Un sufrir bueno

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Silvia Pérez Cruz y Raül Fernández Miró inauguran los conciertos de Cosmopoética con una cita difícil de olvidar| Las canciones de granada demuestran que hay vida más allá del Omega de Morente y Lagartija Nick

granadaOmega

“¡Que estés alegre!. Hay necesidad de ser alegre, el deber de ser alegre. Te lo digo yo, que estoy pasando por uno de los momentos más tristes y desagradables de mi vida”. La cita es epistolar y la escribió Federico García Lorca a un amigo granadino. El poeta proclamaba que aunque el río interior fuera un tormento, la montaña rusa emocional más agotadora, la máscara tenía que ser alegre. La voz de Silvia Pérez Cruz llora, ríe, grita, susurra cuando canta. Y muestra toda la alegría del mundo cuando habla. Ayer descubrió ambas caras en el primer concierto de Cosmopoética, que abarrotó de público entregado el teatro Góngora. Vino a presentar un disco que estuvo a punto de llamarse Un mal bo (Un sufrir bueno) y acabó titulándose granada, así, con minúscula.

Junto a Raül Fernández Miró -exRefree y un músico que ha desarrollado una de las carreras más interesantes de la última década como arreglista o productor de Kiko Veneno, La Mala Rodríguez o Christina Rosenvinge-, Silvia ha formado uno de los matrimonios artísticos más fértiles del momento. Al verlos sentados al comienzo del espectáculo parecen unos Lole y Manuel posmodernos. Es tremenda su forma de interactuar y su constante búsqueda entre cosas distintas que van mutando y que acaban dando como resultado la armonía. El don de parar el tiempo.

Granada era la ciudad de Lorca y Morente. También es el nombre de una fruta y de una bomba. Y de todo ello hay en su disco de versiones, con las que han dignificado el género haciendo suyas cada una de ellas. Desde Lluis Llach a María del Mar Bonet. De Leonard Cohen a Edit Piaf. Silvia y Raül se entregan sin piedad, con un esfuerzo físico, mental y emocional enorme, arrastrando al patio de butacas a la perdición.

Interterritoriales y plurilingües, los dos catalanes suenan a verdad. La impostura les queda muy lejos, por mucho que de ella lleguen ecos, cantando en portugués, de Teresa Salgueiro o Caetano Veloso. Y en lo flamenco, Omega. Ya sabemos qué había más allá del disco de culto de Morente y Lagartija Nick. Estaban ellos. El maestro marcó su influencia también a través de otro disco, Despegando, de donde salé Compañero, la elegía a Ramón Sijé de Miguel Hernández cuya inmensa interpretación es muy difícil describir con palabras.

Su Pequeño vals vienés es aún mejor que el de Cohen, que ya es decir, pero a este le faltaba el quejío. Y el guiño a Amy Winehouse mezclada con Beyoncé del bis posee el derecho a la alegría que proclamaba el autor del pequeño vals.

Un concierto muy muy difícil de olvidar.

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