ENTREVISTA

Olga Merino: “Putin es un zar malévolo”

Entrevista a Olga Merino por su libro 'Cinco inviernos'

Olga Merino (Barcelona, 1965) es enviada por El Periódico como corresponsal a Moscú hace treinta años, justo cuando el imperio soviético se desmorona. Allí es testigo de un momento crucial de la historia del siglo XX y de la intrahistoria de la gente que sufre entre el pasmo, la nostalgia, el desconocimiento y las carencias cotidianas de todo ese proceso de demolición. Lo ha recogido en Cinco inviernos (Ed. Alfaguara), un rescate de sus libretas rusas de aquellos días macerado con la perspectiva del tiempo. El pasmo ante lo que Merino se encuentra a su llegada a la Rusia finisecular, su adaptación al entorno, la crónica de la periodista implicada y sus reflexiones literarias y culturales conforman estos inviernos rusos y también sus primaveras de deshielo y fango en las avenidas de un tiempo y un espacio fascinantes.

En un día demasiado soleado de invierno, en una Plaza de la Corredera de Córdoba tan diferente a la Roja de Moscú, hablamos con Olga Merino mientras algunas fronteras de Europa siguen sin cicatrizar.

P. Cinco inviernos es, digamos, un libro híbrido…

R. Sí, cada vez vamos más hacia eso: la mezcla. Es un diario íntimo, crónica periodística y algún ramalazo de ensayo cultural, reflexiones sobre cultura rusa. La hibridación de géneros es muy acorde a estos tiempos. Me gustan este tipo de libros, y los diarios de escritores me gustan mucho.

P. Es una forma de ver la trastienda de la escritura, lo que está fuera de foco…

R. Sí; me han encantado, por ejemplo, los Diarios de Rafael Chirbes. Es un libro maravilloso, con una parte muy íntima, muy dura, y otra donde habla de sus lecturas de literatura centroeuropea con unos análisis finísimos… buenísimo.

P. Desempolvas las libretas que escribiste en Rusia en los 90 ¿Te has reconocido 30 años después?

R. Sí, a veces me veo ahí muy ingenua, muy idealista; por ejemplo cuando hay un episodio en Chechenia donde hay un secuestro, los rebeldes chechenos se hacen fuertes en un hospital con cientos de personas dentro y proponen un intercambio: soltar a los rehenes civiles a cambio del mogollón de periodistas que se había juntado allí y yo, ingenua de mí, no lo veía mal porque me decía que a periodistas occidentales no les iban a tocar un pelo; pero imagínate, ahora me dicen que me va a secuestrar un checheno y le digo “siéntate, ni de coña”.

P. Te envían a Rusia en 1992; eso es Historia mayúscula…

R. Bueno, me lo proponen en noviembre y yo llego a Rusia en enero del 93.

P. Es que se está desmembrando un imperio y aquí éramos campeones con nuestras olimpiadas, la Expo… Aquí todos éramos ricos…

R. Es curioso, sí. Yo dejo una España que ha superado la Transición, que somos modelo –supuesto modelo, luego vinieron “las rebajas”-, dejo un país lleno de fastos y me voy al infierno, donde cae la URSS que deja a millones de personas sin país, sin ideología, en la que les dicen “en todo en lo que habéis creído era una patraña, búscate la vida”.

P. Pero tú pensabas en Hispanoamérica…

R. Todas mis querencias iban hacia allá. Había leído mucha literatura hispanoamericana, Onetti, Rulfo… y me postulo por si algún día sale una plaza en Buenos Aires, México, que me lleven. Y de repente, en noviembre del 92 me dicen “hay una plaza en Moscú ¿te vas? Tienes una semana para penarlo”. Y, claro, era una oportunidad que te pasa una vez en la vida, por muy interesante que fuera también la situación en Latinoamérica con las guerrillas centroamericanas, la deuda externa de Argentina… pero, claro, a nivel informativo, la caída de un imperio era más que interesante.

P. ¿Cinco inviernos dan para captar eso que vienen en llamar el “Alma rusa”?

R. Eso es una construcción intelectual y como tal es mentira, un juguete, un invento. Pero a mí me divierte, me gusta y me interesa. Bueno, lo que yo creo que es el alma rusa es un conjunto de características. Por ejemplo, la desmesura, la Revolución es una desmesura, son muy asiáticos, siempre en la cultura rusa ha habido esta dicotomía de si somos Europa o somos Asia. Son pasionales, románticos, muy espirituales, místicos hasta cierto punto, idealistas. Hay una idea: Cioran tiene un ensayito en la que apunta que España y Rusia se tocan mucho. Si te pones a pensar, quizá sean los dos países europeos con una historia más trágica. Y esa pulsión romántica, idealista, la compartimos. El Quijote podría haber sido un personaje ruso

P. Como la Revolución: Vamos a construir el hombre nuevo…

R. Sí. Es una quijotada como una plaza de toros. En la espiritualidad también nos parecemos. Ellos, además lo del “no pasarán” lo llevan a sangre y fuego y lo recuerdan constantemente.

