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Marisa Vadillo: “Jamás se ha exigido tanto a la mujer como hoy en día”

Selfie de la artista autorealizado justo antes de ir a la fiesta de fin de curso de sus hijos

Marta Jiménez

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Selfie

Artista, comisaria de exposiciones, profesora de Bellas Artes, investigadora y activista. La mujer es el núcleo central de la obra y la investigación de Marisa Vadillo (Córdoba, 1976), un ideal que emerge desde el centro de la tierra hasta cada una de las disciplinas que componen el rico universo de esta doctora en Bellas Artes. Entre lo más exótico de su currículo está el haber sido candidata de Equo al parlamento andaluz -y elegida mediante primarias abiertas- en 2012.

La estrella más luminosa de su investigación gira en torno a una revolución silenciosa: la de la artistas de la Bauhaus. Este año saldrá su segundo libro sobre ellas, centrado en las diseñadoras invisibilizadas de la famosa escuela, mientras su vida discurre entre Córdoba, el tren y Sevilla.

P.¿Qué guardas en tu frigorífico?

R. La salud de mis hijos, principalmente. Pero en ocasiones han entrado maniquíes despedazados, zapatos de tacón, libros, fotos de mi suegra, globos, tangas, barra de labios…el frigorífico es un lugar fascinante.

P. ¿Para qué el arte?

R. El arte es la huella más evidente de lo mejor que hemos realizado como civilización. Es imprescindible para recordarnos quiénes somos -y hemos sido- como especie. Para emocionarnos, reflexionar, disfrutar, para aprender, protestar, gritar, callar…para existir. El arte es un salvavidas al que no podríamos renunciar. Es oxígeno de colores, sonidos, formas o palabras que nos enseña otra mirada.

P. ¿Es cierto que el arte se puede enseñar?

R. Sí, sin duda… si no tendríamos un enorme problema las facultades de Bellas Artes. Como profesora sé que tanto teórica como en la práctica el arte se puede enseñar; puedes desarrollar y llevar a un alumno en su formación artística a espacios y sitios que ni él o ella sospecha que podría llegar. Evidentemente, todos tenemos límites pero también es cierto que hay profesores que consiguen hacerlos saltar por los aires. Los alumnos son sagrados, profesionalmente no hay nada más importante que ellos.

P. Instalación, pintura, escultura, fotografía ¿todo es el mismo juego?

R. Absolutamente, pero en ese juego cada propuesta toma más fuerza en función de cómo la plantees conceptual o técnicamente. Cada manifestación plástica hoy tiene su función y yo me encuentro muy cómoda trabajando en varios registros, según lo que quiero expresar como autora. Aunque la pintura siempre me ha resultado especial, sigue teniendo algo insustituible esa creadora de ‘imágenes-materia’, como las llamó Brea.

P. ¿Te gusta cazar mariposas?

R. Sería incapaz de cazar a ningún animal, ni a una mariposa. Sí aprecio cazar el trabajo bien hecho, la satisfacción de atrapar algo por lo que has trabajado y que es complejo de alcanzar. Sí soy más cazadora de temas y asuntos teóricos que de otra cosa.

P. ¿Debemos ser optimistas ante el incipiente activismo cultural que vivimos en la ciudad?

R. Sí, creo que la respuesta privada del mundo artístico que se comenzó a generar tras el tremendo vacío que nos dejó la no nominación a la capital europea de la cultura en 2016 ha sido importante. Cada iniciativa ha supuesto un ejemplo y referente para otras nuevas, tanto en la provincia como en la capital. A pesar de las enormes dificultades que se encuentran en el día a día, son necesarias e imprescindibles. En Córdoba hay autores que son capaces de autogestionar iniciativas muy interesantes, y lo están demostrando. Hoy son referencias imprescindibles.

P. ¿Por qué la artista está tan presente en tu obra?

R. Por justicia. La figura femenina y la mujer ha sido constante en mi obra y, en realidad, en casi todo lo que he hecho porque ha sido la eterna invisible de nuestra civilización y no soy de las que se conforman con lo que no les gusta.

P. Háblanos de por qué desconocemos a las artistas de la Bauhaus

R. En el archivo de la Bauhaus puede haber unos 32.000 ediciones (monografías, catálogos o similares, al margen de los documentos originales) dedicados a la escuela de la Bauhaus. Por algo fue la más importante del siglo XX en occidente. Sin embargo, de ese número de ejemplares, muy pocos (podría decirte que no llega a 20, en varios idiomas, y casi todos editados en los últimos 15 años) están centrados exclusivamente en las mujeres que estudiaron en la Bauhaus. Yo misma me fui a Berlín pensado que habían sido seis o siete artistas las formadas allí debido a que eran el tema de mi tesis doctoral y me encontré para mi sorpresa inicial –y desesperación posterior por la dimensión que tomó la tesis- con que habían sido la mitad de la escuela. Es más, que la mayoría de ella habían sido artistas y diseñadoras de un enorme prestigio mientras vivieron por lo que están conservadas en los museos internacionales más importantes de Occidente. Fueron invisibles por el mismo motivo que todas las demás mujeres importantes de la historia: simplemente, por ser mujer y pioneras en una época que no era la propicia. Pero esto ya no tiene importancia debido a que están recuperadas y no volverán a caer en el olvido, se están popularizando a una velocidad vertiginosa. En este año, si todo va bien, saldrá mi segundo libro al respecto centrado en las diseñadoras, unas creadoras que revolucionaron la historia del diseño para siempre.

