¿Confinamiento creativo? El arte como terapia ante un escenario incierto

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¿Qué efectos tiene en el arte el aislamiento? ¿Puede un evento de esta magnitud llegar a cambiar la obra de un artista? ¿Es posible abstraerse de la realidad en un momento como este para generar obra artística, músical o poética?

Mientras el mundo a nuestro alrededor se está reconfigurando, seguimos asumiendo con naturalidad la imagen idealizada del artista que vive ajeno a la realidad, absorto en su obra, sin más compromiso que su arte, ya sea pintando, componiendo o escribiendo. Y esa imagen puede llegar a chocar con la realidad.

Sobre todo en momentos como el actual, en el que las barreras entre lo personal y lo poético se difuminan ante la inercia de un confinamiento que se ha alargado más de lo imaginado y ante un escenario incierto al final del túnel. En este marco, CORDÓPOLIS ha charlado con tres artistas para escuchar de viva voz cómo ha influido la actual situación en su rutina creativa.

María José Llergo: “El arte no obedece. Y si obedece no es arte, es otra cosa.”

La cantante María José Llergo estaba viviendo un año muy especial. Acababa de sacar su primer disco, el pasado 31 de enero, apenas un mes antes de la pandemia estallara en España. Un disco, celebrado por la crítica y el público, que para colmo se llama Sanación, y que era producto de años de trabajo. Evidentemente, como todos los músicos de España, su situación hoy es delicada. Pero a favor juega que curiosamente ella había decidido tomarse un pequeño break antes de que el Gobierno decidiera imponer el estado de alarma.

“Yo llevaba un año y medio sin parar de trabajar y había decidido tomarme un mes para descansar”, recuerda la artista, confinada en un cortijo en su localidad natal, donde tenía previsto pasar unos días con la familia. El cuerpo le pedía calma para escuchar nuevos cantes y para viajar a Granada. Al final, todo eso se ha truncado, y ahora está “en el campo, de ermitaña”.

Lo positivo es que está en casa de su abuelo, en un sitio que le gusta, le inspira y le trae muchos recuerdos -“es el sitio donde más agusto he cantado en mi vida”, dice-, pero que no le impide asumir la contradicción que ha traído la pandemia: “Antes no tenía tiempo para disfrutar de las cosas y ahora tengo mucho tiempo pero no lo puedo compartir con nadie”.

¿Y cómo le afecta? “Esto no favorece en absoluto. Estoy en un espacio en el que yo pensaba conectar con mi familia, y ahora, por todo esto, pues se ha visto parado. La semana de antes del confinamiento había estado en ocho ciudades. Para mí ha sido como un frenazo en el que casi me como el cristal del coche”, señala la cantante, que reconoce que, a pesar del shock inicial, no siente ansiedad ante el futuro, ya que “al final, la precariedad y la incertidumbre son el pan nuestro de cada día”.

Lo que sí hace más mella en su creatividad y en su estado de ánimo es la doble realidad. La que media entre su vida en el campo, escribiendo y componiendo en el estudio casero que ha montado; y la que le asalta cuando coge el móvil, abre las redes sociales y pone la tele. “Ese maremágnum está hecho para meterse en tu cabeza. Pero yo lo que hago es buscar otros espacios que a mí me nutren. No quiero sentir ese miedo”, rechaza la artista, que reconoce que su vida artística y su vida personal están tan relacionadas que a veces pierde “la línea entre una y otra”.

“Yo canto lo que vivo. Pero ahora siento un poco de presión social, porque todo el rato y a todas horas hay como una ola de personas que te dicen: Haz directos, comparte música. Y yo necesito decir: Espérate. Porque el arte no obedece. Y si obedece no es arte, es otra cosa”, reflexiona Llergo, que, más allá de esa presión por mostrar, ha sido capaz de abstraerse y escribir varias canciones -ninguna relacionada con el coronavirus- y para grabar unos cuantos vídeo-poemas.

Juan Antonio Bernier: “La ausencia de estímulos externos ha derivado en una especie de bloqueo”

El poeta Juan Antonio Bernier también ha escrito algunos poemas durante la cuarentena. Algunos han debido ser muy buenos, pues han pasado su corte y los ha incorporado a su nuevo libro, una obra que ha sido la principal beneficiada del estado de alarma. Y es que el nuevo título poético del autor se ha llevado parte del tiempo extra que le ha brindado el parón de su actividad como docente en Algeciras, una ciudad que, según confiesa, sí que ha sido realmente inspiradora.

