De residuo a recurso: Córdoba debate cómo los gases de purines pueden reducir costes y emisiones
Lo que durante años ha sido visto como un problema ambiental y logístico para muchas explotaciones ganaderas puede convertirse en una de las grandes oportunidades del campo andaluz. Esa ha sido una de las principales conclusiones del encuentro Diálogos SABE, celebrado en el Campus de Rabanales de Córdoba bajo el título Ciencia y Alimentación Sostenible: de los gases de purines al fertilizante, una cita en la que agricultores, ganaderos, técnicos e investigadores han puesto sobre la mesa soluciones para aprovechar los residuos ganaderos y transformarlos en energía, agua reutilizable o fertilizantes naturales.
La jornada, presentada por Adrián González, responsable del proyecto Forioms, centrado en la captación de gases procedentes de los purines para su posterior uso agrícola, ha servido para abordar uno de los grandes desafíos del sector primario: cómo producir alimentos de calidad en un contexto marcado por el incremento de costes, la presión normativa europea y la creciente incertidumbre internacional.
En la mesa redonda participaron Carmen Quintero, representante de COAG y titular de explotación agraria, y Emilio de León, veterinario vinculado a Covap, quienes coincidieron en que el sector necesita nuevas herramientas para seguir siendo competitivo sin renunciar a la sostenibilidad.
“Las cuentas no nos salen”
Carmen Quintero resumió con claridad la situación que vive buena parte del campo español. “El mayor reto es producir alimentos de calidad con todos los requisitos que nos imponen en la Unión Europea y convivir con una competencia desleal. Las cuentas no nos salen”, afirmó.
La representante agraria defendió que agricultores y ganaderos están haciendo un importante esfuerzo de adaptación, pero advirtió de que no se puede exigir más sin garantizar rentabilidad. En su opinión, el aprovechamiento de subproductos y la reducción de dependencia exterior son dos claves para el futuro inmediato.
En la misma línea se expresó Emilio de León, quien señaló que otro de los desafíos actuales es “contar lo bueno del campo y no solo lo malo”. A su juicio, la imagen distorsionada del sector dificulta el relevo generacional. “Así poco podemos atraer a la gente joven”, lamentó.
El purín, de problema a oportunidad
Uno de los asuntos centrales del debate fue la gestión de los purines, especialmente en las explotaciones de vacuno de leche, donde el almacenamiento y tratamiento de estos residuos se ha convertido en un reto técnico y económico.
Sin embargo, lejos de considerarlo solo un residuo, Emilio de León defendió el enorme potencial de estos materiales. “En siete años de experiencia estamos convencidos de que el purín de las vacas es un productazo”, aseguró. Según explicó, en algunas explotaciones de vacuno de leche ya cerca del 20% de los ingresos procede de subproductos vinculados a esa gestión.
De León puso como ejemplo la planta de biogás de Covap, impulsada para valorizar estos residuos y transformarlos en energía. Recordó que anteriormente era necesario traer gas desde Huelva en cisternas para alimentar turbinas, mientras que ahora se trabaja para producir energía a partir de recursos propios.
Además, avanzó que la entidad está ultimando un nuevo proyecto valorado en 30 millones de euros que permitirá obtener agua líquida reutilizable a partir de la fracción líquida del purín. “La parte sólida es un fertilizante fantástico”, añadió.
Biofertilizantes para devolver vida al suelo
Otra de las vías analizadas durante la jornada fue la elaboración de biofertilizantes mediante procesos biológicos capaces de mejorar la fertilidad de la tierra y reducir el uso de productos químicos importados.
Carmen Quintero recordó que desde COAG Málaga se impulsó hace años una experiencia pionera con un profesor mexicano para trabajar con bacterias beneficiosas y regenerar los suelos agrícolas.
“En las últimas décadas hemos visto que el suelo ha ido perdiendo vida”, señaló. Frente a ello, explicó que estos métodos buscan “coger lo bueno de los suelos de la montaña y llevarlo a nuestras fincas”, introduciendo microorganismos capaces de recuperar actividad biológica y mejorar el rendimiento de los cultivos.
La ventaja, sostuvo, es doble: por un lado se mejora la salud del suelo y por otro se reduce la dependencia de fertilizantes sintéticos cuyo precio está condicionado por mercados internacionales. “Con recursos cercanos podemos resolver grandes problemas”, defendió.
El impacto de la geopolítica
El debate también giró en torno a cómo los conflictos internacionales afectan de manera directa al campo europeo. Tanto Quintero como De León aludieron a la guerra de Ucrania y a la actual tensión en el estrecho de Ormuz como ejemplos de factores externos que repercuten de forma inmediata en los costes de producción.
De León recordó que una parte muy importante del comercio mundial de urea, uno de los fertilizantes más utilizados, transita por esa zona estratégica. “El 40% de la urea pasa por Ormuz”, indicó, subrayando la vulnerabilidad del sistema actual.
Por su parte, Quintero rememoró cómo la invasión rusa de Ucrania disparó los precios y generó una crisis sin precedentes para agricultores y ganaderos. “No podemos estar pasivos ante una situación así”, aseguró, recordando las gestiones realizadas por organizaciones agrarias en Bruselas.
Soberanía alimentaria y cambio de modelo
Ambos ponentes coincidieron en que la situación actual obliga a replantear el modelo productivo. Para Carmen Quintero, el sector necesita “un cambio de modelo” basado en una menor dependencia de materias primas e insumos procedentes del exterior.
“Tenemos que buscar nuestra soberanía alimentaria. Comer tenemos que comer, haya guerra o no”, resumió. Emilio de León añadió que sostenibilidad económica y medioambiental no son conceptos opuestos, sino complementarios. “Somos fieles creyentes de que ambas cosas son sinérgicas”, afirmó.
El propio moderador recordó un dato revelador: si se lograra recoger y aprovechar todo el amoniaco procedente de las vacas de las granjas de la Península Ibérica, podría fertilizarse hasta el 35% de toda su superficie agraria.
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