Luna Miguel: “Escribir y masturbarse son maneras de entrar en una misma”

.

En Caliente (Lumen), la escritora Luna Miguel (Alcalá de Henares, 1990) parte de un episodio triste (una ruptura sentimental) para reflexionar sobre la feminidad desde el interior de su cuerpo, desde el interior de su biblioteca y desde el interior de su memoria en torno a la sexualidad y el rol de la mujer ante el placer propio y el ajeno.

Un libro que, aunque está concebido como una exaltación vital de la vida íntima, no esconde algunos episodios turbios en los que se ha visto envuelta la autora. Episodios similares a los que han vivido casi todas las mujeres y que resuenan con gran fuerza estos días gracias a que la publicación del libro ha coincidido con el de la publicación de la canción Merichane, de la cantante Zahara, una tema con el que Caliente traza un interesante diálogo.

Luna Miguel, poeta, escritora y editora, una de las voces más interesantes de la literatura contemporánea en España, ha aprovechado su tournée de entrevistas promocionales para charlar con este periódico sobre algunas claves de una obra que exuda tanta ternura como sinceridad a la hora de hablar de sexo, monogamia, poliamor, literatura en tiempos de Bad Bunny.

PREGUNTA. Caliente es un libro poligenérico. Es un libro autobiográfico, un estudio sobre literatura y un ensayo sobre el rol de la mujer ante la sexualidad. ¿Cuál es la semilla de Caliente y cómo llega a ser el libro que tengo en mis manos?

RESPUESTA. Yo creo que esa semilla son mis años de periodista en Playground. Recuerdo perfectamente cuando, cada vez que a alguno de los colaboradores se nos ocurría hablar de sexo, y especialmente de sexo desde un punto de vista feminista, aquello era una locura. Las respuestas eran, por un lado críticas, y por otro, cantidad de mujeres nos escribían para darnos las gracias por escribir de esto. Así que en 2015, con 25 años, me lancé a escribir un poco de estos temas. Algunos están en el libro: la historia del dedillo, la historia de Heidi... Luego mi editora de Lumen me propuso reunirlas en un libro, pero no me convencen este tipo de libros que suman artículos. Así que finalmente han sido las circunstancias vitales en las que me encontraba las que me dieron la clave para poder hilar una historia a través de todas estas otras pequeñas historias que fui escribiendo, leyendo o investigando.

P. Sobre el libro planea un poco la sensación de vergüenza. En lo afectivo, pero sobre todo en lo sexual. Es un sentimiento que yo veo muy opuesto a la naturalidad con la que los hombres hablamos y experimentamos el sexo.

R. Exacto sí.

En ese momento, la charla se interrumpe. Luna Miguel pide perdón y se marcha a auxiliar a su hijo pequeño, que está en el baño. Cuando vuelve, todavía entre risas, aprovecha el episodio para responder a la pregunta: “Hablando de sexo, limpiarle el culo al niño era la tarea de este momento. Momento de pausa para higiene”.

P. Esto es algo que me ha pasado antes alguna vez haciendo entrevistas, pero nunca con un hombre.

R. Bueno, pues esto esto tal vez responda un poco a la pregunta que tú me habías hecho. A nosotras se nos enmarca en los cuidados a los demás pero nunca en los cuidados a nosotras mismas. Y dentro de los cuidados a nosotras mismas está la sexualidad, la masturbación, etcétera. Entonces me parece que este parón dibuja muy bien cuál es la representación de nuestro papel a lo largo de la historia. Y por eso igual de ahí viene la vergüenza. La vergüenza de que, como mi papel es el de cuidar a los demás, yo no puedo cuidarme a mí misma, yo no puedo tocarme a mí misma, yo no puedo decir que lo hago.

P. La clave es esa última cuestión. Tocarse es natural, lo que parece antinatural es que una mujer hable de ello. Pareciera que, tras entrar en la vida pública y en la vida privada, queda la vida íntima como última barrera en la que el feminismo ha de lograr la igualdad.

R. Sí, pero por suerte eso también se está replanteando y está cambiando. Creo que buena parte de los estudios que se están planteando y se están publicando recientemente ya van por ahí. Creo que ha habido varias olas y en muy pocos años. Al principio hubo libros más de divulgación; luego vinieron reclamos mucho más domésticos y relacionados con lo laboral; después vino la ola más #metoo, de contar lo que muchas mujeres habían pasado; y yo creo que ahora estamos en la ola de la sexualidad. Recientemente se ha publicado El fin del amor, de Tamara Tenembaun; se está recuperando la obra de Gabriela Wiener; se ha publicado Feminismo vibrante de Ana Requena, y un montón de historias más. Un montón de libros que, simplemente mirando las pequeñas olas, dentro de la gran ola de feminismo en el mundo editorial, es muy interesante y permite ver cómo ha ido cambiando y cómo los distintos temas se van abriendo paso. Yo espero que esta esfera íntima, que es la que estamos viviendo ahora, nos traiga muchos debates interesantes.

