Las desventuras de una película vetada

FOTO: CORDOPOLIS
El Festival de Cine Africano logró burlar la censura y la guerra siria para proyectar un documental prohibido

La historia tiene todos los ingredientes de un buen thriller: La búsqueda de una película prohibida y después perdida en un país, Siria, que sufre desde hace meses el horror de una cruel guerra civil; un productor desaparecido; un salvador inesperado a través de las redes sociales...

En la nueva sección Panarábica del recién clausurado Festival de Cine Africano de Córdoba se incluyeron dos películas del director sirio Omar Amiralay a modo de homenaje. Él fue una de las figuras más emblemáticas del género documental árabe. Fallecido en febrero del año pasado, es autor de Vida cotidiana en un pueblo sirio e Inundación en el país del Baas, dos títulos fundamentales para entender su filmografía, pues la abren y cierran con tres décadas de diferencia, entre 1974 y 2004.

Las dos cintas se rodaron en la misma zona de Siria, en el Este al borde del Éufrates, que está siendo una zona muy castigada por la guerra: Der elZor. “La última película, Inundación en el país del Baas, fue fácil de conseguir porque la distribuye una productora francesa”, explica la directora del festival, Mane Cisneros. “En cambio, conseguir la primera película de su filmografía, Vida Cotidiana en un pueblo sirio, fue una odisea”, prosigue la directora. La obra fue y es una película censurada en su país, lo que dificultaba enormemente su importación.

La película es propiedad del Instituto Nacional de Cine de Siria. Tras consultar con Casa Árabe, los organizadores trataron de localizar una copia a través del festival sirio de documentales Dox Box, que tenía los derechos de la película. Pero la guerra ha obligado a que la última edición Dox Box se haya tenido que realizar fuera de Siria. Además, el propio director del festival, Orwa Nirabia, había sido arrestado por el régimen sirio en la frontera y era imposible hablar con él. Aunque, finalmente, fue liberado hacia el 15 de septiembre.

Antes, los organizadores habían contactado sin éxito con otros tres cineastas sirios, y con Hala Abdallah,la productora de Omar Amiralay. Pero resultó ilocalizable. “Finalmente, de casualidad y a través de las redes sociales conseguimos localizar a un productor tunecino, Moncef Taleb, nuestro ángel, que de forma desinteresada ha conseguido una copia de la película y nos la ha hecho llegar”, explica Cisneros.

“Su argumento es que las películas de Amiralay tienen que ser vistas, sobre todo por los momentos complicados que vive Siria. Amiralay es el icono de cineasta rebelde y autodidacta, que organizó un cineclub en Damasco en los años 60 y en los últimos años había montado una escuela de cine en Amán, Jordania, para promover a los jóvenes talentos del cine”.

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