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Sobrevivir al verano en Córdoba en una vivienda social sin climatización y con apenas 400 euros al mes

Sobrevivir al verano en Córdoba en una vivienda social sin climatización y con apenas 400 euros al mes

Alejandra Luque

16 de julio de 2026 20:02 h

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La pobreza energética afecta tanto al frío como al calor. No entiende de estaciones del año. A ello se suma que el cambio climático ha provocado que el calor extremo se esté convirtiendo en un problema creciente que no solo dificulta descansar de noche, sino que complica el día a día de las familias a las que no les queda más remedio que sobrevivir en condiciones realmente vulnerables. Este es el caso de Noelia (nombre ficticio, porque prefiere conservar su anonimato), una mujer que vive con sus dos hijos pequeños en Córdoba en el barrio de La Fuensanta. Los tres están sobrellevando al verano en una vivienda de alquiler de Vimcorsa sin climatización y con apenas 400 euros al mes. Esta es una historia más de la pobreza energética y la precariedad económica.

Para muchos, el aire acondicionado es un alivio necesario durante los meses de estío. Para Noelia, es un lujo inalcanzable de más de 1.000 euros. Aunque la vivienda en la que reside con sus dos hijos -uno, de apenas dos años y otro, de nueve- cuenta con aire centralizado, el equipo está roto -se dio cuenta en junio, cuando fue a ponerlo por primera vez- y el coste de la reparación asciende a una cifra que, sencillamente, no tiene. Al solicitar ayuda a la empresa pública, cuenta que la respuesta fue que la reparación corre a cuenta del inquilino.

Sin capacidad para arreglar el aire acondicionado ni para comprar una consola, la familia se defiende únicamente con tres ventiladores. Sin embargo, el alivio es insuficiente. “Cuando nos acostamos, nos movemos para un lado. Cuando ese está empapado, nos vemos para el otro. Así toda la noche, continuamente sudando”, describe esta mujer. En una ocasión, llegó a pensar que su hijo pequeño se había orinado en la cama, para darse cuenta después de que la sábana estaba empapada únicamente por el sudor del menor. Durante el día, la rutina consiste en “encerrarse en casa” y recurrir a “duchas constantes” para intentar refrescarse ante un calor que sufren especialmente los más pequeños.

La situación de Noelia es de una vulnerabilidad extrema. Sus ingresos, procedentes de la limpieza de apartamentos turísticos, oscilan entre los 300 y los 400 euros mensuales, tal y como asegura a este periódico. Con ese presupuesto debe afrontar el alquiler, la luz, el agua y la alimentación de sus hijos. A esto se suma la ausencia de apoyo económico por parte del padre de los niños, quien “alega no tener recursos para pasar la pensión alimenticia”.

Entrega de ventiladores de Cruz Roja

La red de seguridad institucional también parece fallar en este caso. Tal y como explica, llevaba más de un año esperando una respuesta sobre el Ingreso Mínimo Vital, pero recientemente ha recibido una carta denegándole la ayuda por no contar con un papel que asegura tener, por lo que desconoce dónde ha estado el fallo administrativo.

Incluso cuando llega la ayuda, esta se presenta con trabas burocráticas y limitaciones incomprensibles. Recientemente, Cruz Roja le otorgó una tarjeta de 250 euros para alimentos en una conocida cadena de supermercados. No obstante, la experiencia fue “vergonzosa” para ella: al llegar a la caja, tuvo que dejar la mitad de los productos porque la tarjeta no permitía pagar artículos básicos. “No me entraba la leche de la marca blanca... las toallitas que cogí, que eran de las baratas, tampoco entraban”, relata con frustración.

El caso de Noelia ilustra un problema del que todavía no hay datos oficiales cuando se trata del impacto del calor, ya que aún no existe un informe estatal anual con un indicador comparable al de invierno que realiza el Ministerios para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. No obstante, sí existe reconocimiento oficial del problema y un compromiso del Gobierno, en la Estrategia 2026-2030, para crear esos indicadores y medir la pobreza energética estival de forma sistemática. Ya en ese documento, el Ejecutivo habla de la “pobreza energética estival” para referirse “a la dificultad de mantener una temperatura interior adecuada durante los meses de calor y está profundamente relacionada con la pobreza energética en sentido amplio. Ambas comparten factores estructurales como viviendas mal acondicionadas, deficiencias en eficiencia energética y recursos económicos insuficientes”.

Pese a esta falta de cuantificación estatal, sí existen informes de organizaciones que intentan poner números a la pobreza energética en verano. Un ejemplo de ello es el que Greenpeace y Ecodes publicaron en 2025, documento en el que estimaron que el 33,6 % de las familias no puede mantener su vivienda a una temperatura adecuada en verano. Este porcentaje supera el 50 % entre los hogares vulnerables. En el caso de Córdoba, Cruz Roja sí presta especial atención a las personas y familias que sufren pobreza energética. Según datos de la organización, dos de cada tres familias atendidas tienen dificultades para mantener sus viviendas a una temperatura adecuada durante el verano. Desde comienzos de año, Cruz Roja ha ayudado en la provincia de Córdoba a cerca de medio centenar de familias a sufragar facturas de suministros básicos como la luz, el agua o el gas, en el marco del proyecto Intervención con personas en situación de extrema vulnerabilidad, financiado por la Consejería de Inclusión Social, Juventud, Familias e Igualdad de la Junta y fondos propios de la entidad.

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