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El autor confeso del crimen de Sagunto fía su defensa a la supuesta agresión de la víctima sobre su novia

Los acusados R. y M.

Alejandra Luque

10 de junio de 2026 11:11 h

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Lo que motivó los golpes a Rafael en el crimen de Sagunto fue una supuesta agresión sexual que él habría cometido sobre la única mujer procesada en la causa. La letrada tanto de esta acusada como de R., su pareja y autor confeso del crimen, ya adelantó el pasado lunes que su línea de defensa iría en torno a ese intento de agresión sexual. Este miércoles, durante la tercera sesión del juicio, tanto R. como M. han afirmado que dicha agresión se produjo y que la intención no era acabar con la vida de Rafael.

El acusado R., quien solo ha respondido a las preguntas de su defensa, ha relatado que llegó a Córdoba a principios de 2024 en busca de trabajo como albañil y terminó viviendo en la casa de la víctima tras conocerlo en un comedor social. En este mismo centro también conoció a J., el otro procesado, y que Rafael le alquiló tanto una habitación para él y su novia, como el salón, para J. Pese a que R. acababa de conocer a este procesado, decidió pagarle su alquiler, según ha dicho. El día de los hechos, al llegar del trabajo junto a J., R. habría encontrado a Rafael encima de la procesada, intentando arrancarle la ropa.

Tras supuestamente presenciar esto, R. ha confesado que golpeó a la víctima con los puños y lo empujó a una habitación donde, según su letrada, se produjo “una pelea”. No obstante, los forenses declararon este martes que las heridas que tenía la víctima eran de intentar protegerse y no de atacar. Además, ha admitido haberle puesto el cinturón de un batín en el cuello, ha asegurado que no era consciente de haberlo ahogado y ha señalado que se siente “bastante arrepentido”, afirmando que su intención nunca fue acabar con la vida de Rafael.

En contra de lo que declaró la vecina cuyo piso colinda con el de la víctima, R. ha negado que tras el crimen hubiera “fiesta o risas”, preguntando retóricamente si alguien tendría ganas de celebración tras un suceso así. “No soy ningún asesino y nunca había tenido ningún problema”, ha concluido.

Por su parte, M. ha manifestado que la tarde del 2 de abril -el día de los hechos- se quedó “sola” con Rafael mientras los otros hombres trabajaban. Ha dicho que la víctima tenía una actitud y mirada “extrañas” justo antes de abalanzarse sobre ella, y que, posteriormente, ella se quedó “bloqueada”. Según su relato, R. y J. lo pillaron in fraganti. Entonces, R. lo tiró contra la pared y lo golpeó. Después, lo llevó a un dormitorio, donde continuó la agresión, para la cual usó el travesaño de la cama que halló la Policía. Pese a los golpes y al ruido que se debió generar durante el ataque, M., que solo ha respondido a las preguntas de su abogada, ha dicho que “no escuchó nada”. J., el último procesado, se ha negado declarar.

Dado que ni el Ministerio Público ni la acusación particular han podido interrogar a los procesados, la fiscal ha pedido a la magistrada que el jurado tenga acceso a la declaración que R. hizo en la fase de instrucción para que tengan en cuenta las contradicciones entre las dos testificales. Según la Fiscalía, en su declaración inicial, R. fue “más detallado” e implicó directamente a J., afirmando que ambos golpearon a la víctima. Además, en ese testimonio inicial, R. sostuvo que fue J. quien llevó a Rafael a la habitación y que, incluso, fue quien le tapó la boca mientras R. le agredía.

Aunque la magistrada ha declinado en un primer momento esta petición, una vez puestas en evidencia dichas contradicciones, la jueza ha aceptado finalmente que el jurado tenga acceso a la primera declaración que hizo R.

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