Una presunta víctima de abusos sexuales de su padrastro durante seis años en Córdoba: “Me ha robado la infancia”
Claudia (nombre ficticio) quiere contar su testimonio. Necesita que el miedo cambie de bando, que las víctimas de cualquier tipo de abuso verbalicen lo que han sufrido para que la sociedad vea y sea consciente de una realidad que puede afectar a cualquiera. Este jueves, esta chica, de 20 años, estudiante universitaria y de una enorme madurez, ha declarado ante la Sección Tercera de la Audiencia Provincial de Córdoba para narrar los presuntos abusos sexuales que sufrió por parte de su padrastro desde que tenía seis años y hasta que cumplió los 12. Reconoce que se ha roto en parte de su declaración, pero ha insistido en la importancia de visibilizar casos como el suyo por el que la Fiscalía pide 24 años y diez meses de prisión.
El camino hasta llegar a hoy ha sido “durísimo”, afirma. Años de terapia y de superación personal que le han llevado a reafirmarse en su idea: no quería una sentencia de conformidad con su supuesto agresor. “Quiero justicia por mí, porque me ha robado la infancia, y para que no haya más víctimas”.
Según el relato de la joven, el acusado mantenía una imagen pública de “padre ejemplar”. Mientras de puertas para fuera se le veía como un padre atento que la recogía o cocinaba para ella, aprovechaba la situación laboral de la madre -que trabajaba largas jornadas en el sector de la hostelería- para cometer los abusos. El hombre, fotógrafo de profesión, pasaba gran parte del día en la casa, convirtiendo el hogar en un lugar de inseguridad para la niña: “Yo estaba en mi cuarto y me preguntaba: ¿Vendrá hoy?”.
La joven recordó cómo, en 5º de Primaria, tuvo un “momento de inflexión” al observar a otras niñas de su clase y darse cuenta de que lo que ella vivía no era normal. A esa temprana edad de diez años ya sufría de pensamientos suicidas y planeaba “poner las cartas” sobre la mesa y acabar con la situación que vivía. Según el escrito de acusación de la Fiscalía, el hombre habría abusado de la víctima, haciendo que ella le masturbara, y grababa los actos con su iPad. La convencía asegurándole que todo era “un juego”. Mientras que estos hechos ocurrían, el procesado le mostraba a la menor vídeos de contenido pornográfico.
Aunque no consta que lo grabado lo compartiera con más personas, los policías le incautaron un disco duro en el que tenía instalado un programa diseñado para el intercambio de archivos peer to peer (P2P). A través de esta red, el procesado no solo descargaba y almacenaba archivos donde aparecían menores de edad en situaciones de contenido sexual explícito, sino que utilizaba activamente la opción de “compartir archivos” para que otros usuarios de la red pudieran acceder a ese material ilícito.
La joven decidió contárselo a su madre cuando tenía 18 años
El camino hacia la denuncia fue largo y doloroso. La víctima guardó el secreto sola durante años, temiendo a que la estabilidad familiar se desmoronara. Después, llegó el covid y tanto él como su madre se quedaron sin trabajo. A los 15 años se lo confió a su mejor amigo, y no fue hasta después de realizar la Selectividad, ya con 18 años, cuando fue capaz de contárselo a su madre, quien hacía años que había dejado la relación con este hombre.
Incluso después de que cesara el noviazgo, el calvario para esta chica no paró. El hombre, que no tiene potestad legal sobre ella al no ser su padre biológico, le suplicó a la madre seguir viendo a la joven. A partir de ese momento, el presunto agresor inició una etapa de hostigamiento constante: “Era como un novio tóxico; me hablaba tres veces al día, me quería ver todos los domingos y quería recogerme de donde estuviera”.
La joven ha admitido que se vio obligada a mantener esa “tapadera” y seguir viéndolo porque no se sentía con fuerzas para denunciar todavía: “Yo sabía que la única forma de cortarlo era contárselo a mi madre y yo no estaba lista. Así que dije: Tendré que aguantar”. No fue hasta los 17 años cuando, tras contárselo a su mejor amigo -que este jueves le ha acompañado al juicio-, encontró el valor para romper el silencio.
La reacción de su progenitora fue de apoyo total e inmediato. “Mi madre dijo desde un primer momento que había que denunciar'”, relata la joven, describiéndola como una mujer luchadora que llegó desde su lugar de origen a España cuando ella era apenas un bebé para darle una vida mejor. Antes de iniciar el proceso legal, la chica llegó a preguntar al acusado por qué lo había hecho, a lo que él, según su testimonio, respondió simplemente que “no lo sabía”. La denuncia fue interpuesta finalmente en septiembre de 2023.
El paso por el juzgado de instrucción ha sido, en su opinión, una etapa dura al sentirse juzgada “por no haber hablado antes”. Sin embargo, sí se ha sentido “muy arropada” por el juez que este jueves ha presidido el juicio en la Audiencia Provincial, quien ha detenido la sesión cuando la joven se ha roto a llorar.
Actualmente, la joven estudia una carrera universitaria fuera de Córdoba. Siempre quiso vivir esa experiencia y, tras lo vivido, aún más. Es por ello por lo que volver a la ciudad los fines de semana sigue siendo un peso emocional para ella. Aunque cuenta con el apoyo de una pareja “paciente”, admite que las secuelas del trauma persisten y que continúa asistiendo a terapia tras haber sufrido autolesiones y recaídas psicológicas severas debido a la proximidad del juicio.
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