasmar su idea en el campo, consigue estar en la zona noble de la tabla. Los resultados mandan y por el momento el conjunto blanquiverde no falla en ese sentido. Terminan con una sonrisa de oreja a oreja y así salen del estadio. Los seguidores, al tiempo que caminan, miran y comentan la situación clasificatoria. A falta de que acabe la jornada, el cuadro califal está metido en los lugares que desea. Esos que a final de temporada dan opción de saltar a Primera. Sí, esa categoría de la que tan pocos buenos recuerdos quedan.

Están felices. Como el niño que golpea una pelota. No importa que sea de reglamento o de aquéllas de plástico con personajes de dibujos animados. Poco interés tiene la marca, si es completamente nueva o si, por el contrario, tiene algún que otro parche o descosido. Es un esférico y con eso basta. Contentos se encuentran los seguidores blanquiverdes por un nuevo triunfo, tanto como el pequeño que disputa sus partidos en una plaza o un parque, que no necesita más que un rato, unos amigos y un par de piedras o un banco que hagan de portería para disfrutar. En sus encuentros no existen puntos a disputar, quizá tan sólo un orgullo que en la infancia dura lo mismo que un suspiro. Es la inocencia.

Como inocentes son y más felices serán, si cabe, los niños que en medio del desierto tratan de emular a quienes probablemente jamás verán por sus tierras. Allá, en el campo de refugiados de Tinduf, en pleno Sahara, donde el balón es lo de menos y en ocasiones, por mucho que pueda parecer mentira en estos tiempos, también lo son las botas. Botas como las que este sábado recoge la Fundación del Córdoba para enviar directamente a quienes supone un lujo lo que para otros es un bien normal y sencillo de ajar y cambiar. Antes del duelo con el Bilbao Athletic, no son pocos los aficionados que dejan un par de calzados para aquéllos que descalzos andan cuando dan patadas a un balón. Ya no tendrán que hacerlo más. Lo de golpear una pelota sin zapatilla. Contentos, tanto como la afición del Córdoba con el triunfo ante el filial rojiblanco, van a estar esos niños. Porque en el fútbol, claro está, los resultados importan, pero mucho más la sonrisa del que nada piensa en ellos. La dicha en El Arcángel esta vez lo es por partida doble: hoy y mañana.

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