Un mes desde que la vida se paró a las 19:45 en Adamuz
El 18 de enero de 2026, a las 19:45, Adamuz entró de golpe en el mapa de las grandes tragedias ferroviarias del país. Un tren de alta velocidad operado por Iryo que cubría el trayecto Málaga-Madrid descarriló a la altura de Adamuz. Parte de sus vagones invadieron la vía contraria y fueron alcanzados por un Alvia de Renfe que circulaba en sentido opuesto hacia Huelva. El impacto dejó 46 personas fallecidas y decenas de heridos de distinta gravedad. Es el accidente ferroviario más grave de la alta velocidad española.
Un mes después, la investigación sigue abierta y no existe todavía una conclusión definitiva sobre las causas técnicas que provocaron el descarrilamiento inicial. La comisión encargada del análisis continúa estudiando los datos registrados por los sistemas de seguridad, las cajas negras y el estado de la infraestructura. En paralelo, el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción de Montoro plaza número 2 está llevando a cabo la instrucción de esta mastodóntica causa al ser el partido judicial al que pertenece el término municipal de Adamuz. Según los últimos datos facilitados por el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA), por el momento hay 34 denuncias de familiares y siete personaciones de entidades y partidos políticos, aunque ambas cifras aumentarán con el paso de las semanas.
De los primeros balances a la cifra definitiva
Las primeras horas tras el accidente estuvieron marcadas por la incertidumbre. A las 21:00 de aquel día, la agencia EFE anunciaba que dos personas habían fallecido. Pero la tragedia no hizo nada más que aumentar. Con el avance de las labores de rescate e identificación, la cifra iba aumentando. Hoy, son 46 víctimas mortales las que deja este accidente, pero el dato puede no ser el definitivo. Según datos de la Junta de Andalucía, de las 126 personas que necesitaron ser hospitalizadas, siete lo siguen estando, una de ellas, en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Regional de Málaga. El resto está en planta y repartidas de la siguiente manera: tres en el Reina Sofía de Córdoba (una de ellas es un menor), dos, en el Hospital Juan Ramón Jiménez de Huelva; y una, en el Hospital Vithas de Málaga.
Las labores de rescate fueron durísimas por la zona en la que se produjo el accidente: una estación técnica sin apenas iluminación y en una noche cerrada. El caos se apoderó de esta zona de Adamuz la primera hora posterior al accidente porque los primeros auxilios llegaron al lugar donde se encontraba la cola del Iryo, cuyo último vagón -el 8- acabó volcado. A casi un kilómetro de distancia se encontraba el Alvia, con sus tres primeros vagones destrozados. Uno de ellos cayó por un terraplén de cuatro metros.
Durante horas, el dispositivo de emergencia, compuesto por voluntarios, Guardia Civil, bomberos, servicios sanitarios y todo aquel que así lo consideraba, se echó a las vías del tren a rescatar. Mientras tanto, en la caseta municipal de Adamuz se estableció un hospital de campaña al que llegaban heridos de toda índole mientras que vecinos de la localidad proveían de todo lo que podían -comida, bebida, calor y apoyo- a aquellas personas que llegaban desorientadas. Por esto, el Ayuntamiento de Córdoba aprobó por unanimidad solicitar a la Junta de Andalucía que otorgue la Medalla de Andalucía al pueblo de Adamuz.
La magnitud de la tragedia obligó al Reina Sofía de Córdoba a activar a instante el Plan de Catástrofes Externas. El centro hospitalario de referencia a nivel mundial dobló el personal hasta los 130 profesionales, con muchos que se presentaron voluntarios y fueron atendiendo a heridos desde las 21:30, dando altas para dejar camas libres, posponiendo cirugías no urgentes y atendiendo también psicológicamente a pacientes y familias. Según el parte oficial, tras la tragedia se atendieron a 193 personas de diferente consideración de la que 60 ingresaron aquella noche en este hospital.
Cuando los números empezaron a tener nombre
Con el paso de los días, el estruendo del impacto fue dejando espacio a otra cosa: a los nombres. A los apellidos. A las fotografías compartidas en redes, a los recuerdos que comenzaron a circular entre compañeros de trabajo, amigos, familiares. Las cifras dejaron de ser una magnitud abstracta para convertirse en historias concretas.
Detrás de cada número había una rutina interrumpida, un billete comprado sin imaginar que sería el último, una llamada pendiente, un proyecto en marcha. La sociedad empezó entonces a reconocerse en esas vidas. A identificarse. A sentir que aquello no era solo una noticia, sino una herida compartida. Es en ese momento cuando la empatía aflora con más fuerza. Cuando la conversación pública deja de girar únicamente en torno a las causas técnicas o las responsabilidades políticas, y se detiene en lo esencial: en la dimensión humana de la pérdida.
