Villanueva del Rey, donde Miguel Blesa se refugió

Entrada a la finca en la que se han producido los hechos | MADERO CUBERO

A Miguel Blesa le gustaban las setas que sirven en el Café Español, un bar restaurante en el centro de Villanueva del Rey, el municipio cordobés de 1.200 habitantes donde esta mañana ha sido hallado el cadáver del exbanquero.

“Era un cliente excelente, una bellísima persona. Siempre que venía con sus amigos o su esposa lo primero que hacía era darme un abrazo”, contaba, compungido y sin demasiadas ganas de hablar Ángel, dueño del establecimiento.

Poco se sabe todavía de las circunstancias exactas de la muerte de Blesa. Implicado desde hace años en algunos de los casos de corrupción financiera más sonados y mediáticos del país como Cajamadrid –de la que fue presidente- y las tarjetas black, el alto ejecutivo solía refugiarse de micrófonos y focos en la sierra de Córdoba.

Aficionado a la caza, la finca de Puerto del Toro era el lugar ideal para apartarse de todo. Amigo de sus dueños, la caza mayor disponible entre la dehesa era su manera de relajarse. Allí, en un aparcamiento, le han encontrado esta mañana con el pecho volado por los cañones de su escopeta.

“Todo apunta a que estaba solo cuando se produjeron los hechos. De eso sí estamos seguros”, cuenta el alcalde de Villanueva del Rey, Pedro Barba. “Nos enteramos esta mañana sobre las 10:00, cuando nos avisó la Guardia Civil. Casi inmediatamente, apareció en la prensa y todo se precipitó”, confiesa abrumado por la presencia de medios en el pequeño municipio.

Según fuentes policiales, Blesa llegó anoche hacia las dos de la madrugada. No ha quedado claro si esta mañana había desayunado o no con amigos, si bien los primeros testimonios apuntaban a que se encontraba desayunando con unos amigos en el momento en el que se excusó para ir al coche y, al parecer, dispararse.

Desde hacía tiempo que en el pueblo se sabía que aquel hombre espigado, de refinadas maneras y exquisita educación en el trato personal, era el mismo banquero al que se acusaba de ser uno de los mayores corruptos del sector financiero del país. Un hombre que se había convertido en símbolo de una época por cómo se había codeado con la alta política española primero y con los jueces y funcionarios de prisiones después. La cárcel era, de nuevo, una posibilidad plausible en su futuro cercano.

“Era vox populi que Blesa solía venir al pueblo pero luego ya se convirtió en algo habitual. Le gustaba venir porque sabía que aquí todo el mundo era discreto. Tanto, que hasta ahora nadie había sabido que Villanueva del Rey era su refugio”, prosigue el alcalde, con quien compartió varias cervezas y charlas de barra durante estos años.

En el pueblo, Blesa siempre pasó desapercibido y se relacionaba poco. Prefería estar en la dehesa. Pero tampoco evitaba dejarse ver. Sobre todo en el Café Español. “Ha sido una desgracia”, concluye Ángel, dueño del establecimiento. ¿Cuándo fue la última vez que se vieron? “Me duele hablar. Creo que ya es suficiente”, termina.

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