“Vivir cerca de la casa donde se dice que Nick Drake compuso Pink Moon ha afectado a mis nuevos poemas mucho más que las consecuencias del coronavirus”, explica Bernier en conversación telefónica. El poeta reconoce que, cuando estalló la pandemia, estaba en un momento en el que se sentía muy fuerte a nivel creativo, por lo que aprovechó el confinamiento para corregir ese libro que tenía a punto de publicar y añadir los nuevos poemas.

El problema es que cualquiera que haya leído a Bernier sabe que su venero es, en gran parte, producto de sus vivencias, de su vida en la calle y de sus conversaciones. Él mismo lo reconoce. “Toda esa ausencia de estímulos a la larga ha derivado en una especie de bloqueo. Es decir, la tranquilidad inicial, ese tiempo que de repente nos sobraba me vino muy bien, pero con el paso de los días, la ausencia de estímulos externos ya no me ha beneficiado tanto. Aunque creo que el balance ha sido positivo”, resume.

Claro que, aunque no lo tenía planeado, la situación anómala que estamos viviendo, ha acabado también incorporada en su nuevo libro. “No ocupa una posición central, pero sí un pequeño lugar, pues ha sido el estímulo principal durante este tiempo, en el que también he investigado referencias literarias en torno a experiencias parecidas”, indica el autor.

¿Y cómo son sus nuevos poemas? “Pues tratan de poner en valor la energía que teníamos antes de que ocurriera todo esto. El optimismo, la vitalidad, las ganas de hacer cosas. No son angustiados ni herméticos”, dice Bernier, que reduce el confinamiento más allá de las ventanas: “No hemos estado confinados en nuestras casas, sino en nuestras cabezas. Para bien y para mal. Hemos vivido más que nunca en nuestra cabeza”. Y de la suya, por ejemplo, ha salido este verso:

“Ya casi sólo escribopara rezar en tu contra:imaginación general”

¿Y ahora, qué toca? A Bernier se le adivina una sonrisa detrás del teléfono cuando piensa en ello. “Me hacen gracia las expresiones vieja y nueva normalidad. No recuerdo haber vivido nunca en ninguna normalidad”, acaba reconociendo el poeta

Miguel Gómez Losada: “Si estás sano, tu obligación moral es ser luminoso”

A cientos de kilómetros, el pintor Miguel Gómez Losada vive ya inmerso en una nueva normalidad. Para él, la nueva normalidad ha sido “el invierno más largo” que ha vivido desde que se mudó a Sevilla. Se ríe pensando en que el hecho de que el virus haya aplastado el calendario litúrgico sevillano a él le ha venido de perlas, pues su obra y sobre todo su ritmo de trabajo, se nutre de “todo lo que sea invierno, frío y nublado”.

Así que este invierno largo, que ha ganado medio mes de marzo y un mes de abril, le ha ayudado a concentrarse mejor en su trabajo, tras haber pasado las dos primeras semanas encerrado en su piso sin acudir al estudio, situado a apenas unos metros de su casa. De aquellos primeros días guarda el recuerdo del salvavidas: “La verdad es que la vida es insoportable sin el arte. El arte es un bien de primera necesidad”, señala al respecto el artista cordobés, que confiesa que su estado de ánimo vive en continua oscilación, como la noria del Tívoli.

En general, cree que lo vivido puede tener efectos positivos, siempre y cuando uno sea capaz de superar la incertidumbre que rodea al mundo del arte y, sobre todo, siempre cuando el artista pueda silenciar “la realidad mediática y el calendario oficial”. En ese sentido, lo tiene claro: “Para trabajar desde lo poético, hay que evitar a toda costa los mensajes que te dicen lo que tienes que vivir”.

Ello a pesar de que asuma que en este caso le ha sido difícil abstraerse de la realidad. ¿Cómo lo ha hecho, entonces? “Si tú estás sano, tu obligación moral es ser luminoso. Tu obligación es crear belleza, que para eso estás sano”, afirma el pintor, que reconoce que eventos de esta magnitud pueden llegar a cambiar el estilo del arte.

En este sentido, reconoce que, si bien a él no le interesaría que su trabajo acabara siendo “una ilustración del coronavirus”, no descarta que todo lo que le rodea tenga algún efecto en el mundo del arte. “Puede suceder que, una vez visto lo frágil que es la vida, que el aire puede contener veneno mortal, que le hemos visto las orejas al lobo, pues ahora, por efecto contrario, se empiece a ver una obra más esperanzadora, más de culto a la vida o de celebración”, reflexiona al respecto.

Lo que sí tiene claro Gómez Losada son dos cosas: que estar semanas sin hacer nada puede ser bueno para cualquier artista; y que el arte, por primera vez, debe tener un papel protagonista en la vida de las personas. “Yo creo que es el momento de que el arte deba dejar de ser el secundario en una obra de teatro de la política”, remata.

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