El Teno más religioso se asoma al Patio de los Naranjos

Cristóbal Cordero, comisario de la exposición, junto al obispo Demetrio Fernández. | MADERO CUBERO
Una muestra de arte sacro del artista cordobés se expone en la Mezquita-Catedral hasta el 9 de noviembre

En 1989, el artista Aurelio Teno emprendió la reconstrucción del Monasterio de Pedrique. El paraje agreste de la sierra cordobesa acogió parte de la producción más mística del escultor y pintor más telúrico del panorama cordobés. Su trabajo con minerales y metales dio forma a una imaginería muy personal de santos, santas, cristos y santones que, en ocasiones, se saltaba la ortodoxia católica. El Patio de los Naranjos de la Mezquita-Catedral acoge una muestra de esta colección religiosa de Teno en el ciclo de exposiciones que se están realizando en memoria del primer aniversario de la muerte del artista.

“Fui al colegio de los Salesianos y ciertamente tengo una honda formación religiosa, pero luego la vida me condujo por otros derroteros...”, contaba el propio Teno en una entrevista concedida en 1991 a la periodista Rosa Luque. Los otros derroteros le convirtieron en uno de los artistas más singulares de Córdoba, con un estilo muy característico que le hacen perfectamente reconocible pero cuyo barroquismo no le permitió convertirse en un profeta en su tierra: Córdoba no siempre le ha tenido la consideración de público y crítica que muchos expertos reclaman para la obra de Teno.

La muestra incluye las imágenes de Santa Teresa y San Juan de la Cruz, realizadas en 1975 y que dan la bienvenida al visitante. “Miles de personas van a ver esta exposición”, señaló el deán presidente del Cabildo de Córdoba Manuel Pérez Moya. Todo en el soportal del Patio de los Naranjos que ocupa la muestra respira un barroquismo que mira cara a cara a la imaginería andaluza con el particular uso de los materiales de Teno: manos de platas esmaltada, la presencia del mármol...

La visita continúa con San Onofre y el Monje de Pedrique,que ahonda más en el expresionismo, como ocurre con El Cristo de la corona y su sorprendente rostro repujado de plata que, según los expertos, da un poético y extraño contraste iconográfico.

Teno entabló especial amistad con el obispo de Córdoba Juan Antonio Infantes Florido que ejerció de mecenas y le encargó obras para la diócesis. Algunas de ellas, también expuestas en el Patio de los Naranjos.

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