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Presentación del avance del 45 Festival de la Guitarra.

Juan Velasco

29 de enero de 2026 20:09 h

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No es la primera vez que lo dejo dicho: en el alma de cada cordobés hay un entrenador de fútbol y un programador del Festival de la Guitarra. En una maravillosa película decían que uno puede cambiar de cara, de esposa y hasta de familia, pero no de pasión. Y el festival, para bien o para mal, sigue despertándolas, incluso entre quienes ya no esperan nada de él y aun así analizan cada cartel solo para mostrar públicamente su decepción.

El avance de este año, conocido el martes, ahonda la brecha. Lo que se hizo bien en la edición anterior —anunciar antes, promocionar mejor, sorprender— no se ha repetido este año. ¿Qué ha cambiado? Pues es obvio: el Festival de la Guitarra ya no está solo como reclamo musical estival en la ciudad. Los principales poderes municipales están más interesados en el triunfo del Córdoba Live, una iniciativa privada, pero regada de dinero público -aún pendiente de cobrarse, todo sea dicho-, que les parece más interesante que una cita que suma cuatro décadas en activo, que se ha copiado y replicado en varias ciudades, pero que se gestiona desde lo público.

Por si la falta de amor no fuera suficiente, las promotoras que impulsan el Córdoba Live controlan también muchas de las giras que tradicionalmente encajaban con la filosofía del Festival de la Guitarra. Y no las venden baratas. Ese es el escenario en el que se está organizando la 45 edición.

A todo esto se suma una miopía política que no detecta una oportunidad clara: tras el estallido de la burbuja de los festivales, las propuestas con identidad y de nicho son más atractivas que nunca. En Córdoba, sin ir más lejos, hay ejemplos como Sonraíz o Al Fresco, que cuentan con respaldo crítico y de público a partir de una filosofía antimacrofesti.

El Festival de la Guitarra tiene todo el potencial para ser ese otro tipo de festival. Pero eso requiere trabajo, cohesión y apoyo por parte de los poderes públicos (y el público) que lo sostienen. En frente, ahora mismo, lo que tiene, paradójicamente, es a un macrofestival que ha copiado lo peor de su deriva reciente: entre los primeros cuatro nombres que ha anunciado el Córdoba Live solo se ofrece nostalgia y pasado (ni un solo éxito en las últimas dos décadas).

Por eso, al Festival de la Guitarra no le queda otra que reconstruirse y volver a su esencia. Quizá así vuelva a ser un festival en el que pasan cosas.

David Uclés.

La derrota

La noticia cultural de la semana en España es que el escritor Arturo Pérez Reverte ha tenido que cancelar sus jornadas sobre la Guerra Civil. Y que, en un alarde de baja estofa (una expresión bastante revertiana), ha culpado a su colega David Uclés de bajarse del acto y montar un motín con ello; y a la ultraizquierda (esa cosa mitológica) de amenazar con boicotear su congreso equidistante.

No tengo datos sobre cómo fue realmente el contacto y la programación de Uclés en el acto. Él dice que fue de una forma y los organizadores (Pérez Reverte y Jesús Vigorra) que fue de otra. Es igual. Uclés tiene derecho a no asistir y a expresar públicamente el porqué, y los organizadores a defender su cosa, también públicamente.

Respecto al primero, tengo mis dudas de que Uclés haya estado acertado al comunicar que no iría al acto por no coincidir con un presidente democráticamente elegido como José María Aznar, aunque esté en su derecho. Estoy mucho más de acuerdo en que critique la presencia de Iván Espinosa de los Monteros. Desde luego, si hay una familia que jamás perdió la guerra, fue la suya.

En cualquier caso, el aplazamiento del congreso por las presuntas amenazas me parece una victoria pírrica para el espectro progresista (por mucho que la aplauda públicamente el presidente del Instituto Cervantes) si se tiene en cuenta que llega apenas unos días después de que un reputado humorista, Quequé, y una divulgadora de izquierdas, Elena Reinés, hayan anunciado que dejan la primera plana por amenazas de muerte reales por parte del espectro de la ultraderecha.

¿Son todas las capitulaciones iguales? Para nada: a Pérez Reverte, sin una sola prueba que respalde las presuntas amenazas y buena parte de su discurso, todo el mundo le ha puesto el micro y ha llenado titulares a izquierda y derecha. Ahora, busquen ustedes comprensión y compasión hacia Quequé y Reinés por parte del espectro centro-derecha. 

Esa otra guerra sí que se está perdiendo. Escuchen a Facu Díaz en este hilo.

Y esa, hoy, quizá sea una de las pocas batallas que conviene pelear.

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