P. Nos interesa mucho cómo tratas “los daños colaterales” de ese desastre geopolítico e histórico…

R. La intrahistoria de Unamuno. Es que es verdad. Te explica mucho más lo pequeño que los grandes datos macroeconómicos. Recuerdo de la debacle económica, cuando se aplican aquellas recetas neoliberales, de aquello de convertir de la noche a la mañana la economía planificada al hipercapitalismo en una democracia estupenda. Detrás de ese párrafo de wikipedia que no dice nada hay un montón de historias individuales… Me acuerdo de esas ancianas a veinte grados bajo cero haciendo cola para comprar… La chica que limpiaba en casa…

P. Alla

R. Sí, Alla. Era ingeniera aeronáutica, imagínate, se queda sin trabajo y se pone a pasar el trapo, es increíble.

P. Vas a Chernóbil diez años después de la accidente de la central nuclear. Leemos ahí cierta nostalgia de la URSS en algunos lugareños, como contaba Svetlana Alexiévich en sus Voces de Chernóbil

R. Claro, Chernóbil es la gran metáfora del desastre del imperio.

P. Se mezcla el heroísmo con la resignación…

R. Otra historia trágica, vemos ahí el papel de resistencia, los “liquidadores” enviados con apenas trajes cutres de bombero, los granjeros que no entendían la magnitud del desastre pero se resisten a abandonar su tierra contaminada…

P. Hay nostalgia o resignación o algo de eso ¿no te parece?

R. Mira, el Putin de hoy se explica por eso. No se entendería si no es por el colapso de la URSS de hace treinta años. Si abrimos el libro de críticas a Putin no lo acabamos, pero sí que es verdad que les ha devuelto a los rusos esa pizca de autoestima. Como si hubiera un síndrome de imperio perdido, es que, claro, fueron los primeros que pusieron a un hombre fuera de la órbita terrestre. La URRS les daba una seguridad, aunque fuese una seguridad falsa, porque los seres humanos somos inquietos. Y no sé si era un mero escaparate, pero había un amor por la cultura, su escuela de ballet, su pasión por la literatura… no he visto a más gente leyendo que en el metro de Moscú.

P. Te tocó cubrir la guerra en Chechenia. Ahora tenemos la crisis de Ucrania. Seguro que es comparable con matices, pero mirémoslo así ¿no molesta que te pongan unos misiles en tus narices?

R. Claro. Se ha perdido una oportunidad de oro. La URSS, cuando se desmonta el tinglado, retira todo el armamento nuclear. La OTAN se crea con la premisa de que si atacan a uno de los aliados nos sentiremos todos atacados. Si se ha desmontado la Unión Soviética ¿contra quién existe la OTAN? Y es que es verdad. La OTAN tiene misiles nucleares en Holanda, en Italia, en Turquía. Ellos (Rusia) los tienen en su territorio. Y claro que Ucrania es un país soberano, tiene el derecho de llamar a las puertas de donde quiera, pero contra quién nos estamos ampliando, quien es nuestro enemigo ¿Rusia?

P. Habría que “hacérnoslo mirar”, supongo…

R. Se ha perdido la oportunidad, después de la caída de la URSS, de haber creado una Europa libre de alianzas militares y habernos sacudido un poco la tutela de Washington. Si repasamos, el mayor gasto militar del mundo lo hace Estados Unidos, mucho más atrás está China, y luego Rusia. Es que también tienen derecho a enseñar los dientes. A ver si es que vamos a arrojar a los rusos a los brazos de China y ahora sí que la vamos a liar… Aparte, es que Europa ha sufrido tanto que cada frontera es una cicatriz. Ya hemos sufrido bastante ¿o es que no hemos aprendido bastante con la segunda guerra mundial? Y los rusos, menudo precio pagaron: las dos amenazas que les llegaron fueron terribles: la guerra napoleónica y la segunda guerra mundial, veintisiete millones de muertos. Ningún otro país tuvo tal número de víctimas.

P. Pues otra vez la Vieja Europa tiembla…

R. Vale, Putin es un desastre, es un zar malévolo, pero es que, al final, quienes perderán serán los pobres ucranianos, los rusos de la frontera y quien ganará la pasta será el complejo militar industrial, el viejo cuento. La gente lo que quiere es vivir, comer, trabajar, amar, ser felices, tener hijos, leer, plantar su huerta… tomarse una caña aquí y en Kiev.

P. ¿No hay clase media en Rusia? Lo dejas caer en tu libro. Sólo ricos, muy ricos, y pobres.

R. Clases medias apenas hay en Moscú o en San Petersburgo; el resto, clase de tropa. Bueno, si nos ponemos así, el mundo en general está proletarizando a las clases medias en todas partes…

P. Ojalá; es precarizarse, creo…

R. Exacto, es peor.

P. ¿Y hacia dónde crees que va la “Gran Madre Rusa”?

R. El ruso teme mucho a la anarquía, al desorden, al despelote… por eso Putin es la figura del zar: orden, ley y mando.

P. Ahora es complicado hacer el periodismo que tú viviste y practicaste como corresponsal en Moscú.

R. Es imposible por todo. Por muchas cosas. Otros ciclos económicos. Internet es una herramienta maravillosa pero… en fin, democratiza el acceso a la información pero ha matado la reflexión. Mas luego la política del “todo gratis”, en la que en este país somos campeones de picaresca, nos ha precarizado. Hay chavalitos y chavalitas mal pagados que hacen de todo… En fin, a veces creo que parece un proceso de laboratorio, diseñado… Mi generación parece que ha sido la última del Titanic.

Yo salto, no quiero esta cosa loca de rapidez. Vivimos una época muy loca para este oficio.

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