Antonio López, un 'tarugo' de Johannesburgo a Calcuta

Antonio López, en su etapa en el Bidvest Wits de Sudáfrica.
El entrenador cordobés más internacional lidera al 'Spanish Team' de la Indian Super League | Natural de Pozoblanco, ha dirigido equipos en Europa, América, África y Asia

Es la suya una historia de búsqueda. Más allá de un destino laboral, de un contrato fijo o de una experiencia deportiva, Antonio López Habas (Pozoblanco, 1957) parece empeñado en conseguir un sueño personal: la creación de un equipo con sello propio que deje una huella en la historia. Y le da igual donde sea. Tiene una maleta que nunca termina de deshacer y un reto pendiente. Con eso -y con la gasolina emocional de un entusiasmo juvenil inagotable- le basta para seguir dando vueltas al mundo. Este verano se comprometió con el Atlético de Kolkata, de la Super League de la India. Asia es el cuarto continente en el que presta sus servicios un entrenador peculiar, cuyas dotes como motivador de grupos empiezan por él mismo. De Pozoblanco a Calcuta, pasando por La Paz o Johannesburgo. Como primer entrenador, como seleccionador o como ayudante de tipos tan singulares como Xabier Azkargorta o Hristo Stoichkov. Con quien sea y a donde haga falta.

Cuando este verano se le planteó la opción de ir a la India, Antonio López sintió el inconfundible ramalazo del desafío. ¿Podría ser ahí? La Indian Super League acaba de lanzar un proyecto más que vistoso. El club de Calcuta ha sido uno de los más activos a la hora de componer una formación que seduzca a los aficionados de un país en el que manda el cricket como deporte nacional. Luis García, ex del Barcelona, Liverpool y Atlético de Madrid, entre otros, es uno de los refuerzos del equipo de López, que tiene también bajo su mando a Borja Fernández (ex Valladolid y Deportivo), Jofre (ex Valladolid) o Josemi (ex Villarreal). En el campeonato indio van aterrizando, al calor del dinero en cantidad y exigencias deportivas menguantes, figuras en el ocaso de sus carreras como Del Piero, Anelka, Capdevila o Trezeguet. Éste es el nuevo reto de López, el pozoalbense errante.

Antonio López, al que llamaban 'Comino' cuando correteaba por las calles de su pueblo, encarna a la perfección, casi con exceso, ese afán por cruzar barreras ya sea girando el pomo de la puerta o a cabezazos si se tercia. El año pasado volvió a Sudáfrica, donde dirigió a dos formaciones dispares. Primero se fue del brazo de Hristo Stoichkov para llevar el control técnico del Mamelodi Sundowns, uno de los grandes del país. Cuando el búlgaro dimitió se quedó solo ante el peligro. Literalmente. Los resultados deportivos no acompañaban y las iras de los aficionados no se quedaban en simples cánticos de grada. Tuvo que dimitir. Después retornó para firmar por el Wits Bidvest, un club muy peculiar, que podría parangonarse por sus orígenes, ideario y medios con un Rayo Vallecano o, si comparamos con el baloncesto, con un Estudiantes. Y aunque el club llevaba más de tres lustros sin acercarse siquiera a la posibilidad de un título, la paciencia se agotó y López se marchó.

Asia es el cuarto continente en el que trabaja el cordobés, después de su etapa en América con la selección boliviana y el Bolívar, donde dejó profunda huella. Allí se fue acompañando a Xabier Azkargorta cuando El Bigotón, todo un romántico, vio como ayudante ideal a un joven pozoalbense que tras una trayectoria futbolística discreta (48 partidos en Primera repartidos entre Atlético de Madrid, Sevilla y Murcia) dirigía al modesto Aranjuez. Al lado del vasco estuvo en el Mundial de Estados Unidos 94 con Bolivia y se hizo un nombre en aquel país tras conquistar la Liga con el Bolívar y después, ya como seleccionador absoluto, lograr una memorable victoria en la Copa América frente al Brasil de Ronaldo. Iba camino de convertirse en un mito en la república centroamericana, pero quiso volver a España para empezar de nuevo.

Firmó frustrantes experiencias en el Lleida y el Sporting de Gijón, a los que llegó en momentos convulsos puesto que ambos acababan de descender de Primera. Malos destinos para Antonio López, que ansiaba construir un equipo más allá de la táctica del próximo domingo y la dictadura del resultadismo a ultranza. Sus arengas en el vestuario y su modo de conducir a los grupos humanos se salían de la norma. Y en ésas se cruzó en su camino Rafa Benítez, que había ascendido a Primera al Extremadura y al Tenerife antes de fichar, envuelto en un aroma de recelo, por un Valencia siempre volcánico. Como segundo de Benítez, el cordobés vivió el ascenso al cielo del club ché: conquistó, 30 años después del último, el título de Liga en un par de ocasiones y añadió al palmarés una Copa de la UEFA. El día que Rafa Benítez se marchó al Liverpool, López optó por quedarse en el cuerpo técnico del Valencia y asumir la dirección de la Escuela de Futbolistas. Aparte de ser, faltaría más, el apagafuegos oficial de Mestalla.

Y Antonio López debutó en Primera División como primer entrenador. Lo hizo en el Valencia, que destituyó a Claudio Ranieri, heredando un vestuario envenenado, ante una afición exigente por encima de los límites de tolerable y las presiones desde la directiva por dejar al equipo en la zona Champions. López recondujo la marcha del conjunto levantino, pero se quedó a las puertas de la competición continental. Detectó que no se confiaba en él y, otra vez, recogió los bártulos y buscó nuevos retos en cualquier lugar del mundo. Se enroló en el Celta -otro recién descendido de Primera- en 2007, como segundo de Stoichkov, y terminó el curso con los vigueses con una sensación amarga. Luego pasó por el Tenerife, otro histórico caído desde arriba y ansioso por recuperar el sitio. Hizo lo que pudo o lo que le dejaron. En España ya había visto -y padecido- lo suficiente. Antonio López sabía ya que su destino iba a estar lejos. Allá donde resuenan las vuvuzelas. En Pretoria, donde España conquistó su primer Mundial. Tras algo más de dos años en Sudáfrica, sintió la llamada del cambio. Ahora está en la India, en la tierra de la Madre Teresa, buscando sensaciones nuevas en un campeonato emergente.

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