El lugar en el que resucitan los cuadros

Enrique Ortega explica el proceso de restauración del cuadro de San Rafael en su taller | MADERO CUBERO
Enrique Ortega dirige el taller de restauración del Ayuntamiento, prácticamente desconocido hasta ahora, cuando ha entrado en su particular quirófano un paciente muy famoso: el cuadro de San Rafael de Antonio del Castillo Hay un lugar en Córdoba que casi nadie sabe que existe. Está justo detrás de la última sala de exposiciones del Museo Taurino. En la puerta, disimulada, un cartel indica que allí dentro solo puede entrar “personal autorizado”. Entramos. A la izquierda, tras un busto de Góngora, aparece la biblioteca, donde los investigadores pueden consultar los fondos bibliográficos que posee. A la derecha, arriba, en una estrechísima sala, pequeña y mal acondicionada, está el taller de restauración de bienes municipales que posee el Ayuntamiento de Córdoba. Ah, ¿pero el Ayuntamiento tiene un taller de restauración propio? Sí, lo tiene. Y se sabe ahora que ha entrado en su particular quirófano un paciente muy famoso: el cuadro de San Rafael de Antonio del Castillo que preside el vestíbulo del Ayuntamiento.El taller de restauración del Ayuntamiento es Enrique Ortega. No hay más. Aunque Ortega habla en primera persona del plural cuando se refiere a su trabajo, en estas dependencias del Museo Taurino está él solo para todo. Para hacer informes, para vigilar el patrimonio de bienes muebles que posee el Ayuntamiento (más de 3.800) y para restaurarlo. Cuando la urgencia del trabajo hace imposible atenderlo, eso sí, puede encargar a restauradores externos que se hagan cargo de alguna obra. Pero casi todo lo que necesita el Ayuntamiento, que es mucho al tener tantas propiedades valiosas, pasa por sus manos. Lo que más, cuadros de Julio Romero de Torres, que pese a ser relativamente jóvenes (algunos no tienen más de un siglo), necesitan muchos cuidados por los materiales que usó el pintor cordobés más universal.Enrique Ortega, o el taller de restauración del Ayuntamiento de Córdoba, lleva trabajando para los bienes muebles de la ciudad desde el año 2002. Aunque parezca mentira, aún hoy el taller carece de un lugar físico fijo. En estos 13 años, el taller ha estado en la Posada del Potro antes de la restauración total del edificio, en las Caballerizas Reales, en el Palacio de Orive y hasta en el edificio municipal de la calle Rey Heredia. En diciembre del año pasado se trasladó al Museo Taurino, también a un espacio provisional. El lugar que ocupa es el taller propio que debería tener el Taurino, y también el espacio reservado para los investigadores.Aunque sea de manera provisional, como una especie de hospital de campaña, entrar al taller de restauración del Ayuntamiento es como visitar un quirófano, como explica Enrique Ortega. Sobre un caballete gigantesco reposa (sin anestesia) el cuadro de San Rafael, el famoso cuadro de San Rafael que pareció que el Ayuntamiento iba a quitar de Capitulares, pero que no, que al final decidió que hacía falta restaurar. El cuadro, ahora mismo, está en mitad de la operación. Ortega trabaja sobre él con una delicadeza de cirujano. De hecho, utiliza bisturís sobre un lienzo del año 1652 que siempre fue propiedad del Ayuntamiento y que siempre presidió, de alguna u otra manera, las decisiones de los concejales cordobeses (anteriormente notables del Cabildo Municipal). Enrique Ortega explica el proceso de restauración del cuadro de San Rafael | MADERO CUBEROOrtega maneja los bisturís con una delicadeza microscópica. Para ello usa unas lentes especiales. Tras un primer trabajo de evaluación, de ver el estado real que presentaba el cuadro, Ortega asegura que su conservación podría ser peor. “El cuadro no está mal para el sitio en el que ha estado”, dice. En el pasillo de la planta noble de Capitulares, el San Rafael de Antonio del Castillo contempla a diario el paso de decenas de personas yendo y viniendo de reunión en reunión, en una zona muy iluminada y sin más protección que la de un cordón barroco de color granate que evita que los curiosos que esperan la entrada o salida de alguna cita se acerquen demasiado al lienzo. Antes, no hace demasiados años, en ese pasillo se podía fumar. Y se fumaba mucho junto al cuadro. Y mucho antes, cuando no existía la luz eléctrica, el cuadro era iluminado con velas. Bajo el bisturí, todas esas huellas del cuadro van apareciendo poco a poco.Ahora mismo, Ortega va retirando poco a poco, y por fases, la capa de barniz del cuadro, para recuperar el color original del lienzo de Antonio del Castillo. Aunque sorprenda, ahora son visibles las grietas de la pintura. Son las grietas originales. Nada que temer. Pero además, es visible el contraste de los trazos. Hasta ahora, bajo el barniz era difícil comprobar muchos de los colores que quiso aportar Antonio del Castillo a la imagen del Custodio de la ciudad. Las zonas oscuras eran eso, oscuras, donde no se adivinaba nada más que un color negro con pocos matices. Ahora empiezan a aparecer. Poco a poco, gracias a un trabajo metódico al que Enrique Ortega le está dedicando la mayor parte de su jornada laboral, en la que tiene que estar pendiente también del resto de bienes del Ayuntamiento. De hecho, en la sala superior tiene a otro paciente en plena operación, una pequeña obra de Julio Romero de Torres propiedad del Ayuntamiento y que también está muy deteriorada.En principio, el San Rafael podrá volver con motivo de su onomástica, el próximo día 24, a ser visto por los ojos de los cordobeses que lo deseen. Enrique Ortega calcula que sí, que le dará tiempo a tener concluida la restauración (en la que, por cierto, ha comprobado que en el siglo XIX el cuadro ya fue restaurado de una manera quizás algo cuestionable). Pero Ortega advierte que lo primero es el cuadro, y no la fecha. Porque, como ha sucedido hasta ahora, a la alcaldesa y concejales de hoy les sucederán otros. Al igual que a su puesto. Tras él, vendrá otro restaurador. Pero el cuadro permanecerá. Y lo más importante no son las prisas de hoy, sino el cuadro que se le acabará legando a las generaciones futuras.
Enrique Ortega dirige el taller de restauración del Ayuntamiento, prácticamente desconocido hasta ahora, cuando ha entrado en su particular quirófano un paciente muy famoso: el cuadro de San Rafael de Antonio del Castillo
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