P. Escribir siempre es pudoroso, pero no sé si en este libro te ha costado un poco más superarlo.

R. La verdad es que no porque yo ya venía de escribir una poesía muy autobiográfica desde mis primeros poemas de adolescente hasta ahora. Lo autobiográfico siempre había sido el primer hilo del que he tirado siempre. Y siempre he escrito sobre sexo. Y además, creo que lo he hecho de una manera muy tierna y reposada. No hay nada de lo que yo haya escrito que no pueda ser leído con ternura. La ternura es algo que me obsesiona, un lugar desde el que me gusta narrar. Siempre he narrado un poco desde el dolor y el paso intermedio de la ternura me daba pie al de la felicidad, que es un lugar desde el que me gustaría escribir y del que muchas veces me he privado.

P. En el libro cuentas que El funeral de Lolita narraba parte de tu propia historia, solo que entonces usabas otra voz para enmascararlo. ¿Qué ha cambiado para que lo cuentes ahora?

R. No me apetecía contarlo en ese momento. No creo que fuera necesario. Evidentemente yo quería escribir una novela, no contar mi historia. De hecho la cuento con muchísima levedad dentro del libro. Es un capítulo muy breve en el que doy algunas pistas y sugiero más que cuento. En aquella novela era la historia lo que tenía más peso, pero en este caso sí que creo que algunas vivencias personales sí podían ser útiles para la narración. Me daba la sensación de que en Caliente podía recuperar esa historia para hablar de otras historias. Ahí hablo de las chicas de los memes, de toda la exposición en Instagram, de ciertas sensibilidades, y me era útil esta experiencia para llegar a lugares que la anterior novela no me permitía llegar.

P. ¿En qué se parece escribir a masturbarse?

R. Bueno, es un acto en solitario la mayoría de las veces. Es un acto que se hace manualmente aunque a veces te dejes ayudar o por el ordenador o por un Satisfyer. Y es algo que te permite pensar en ti mismo también. Escribir y masturbarse son maneras de entrar en una misma. Aunque yo no soy creyente en esas cosas, Betty Dobson decía que masturbarse era como meditar. Y yo creo que escribir también es una suerte de meditación. Entonces, hay muchas cosas que conectan esos dos actos.

P. ¿Te molestaría que este libro acabara en una sección de literatura femenina?

R. Bueno, realmente lo que me molesta es que la etiqueta de literatura femenina sirva para denigrar.

P. Ya es suficientemente denigrante que no exista una para la literatura masculina.

R. Exacto. A ver, yo sí que creo que Caliente es un libro que va a tener más lectoras. También porque en España hay más mujeres que leen que hombres. Así que, por mucho que la portada no esté marcada por el color rosa y por mucho que alguien despistado llegar al libro sin saber qué se va a encontrar, yo creo que el público potencial va a ser siempre más femenino que masculino. También nos burlamos un poco de este lector masculino cuando hay un público con sensibilidad LGTB que podría estar interesado en algunos de los temas que aquí se plantean. Entonces, por eso mismo, no me molestaría que se pusiera en las secciones de feminismo o sexualidad. No me lo tomaría como algo malo. Pero sí me molestaría que el lector masculino que llegue a él lo desestime por esa causa.

P. Más allá de la sexualidad, en Caliente el otro dilema es el de la monogamia y el poliamor. Y me resulta curioso que se plantee así y no como un debate entre monogamia y poligamia.

R. Sí bueno, poliamor es una palabra que está muy de moda ahora y que se utiliza mucho para plantearnos otra manera de mirar las relaciones. Y creo que es un concepto que se utiliza muchas veces muy mal, igual que hablamos muchas veces de monogamia de manera perjuiciosa. Porque el problema no es la monogamia, sino la sociedad que nos empuja a ser monógamos y si nos salimos de eso somos unos promiscuos cabrones. Entonces, lo que me interesaba de esos conceptos es que estuvieran presentes y definirlos a través de los autores y autoras que más me han emocionado, y poner casos prácticos, no solo el propio. Al fin y la cabo, el poliamor existe, aunque la palabra sea tan fea.

P. Sí, bueno, etimológicamente monogamia tampoco es que sea muy bonita.

R. Exacto. Con lo bonitas que son las palabras amor, amistad y sexo, qué mal todo lo que hay alrededor para poner etiquetas. ¡Abajo esas etiquetas!

P. La última vez que estuvimos hablando por aquí en Córdoba, no sé si lo recuerdas, fue semanas antes de la irrupción de Vox en la vida política. ¿Qué tal ves el panorama?

R. Bueno, aquí en Cataluña, además de los problemas que tenemos en España, tenemos otros tantos problemas y otras tantas vicisitudes difíciles de sobrellevar y sobretodo de quitárnoslas de encima. Es como que la clase política no nos da ni un puñetero respiro nunca. Es decir, son los protagonistas siempre de nuestra vida. No hay espacio para la cultura, no hay espacio para la intimidad, porque solo podemos hablar de política y de lo que dicen los políticos. Y me gustaría pensar que Vox se ha convertido en un meme y que su presencia en los medios ha disminuido bastante porque ya no son la novedad, a pesar de que siguen ahí. Y, con todo esto de la pandemia, como nos hemos tenido que centrar en cosas importantes como la salud, las relaciones, la educación y la ecología, quiero pensar que, como a Trump, podremos darle la patada hacia otras cosas que no sé si será mejores, pero que no harán ese ruido tan asqueroso que hacen ellos.

https://cordopolis.es/2018/11/25/luna-miguel-nos-intentan-empoderar-dentro-de-la-mierda/

Etiquetas
stats