“Un orgullo amasar vuestros recuerdos”: la panadería San Francisco echa la persiana tras más de 50 años
A partir del 30 de junio, Córdoba tendrá un poco menos de sabor, una disminución de comercio local y, sobre todo, en el sector de la confitería. Esto es debido a que la Panadería San Francisco, ubicada en la calle Enrique Redel, en pleno centro de la capital, echará la persiana de manera definitiva en este mes de junio. Una decisión que sus propietarios han descrito a este periódico como difícil y tomada “con el corazón dividido”.
Tanto es así que el 30 de junio será el último día que el establecimiento abra sus puertas al público, tal y como ha explicado la propiedad en un comunicado. Hasta entonces, el equipo espera recibir a sus clientes habituales con los “brazos abiertos” para compartir una última despedida. Esta decisión pone fin a una trayectoria de 53 años y dos generaciones, en los que el horno de la calle Enrique Redel no ha dejado de funcionar.
Un camino de dos generaciones y un cierre por motivos personales
Como se ha mencionado anteriormente, la Panadería San Francisco ya tiene un largo camino en su actual ubicación. La mayoría de los cordobeses la conocerán por una fachada mítica, que rezuma el sentimiento a Córdoba. Una historia que comenzó cuando los padres de los actuales dueños encendieron el horno por primera vez movidos por la ilusión y el amor a la repostería artesanal. Desde entonces, el negocio ha pasado de padres a hijos, siendo actualmente regentado por la segunda generación: los hermanos José y Francisco Martín. José asumió la responsabilidad hace 20 años, mientras que su hermano lleva más tiempo al mando de la panadería.
A pesar de lo que pudiera pensarse en el actual clima económico y la situación del encarecimiento de la materia prima, el motivo del cierre no reside principalmente en la crisis financiera. José Martín ha aclarado a este periódico que, aunque han sufrido las consecuencias de la subida de precios en el gas, la luz y las materias primas debido a conflictos internacionales, el verdadero detonante ha sido el “desgaste acumulado” y el cansancio tras tantos años de dedicación extrema.
La salud como prioridad
El camino no ha sido sencillo en la última década, especialmente tras el año 2022, cuando la empresa se vio obligada a reducir su plantilla al mínimo indispensable. Desde entonces, los hermanos Martín han tenido que redoblar sus esfuerzos y horas de trabajo para que los números cuadraran, manteniéndose, según palabras de José, como “las cuatro patas de una silla” donde no había margen para la enfermedad o el imprevisto.
Este ritmo frenético ha terminado por pasar factura a la salud y al tiempo de calidad con la familia. José ha reconocido a Cordópolis que el alivio en el rostro de su madre, al saber que dejarán de “sufrir todos los días” frente al horno, es una de sus mayores satisfacciones en este proceso de despedida. “La salud al final hace mella y el tiempo de dedicación al trabajo y no a la familia es muy duro”, confiesa el panadero.
Por otro lado, una de las dudas que había en el ambiente era la posibilidad de un traspaso del mítico local, opción que los propietarios han descartado por completo. El negocio se ubica en la planta baja de la vivienda familiar, donde residen tanto la madre como uno de los hermanos, lo que hace inviable separar la actividad comercial de la vida privada. Así, el local volverá a ser, íntegramente, un hogar propiamente dicho.
José Martín ha querido enfatizar que el cierre se produce de manera ordenada y ejemplar. La propiedad ha cumplido con todas sus obligaciones, indemnizando a sus empleados y saldando cuentas con sus proveedores. “Nos vamos con la conciencia tranquila de que está todo el mundo pagado y las cosas bien hechas”, afirma José.
En su carta de despedida, la panadería agradece profundamente la lealtad y el cariño recibidos durante medio siglo. Para ellos, su establecimiento ha sido mucho más que un despacho de pan; ha sido el lugar donde se han celebrado bautizos, cumpleaños y el simple pero esencial placer de un café con una tostada cada mañana. Ha sido, en esencia, un “orgullo amasar recuerdos” con los cordobeses. Una nostalgia con el deseo de una nueva etapa marcada por la “paz y tranquilidad”
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