Patricia García, de La Palma del Condado -localidad onubense que ha tenido que despedir a tres de sus vecinos-, ha sido la última víctima mortal hasta el momento. Viajaba hacia Huelva tras realizar en Madrid el examen a Instituciones Penitenciarias. En ese tren también viajaron cordobeses, aunque la academia que los preparó para el examen no quiso trasladar a este periódico el número exacto. A su juicio, este era un “dato siniestro”, pero sí propuso a este medio difundir que dicha academia iba a dar un curso de apoyo psicológico. Este medio declinó la propuesta.
Entre las vidas truncadas aquella noche estaba la de Samuel, agente de la Policía Nacional destinado en Madrid. Cordobés de nacimiento, había sido padre hacía apenas 18 meses. También era cordobés Mario Jara Morillo, de 42 años. Aunque residía en Huelva desde niño, mantenía el vínculo con su tierra natal. El maquinista del Alvia siniestrado, Pablo, tenía 28 años y era natural de Alcorcón. Era quien conducía el convoy que circulaba en sentido contrario cuando se produjo la colisión.
Entre las víctimas figuraba también Jesús Saldaña, cardiólogo de 30 años que trabajaba en el Hospital La Paz de Madrid y natural de Málaga. Desde Huelva viajaban decenas de las personas fallecidas. Eduardo Domínguez, de 54 años, preparaba oposiciones a Instituciones Penitenciarias. También perdió la vida José María Martín, vinculado a la vida cofrade de su municipio. En el mismo tren iba Ricardo Chamorro Cáliz, profesor y responsable de una academia de oposiciones, y que también acudió a Madrid para las oposiciones de Instituciones Penitenciarias.
Andrés Gallardo, Rafael Millán Albert, Pepi Sosa Casado y a su hija Ana Martín, David Cordón, Míriam del Rosario Alberico Larios son los nombres y apellidos de otras víctimas. Natividad de la Torre viajaba con uno de sus hijos y sus nietos. Todos fueron a ver el musical de El Rey León. Sobrevivieron salvo ella. Historia también durísima es la de la niña de Punta Umbría, de tan solo seis años. Viajaba en el Alvia junto a sus padres, su hermano y su primo. Venían de pasar el fin de semana en Madrid. Todos fallecieron salvo ella. Como pudo, salió de una ventana del vagón y un agente de la Guardia Civil la encontró vagando por las vías del tren.
La historia de esta menor inspiró a la ilustradora cordobesa Marta García-Escribano, que hizo una imagen en la que aparece una niña en las vías de un tren, de espaldas, de la mano de la Virgen del Sol y un guardia civil. Los tres miran al tren Alvia accidentado en el que viajaba la menor con su familia. La imagen se hizo tan viral que fue usaba para convocar la misa funeral que se celebró en Adamuz el 25 de enero, una semana después del accidente.
Cuando en las vías del tren ya solo podían actuar los rescatistas y se prohibió la entrada a cualquier persona ajena a este dispositivo, las escenas de dolor se trasladaron a la capital cordobesa. El centro cívico Poniente Sur se convirtió en el punto de información a familiares de desaparecidos. Se llegaron a interponer hasta 45 denuncias de desaparición. Quienes llegaban a este lugar lo hacían con un hilo de esperanza y hubo quienes se agarraron a sus creencias para que, entre los heridos, estuviera su familiar. Los llantos desconsolados y los gritos cuando se confirmaban los fallecimientos rompían el silencio que se apoderó de esa zona durante días.
El caso del perro Boro, una historia con final feliz
Entre tanta tragedia y tristeza, un ser de cuatro patas dio un pequeño respiro: el perro Boro. Su dueña, Ana García Aranda -que resultó herida en el accidente junto a su hermana, que aún está ingresada- lanzó un SOS para encontrar a su peludo. Los tres, junto a la pareja de Raquel, viajaban en el Iryo. Tal y como Ana ha relatado, en el momento del impacto, Raquel -embarazada de cinco meses- abrazó a su perro para protegerlo. Desde ahí, esta familia no volvió a saber nada de su mascota.
El grito de auxilio de Ana empezó a moverse por las redes sociales, donde, incluso, se difundió un vídeo en el que aparecía un perro que podía ser Boro. Cuatro días después de la tragedia, el 22 de enero, agentes del Infoca lograron rescatarlo y entregárselo a Ana. El animal estuvo durante ese tiempo vagando por Sierra Morena, bajo la lluvia y sufriendo temperaturas bajo cero. En la tarde del miércoles 21 de enero, agentes medioambientales avistaron al animal, lo que generó una gran confusión, ya que se dio a entender públicamente que Boro estaba localizado cuando en realidad solo había sido visto, sin que se lograra capturar y quedando de nuevo en paradero desconocido.
Finalmente, durante la mañana del 22 de enero, el dispositivo -en el que se implicó Pacma- logró localizar y asegurar al animal en una zona cercana al lugar del accidente.
