“El toro que es indultado está triste porque no murió como Cristo”

Venancio Blanco y su amigo el médico Manuel Concha contemplan un cristo yacente del escultor. MADERO CUBERO
El escultor Venancio Blanco expone su personal diálogo entre tauromaquia, religiosidad y flamenco

Tiene 90 años y gran parte de su vida la ha pasado fundiendo, esculpiendo y tallando. Es el escultor Venancio Blanco (Matilla de los Caños del Río, Salamanca, 1923) y expone estos días en la sala Orive 35 obras que repasa buena parte de su trayectoria pero no como una retrospectiva, sino como el particular diálogo que este artista establece con tres de sus obsesiones que le acompañan a lo largo de su larga carrera. La tauromaquia, la religiosidad y el flamenco. Y todo, con el nexo de unión de una espiritualidad tal que le hace identificar la vida y suerte final del toro bravo con la de Jesús.

“Hay una relación muy cercana entre la muerte del toro bravo y la de Cristo”, señalaba este miércoles el escultor en la presentación de la exposición. “El otro día estaba modelando un toro que, curiosamente, nunca había imaginado antes. Un toro que estaba triste; triste porque le habían indultado y había regresado al campo; triste porque no había muerto como Cristo en la cruz”, explicó.

Sin el hecho religioso, Blanco no entiende la vida. Y hace una interpretación muy particular de algunos episodios del Nuevo Testamento, como la enorme Última cena que en 3,5 metros de bronce realizó para la Fundación Mapfre. “Es la única última cena en la que Judas no tiene bolsa. Porque es una reunión de amigos, una celebración de la amistad. Y es que si no podemos salvar a Judas de lo que hizo, no podemos salvar a nadie”.

Venancio guarda una larga relación con Córdoba. “Mis primeras exposiciones en Córdoba coinciden con unos años inolvidables cuando Antonio Povedano, un joven ilusionado con el arte contemporáneo, finalizaba sus estudios en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando becado por la Diputación de Córdoba”, escibe en la hoja de sala. “Allí nos conocimos y desde entonces fuimos grandes amigos. Vivió en Madrid algún tiempo después realizando retratos por encargo y también a sus amigos - muchos de ellos poetas-. Un ambiente interesante y bonito que dio sus frutos positivos con el nacimiento de El Paso, la Escuela de Vallecas y en Córdoba el Equipo 57 entre otros”, termina.

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