El Barrio lleva a Córdoba bajo el ala de su sombrero

Concierto del Barrio en la plaza de toros de Córdoba | TONI BLANCO
El cantante gaditano presenta en la Plaza de Toros su último trabajo, “Hijo de Levante”, tras tres años de ausencia

Un solo de batería. El preludio de que la noche iba a ser estruendosa, la apoteosis de una voz que ha estado callada -en Córdoba- durante tres años. Estaban todos. Él, con sombrero, pantalón y camisa de riguroso negro. Su nueva banda. Y los de siempre. Sus ‘barrieros’, quienes llevaban mucho tiempo esperándole, con sus sombreros guardados en los armarios y preparados para cuando llegara la ocasión.

Y comenzó. Dio la bienvenida con su He vuelto, avisando de que El Barrio retornó para quedarse, que no está muerto “aunque algunos lo quisieran”. A lo largo de dos horas y media, la Plaza de Toros disfrutó de ese levante que tan molesto se hace en tierras gaditanas. Pero que aquí supo a regreso.

Durante la actuación, desgranó cada una de las letras de su undécimo trabajo, Hijo de Levante, que es ya triple disco de platino. Canciones como De lobo a cordero, Buenas noches amor o Sr. Zapatones. Con la colaboración de Manuel Ibáñez al teclado, rindió homenaje a los grandes, a aquellos maestros que no entienden de edades ni de tiempos: Triana y su frialdad; paseó por la Mezquita gracias a Medina Azahara, caminó de la mano de Camarón y recordó que todo tiene su fin.

Con una camiseta diciendo al mundo ‘Soy barriero’, dio un repasito a “todos esos señores que nunca me quisieron”, aquellos que elevaron su ausencia a asunto de Estado. Osados quienes hablaron de una supuesta enfermedad terminal.

Lanzó su órdago a la prensa, al maltrato y al incivismo que rodea a la sociedad. Pero que, aún así, no hay nada que no pueda arreglar el amor. Y es que El Barrio es un poeta rendido a este sentimiento, con sus luces y sus sombras. Habló de los infortunios, de las vanidades y de las cadenas del amor más canalla, siempre toreando al destino.

Sobre el escenario no mostró únicamente el aire nuevo. Se revistió de las letras que allanaron el camino hacia lo que es hoy: Quiéreme, Ángel malherido y Pá Madrid. Porque El Barrio no olvida de dónde viene. De su Santa María. Volvió en junio pero entonó su Enero y el frío de su sombrero.

El fin de fiesta lo marcó su Somos los barrieros. El público dio las gracias de la mejor manera posible: en pie y con sombrero en mano. Ya no hay incertidumbre. Sólo presente. El Barrio ha vuelto. Por los menos, para 17 años más. Que sople el levante.

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