Vilas y la maldición de las conversaciones pendientes con los padres ausentes

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Manuel Vilas sufre una maldición. Sobre la sala capitular del Jardín de Orive, durante Cosmopoética, han sobrevolado los fantasmas “buenos” de esa maldición, sus padres, que ya no están y que solo en su ausencia ha notado esas “conversaciones pendientes”, esas “cosas que no se dijeron” de la que uno no es consciente hasta que faltan.

Vilas, poeta y escritor de éxito, ha llenado la sala capitular de Orive para hablar de su obra y, sobre todo, de Ordesa, su último libro, que lleva ya once ediciones. Como le recordaba el presentador al inicio de la charla, Juanjo Fernández, es un texto que “te toca la patata”, verbalizaba, mientras se golpeaba el micrófono, como si esos fantasmas “buenos” también revoloteasen sobre un espacio repleto de público, como en casi todas las actividades de este Cosmopoética.

“Nadie sale de esa maldición de las conversaciones pendientes”, explicaba un Vilas que considera que tanto el ser hijo como padre son los dos momentos más trascendentales de la vida.

Ordesa es una novela que evoca la infancia de un Vilas que nación en Barbastro y al que su padre, con su familia, llevaba los domingos de verano a tomar el fresco en ese parque natural. Uno de sus primeros recuerdos pasa, precisamente, por el pinchazo de una rueda que tiene que arreglar el progenitor, con toda la familia y en una enorme recta que enfilaba el valle. “Es el libro” con el que Vilas rescata “el momento de plenitud de mis padres”, en el que busca mantener vivo ese pasado cuando “al pasar los cincuenta tenemos ya más que futuro”.

Antes, al inicio, Vilas reivindicó que en su obra se defienda a España. “España sale mucho porque he nacido aquí”, insistió. “Un alemán habla de Alemania, un ruso de Rusia y un americano de Estados Unidos”, defendió. Vilas considera “una anomalía cultural” que España sea un tabú y que “tenga que dar una explicación cuando en mi obra sale la geografía española”.

Y también habló de humor, que “inventó Cervantes en la literatura”. “El sentido del humor es una manifestación muy española”, defendió, y “eso es algo que nos hace más agradable el paso por el mundo”.

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