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La poesía todo lo puede, démosle paso a la poesía

José García Obrero

Marta Jiménez

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El poeta cordo-barcelonés José García Obrero no es ni un rap ni un tema de rock ni una balada country. Ni siquiera un grueso rhytm’n blues aunque lo silbe en los versos de La música.

Tampoco se ha convertido en un artista performativo por mucho que la presentación en Córdoba de su último poemario lo pareciese. Sillas formando una retícula en el patio de la Fundación Botí que llenaron lectores con Tocar arcilla al fondo (Siltolá Poesía, 2021) abierto en su regazo.

Ayer fue un creador decidido a volver a apostar por la oralidad de la poesía y por una presentación lo más cercana posible a las que sucedían en el mundo anterior a la pandemia. Con el corazón de la Judería como escenario, ese lugar que la crisis turística ha devuelto completamente desconectado de la ciudad, García Obrero vino a susurrar que la poesía permanece.

La poeta Elena Román, encargada de introducir y presentar los nuevos versos del poeta y traductor en un entorno de #culturasegura, comenzó por lo técnico de la roca sedimentaria que da título al libro, para llegar a confesar que las cuatro partes de este poemario -flor, sed, ceniza y sombra- respiran “intensamente lo mineral”. Un recorrido “sumamente personal” que para la poeta se extiende “como una sucesión de preguntas que no siempre tienen respuesta, como quien echa pájaros a volar”.

El cuarto poemario de García Obrero, autor que obtuvo el premio Ciudad de Burgos con su anterior libro La piel es periferia y que es impulsor de Poetas por el clima , asegura que los poemas de este libro “continúan” otros ciclos poéticos anteriores. Su mayor deseo es que sus versos interpelen al lector y dialoguen con él, por eso tener enfrente a un puñado de lectores siguiendo sus poemas de forma simultánea a través de los ojos y los oídos debió darle una alegría doble.

Los cuatro mantras en que se divide este poemario conectan con la máxima budista que dice que si realizamos una práctica de manera continuada durante cuarenta días, adquirimos el hábito. Cuando el poeta comenzó a escribir estos poemas en 2016 su idea de cuarentena era ligeramente distinta a la que tiene ahora. Él quiso tocarla “desde todos los enfoques culturales posibles” y desde su propia cuarentena, en la que se halla: “varias capas que se han ido superponiendo a otras capas hasta dar lugar al cuerpo definitivo de Tocar arcilla al fondo”.

La infancia, la adolescencia y la vida adulta, incluso “la recreación de la vida adulta que se hace en la niñez”, recorren este poemario en el que “agosto era un pueblo lejanísimo” y en el que la penumbra, los tonos grises, son un territorio “en el que aparece el hecho poético”.

“Desde un portón se aproxima imparable la gran sombra/ y en vez de huir, sabiéndonos unidos, la velamos”.

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