El arte de Tomás Egea en las manos

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“Con Tomás me atrevía a todo”. La confesión es del arquitecto Gerardo Olivares y la hizo anoche ante casi un centenar de personas, algunos de ellos pertenecientes a esa Córdoba de otra época en la que confluyeron un grupo artistas e intelectuales hoy irrepetibles, que acompañaron la presentación del catálogo de la exposición Tomás Egea 1933-2018 en el salón de actos de Vimcorsa.

Olivares quiso recordar a su “entrañable” amigo y colaborador a través de historias concretas sobre cómo fue trabajar con él, por ejemplo, el el famoso mural del Banco Coca (ayer en Ronda de los Tejares y hoy trasladado al Campus de Rabanales), uno de los iconos de esa otra época y del que muy pocos ciudadanos conocían su autoría. “Los arquitectos no llamábamos a Tomás para que viniera a decorar algo cuando habíamos acabado un edificio. Él estaba desde el principio”, relataba Olivares puntualizando que fue otro arquitecto, Rafael de la Hoz, quien abrió la puerta a los artistas modernos de la época, como Povedano, Ginés Liébana o Equipo 57, para participar en la arquitectura contemporánea. “Tomás intervenía, captaba lo que el arquitecto quería”, ya fuese haciendo un pirograbado, una escultura de acero inoxidable, un dibujo o un mosaico como muestran, escondidos, tantos lugares por descubrir de la ciudad.

Este es el primer estudio monográfico que se realiza sobre el artista al igual que la exposición que acoge la sala de Vimcorsa hasta agosto es la primera retrospectiva sobre Tomás Egea. Su obra y su archivo, como tanta obra repartida por la ciudad, también está por investigar. “Queríamos hacer un catálogo no razonado pero sí significativo de todos los campos que ha tocado. Es una guía para seguir investigando, ya que la historia tiene que estar abierta para que otros la interpreten”, en palabras del comisario de la exposición y autor del catálogo, Jesús Alcaide.

Un dibujo que muestra a público llenando una exposición y que formó parte de la muestra Nuestra ciudad en la Galería Estudio 52 ilustra la portada de la guinda de este proyecto que comenzó hace año y medio, con el artista aún vivo y formando parte activa de la selección de obras para esta exposición, y que supuso “un diálogo infinito sobre arte entre dos generaciones”, las que representaban Alcaide y el propio Egea.

Sorprendente resultó escuchar por parte de las autoridades presentes en la sala, la presidenta de Vimcorsa, Alba Doblas, y el delegado de Cultura del Ayuntamiento, David Luque, el hecho de destacar lo “meritorio” que resulta tener abierta la sala de Vimcorsa. Por desgracia, lo que resulta aún más sorprendente para los espectadores y ciudadanos a estas alturas es que se editen catálogos como el que tenemos entre manos. Un libro, el primero en el caso de este artista, sobre una figura significante en el arte contemporáneo en Córdoba.

Por tanto, siendo optimistas y como le ocurría a Gerardo Olivares, tal vez esta guía también ayude a expandir el atrevimiento que emergía de Tomás Egea. Y ya puestos, ese germen de modernidad que tanto cuesta amarrar al suelo y al aire cordobés.

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