La 'bulla' justa para disfrutar del flamenco al aire libre

La Lupi, al baile, en la Calahorra | TONI BLANCO
La Noche Blanca del Flamenco 2016 lo tuvo todo para poder disfrutar de los conciertos: menos multitudes aunque mucha gente y una temperatura agradable

Hasta hace unos años, el flamenco se disfrutaba de cerca. En las tabernas, en las peñas y en los tablaos el público tan cerca de los artistas que incluso el público sentía cómo vibraba la mesa en la que estaba sentado con el cante y las guitarras. Ahora, el flamenco ha saltado de la taberna a los teatros y también ha conciertos de masas como el de La Noche Blanca del Flamenco de Córdoba, donde miles de personas disfrutan a la vez de un espectáculo único: una sucesión de espectáculos gratuitos y al aire libre durante la madrugada cordobesa.

A diferencia de otras Noches Blancas, la de 2016 ha tenido lo justo para disfrutar de los conciertos. Una multitud acompañaba los espectáculos (todas las plazas se llenaron), pero la masa no era ni tan espesa ni tan a veces ruidosa como en años anteriores. A esto se unió una temperatura agradable, alejada de ediciones anteriores donde el bochorno hacía que los servicios sanitarios se afanaran en atender lipotimias.

El espectáculo arrancó en las Tendillas, con Argentina que nada más salir al escenario ya arrancó los vítores de un público entregado a la causa. Su garrotín hizo hasta bailar a muchas jóvenes que buscaban ver mejor subidas encima de los gigantescos parterres de las Tendillas, mientras el público no paraba de llegar a la plaza desde todas las direcciones.

El epicentro de la Noche Blanca estuvo en Claudio Marcelo, Diario Córdoba y San Fernando. Tras la Argentina, el público se entregó a un recorrido que prestaba a hacerlo. Pastora Galván esperaba en el Compás de San Francisco y la Lupi en La Calahorra. Después, gran parte de los flamencos nocturnos cordobeses esperaban a Tomatito en la Corredera, en un concierto en el que desde antes de que empezara La Noche Blanca ya había cola para coger el mejor sitio. El que fuera guitarrista de Camarón de la Isla no defraudó.

A la misma hora, José Antonio Rodríguez tomaba el Patio de los Naranjos y poco después Marina Heredia hacía lo propio en la plaza de San Agustín, en lo que era el concierto más esperado para los flamencólogos. Juan Valderrama y la escuela Yo Canto encaminaron la Noche Blanca hacia sus últimas horas, que concluyó ya casi de día en la Plaza del Triunfo con David Palomar+UHF.

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