P. ¿Como definirías el mito de la femineidad actual?

R. Más complejo y castigado que nunca. Nunca ha sido tan contradictorio como ahora, jamás se ha exigido tanto a la mujer como hoy en día mientras que tenemos esa falsa apariencia de normalidad, de gratitud, de poder con todo. Es, aún más, un mito inalcanzable. Igual de cruel que todos los mitos o arquetipos que nos han afectado a lo largo de la historia pero más exigente y en más ámbitos.

P. ¿Berlín es mucho más que una ciudad?

R. Berlín es, principalmente, el espacio donde me formé como investigadora, donde construí mi tesis doctoral y a mí misma como profesional. Donde aprendí a sobrevivir en el Bauhaus-Archiv, donde comencé a leer los documentos originales, a escribir, a redactar, a pensar. Allí descubrí y formé mi perfil teórico. En mi vida hay un antes y un después de mis dos estancias en Berlín. Es una ciudad fascinante donde la cultura fluye con la misma facilidad que aquí las fiestas de mayo. Es símbolo de Europa … es mi ciudad. Aunque, sobre todo, Berlín es el nombre de la niña más espectacular que he visto en mi vida…mi hija.

P. ¿Crees que te hubiera hecho esta pregunta si fueses un hombre?

R. No. Es más habitual preguntar a una mujer por su familia que a un hombre, quizás por pudor o tradición. De hecho, hay países del norte de Europa en los que algunas diputadas se han negado a responder a este tipo de preguntas familiares debido a que sólo se las hacen a ellas. A mí no me importa, mis hijos son muy importantes y ahora mismo condicionan todo lo que hago (y dejo de hacer por ellos).

P. ¿Volverías a la política?

R. En realidad no me he ido, tan sólo he dado un paso atrás de la línea pública en un proyecto que es muy horizontal y creado desde la ciudadanía. Considero que todos deberíamos ‘estar en política’ de un modo u otro. Las últimas décadas nos han demostrado que esa idea de que la democracia es ir a votar cada cuatro años, esa dejadez ciudadana, genera monstruos y que esta actitud nos convierte en sus cómplices. De la época más pública con EQUO no tengo más que mucha satisfacción, grandísimos recuerdos, enormes amigos y mucho orgullo a pesar de lo tremendamente arriesgado que es hacer algo públicamente en una ciudad como Córdoba donde parece haber una constante sospecha en torno a las personas que intentan dar un paso adelante. Me parece una ciudad poco generosa en ese aspecto aunque yo me he sentido muy bien tratada siempre, con mucho respeto tanto por la gente con un pensamiento más afín como los que no. Sigo en política, aunque más limitada y con más responsabilidades en otros ámbitos, pero sigo.

P. En Córdoba, ¿falta más sensibilidad cultural o más ecológica?

R. Cultural. Para mí sigue siendo el motor imprescindible de esta ciudad, debería ser su ciclón ya que tiene un potencial extraordinario en todos los ámbitos artísticos. Sí hay una sensibilidad patrimonial e histórica ligada al turismo pero no cultural, al menos en un sentido contemporáneo. Necesitaríamos urgentemente tener una ciudadanía más sensible a este aspecto. El ámbito ecológico en Córdoba no está mal, hay muchos personas y colectivos históricos que llevan décadas trabajando por en este sentido pero la acción ecológica debe ser más global, ir más allá de una ciudad. La mayor parte de la legislación viene de Europa. Por eso creo que la acción en este aspecto es menor. La gran responsabilidad de Córdoba es cultural, donde tiene su campo de acción, su futuro. Lo que ha ocurrido, por ejemplo, en una década en Málaga con su Centro de Arte Contemporáneo es un faro, digno de admiración. Lo han hecho muy bien. Creo que los distintos responsables autonómicos y provinciales deberían haber generado en estos treinta años de democracia un rotundo eje cultural que fuera: Sevilla-Córdoba-Málaga-Granada.

P. Cuéntame algo que realmente te cabree de esta ciudad y algo que te encante

No soy fácil de cabrear pero si tengo que optar por algo te confieso que no soporto los puestos de caracoles en primavera, me dan un asco que me muero y no puedo soportar ni el olor. Cuando paso cerca, aunque sea en bici, aguanto la respiración.

Lo que más me encanta: volver. Al trabajar fuera, en Sevilla, la sensación de volver la vivo de un modo rutinario y habitual pero que no le resta encanto.

P. ¿Te gustaría que tus hijos vivieran aquí de mayores?

R. Si por mayores entiendes 65 años para adelante sí. Si por mayores te refieres a 25 no, el mundo es demasiado maravilloso, rico y variado como para limitar su existencia a la ciudad en la que creces. Córdoba es un buen refugio, un espacio estable para la infancia y la vejez pero –quizás- hostil en la madurez si tienes algunas expectativas… y algo me dice que mis dos hijos van a salir inquietos.

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