Historias de quienes se echaron a las vías a ayudar
También durante los primeros días tras la tragedia se les pudo poner nombre a aquellas personas que auxiliaron a las víctimas en los primeros momentos. Cómo no hablar de los jóvenes Julio Rodríguez y José Cepas Claro. La historia de estos chicos ha dado la vuelta al mundo. Aquel domingo, como solía ser habitual, salieron a pescar junto a la madre del primero. A la vuelta a Adamuz tras un día en Iznájar, se cruzaron con los primeros coches de policía y ambulancias que acudían a la tragedia. Movidos por la curiosidad y sin dudarlo, se dirigieron hacia el lugar del siniestro.
Al llegar, ambos chicos se pusieron a ayudar en lo que podían: sacaron a personas de los vagones, las acompañaban a lugares seguros y, cuando aún no habían llegado todos los equipos profesionales, incluso anotó nombres y teléfonos para que los heridos pudieran contactar con sus familiares. Por su actuación, los jóvenes recibieron el agradecimiento del presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, y de los Reyes de España, Felipe VI y Letizia, quienes viajaron a la zona del accidente para mostrar su apoyo a las víctimas y agradecer a quienes colaboraron en las labores de auxilio.
Otra persona que se echó a las vías fue el cabo Obrero, perteneciente a la Brigada Guzmán el Bueno X de Córdoba. El militar, vecino de Adamuz y destinado en la compañía de Mando y Apoyo del Batallón de Infantería Mecanizado Lepanto II, del Regimiento de Infantería La Reina número 2, salió inmediatamente al encuentro de los servicios de emergencia al oír las sirenas de las ambulancias y de la Guardia Civil, y se ofreció al alcalde de la localidad para guiarlos hasta el punto exacto del accidente, ya que conoce perfectamente el terreno.
Tal y como trasladó el Ministerio de Defensa, en una primera intervención, el cabo Obrero comenzó a colaborar activamente junto a miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y personal de Protección Civil y ayudó a desalojar a los viajeros que podían desplazarse por sus propios medios, conduciéndolos hasta las ambulancias desplegadas en el lugar. Paralelamente, el cabo -que también fue felicitado por los Reyes durante su visita a Adamuz- atendió a aquellas víctimas que no podían caminar, a las que practicó las técnicas de primeros auxilios adquiridas durante su formación militar, ofreciéndoles calma y apoyo.
Suspensión del funeral de Estado y polémica con la presidenta de la Comunidad de Madrid
Horas después de la misa funeral en Adamuz del pasado 25 de enero, el Gobierno de España anunció que, tras un acuerdo con la Junta de Andalucía, ambas administraciones decidieron posponer el homenaje de Estado por las víctimas mortales del accidente, originalmente previsto para el 31 de enero. Esta medida se tomó tras mantener conversaciones con una amplia mayoría de las familias de los fallecidos, quienes han manifestado que a un número importante de ellas les resultaría imposible asistir en la fecha señalada o que prefieren una celebración posterior.
Ya el 29 de enero, la provincia de Huelva -28 de las 46 víctimas mortales residían en esta localidad- rindió un homenaje religioso a los fallecidos en el Palacio de Deportes Carolina Marín de Huelva. A la misa acudieron los reyes Felipe VI y Letizia, el presidente de la Junta de Andalucía Juanma Moreno, la vicepresidenta primera del Gobierno, María Jesús Montero, varios ministros, así como líderes políticos de diferentes formaciones.
Mientras Huelva celebraba su funeral, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, impulsó otra misa que se acabó celebrando en la Catedral de La Almudena, aunque apenas contó con representación estatal porque el foco estaba en Huelva. La presidenta madrileña justificó esta misa como “el mejor homenaje que se le puede hacer a las víctimas”, pese a que solo nueve de los 45 fallecidos en aquel momento tenían su lugar de residencia en Madrid.
Estado de la investigación del accidente
A fecha de 12 de febrero, la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF) ha proporcionado una actualización sobre los avances en la investigación técnica del accidente ocurrido recientemente en Adamuz, así como sobre las actuaciones llevadas a cabo durante el primer mes tras el suceso.
Desde el 23 de enero, el investigador designado por el Presidente de la CIAF, junto con su equipo, continúa en la fase de recopilación de información. Hasta el momento, se ha recibido y se analiza documentación proveniente de ADIF, Renfe Viajeros e Iryo, que incluye datos sobre las actuaciones en Adamuz, los proyectos de renovación, el material rodante y las comunicaciones posteriores al accidente. La extracción de datos de los registradores de los trenes aún no se ha realizado, a la espera de la autorización judicial correspondiente, dado que la investigación judicial se realiza de forma paralela.
En cuanto al análisis de las muestras de carril, la CIAF se encuentra seleccionando laboratorios especializados, considerando su solvencia técnica y la ausencia de conflictos de interés con las entidades implicadas. Las muestras permanecen custodiadas hasta recibir la conformidad del juzgado para su análisis.
Por otra parte, la CIAF ha invitado a la Agencia Ferroviaria de la Unión Europea (ERA) a participar como observadora en la investigación, con el objetivo de aumentar la transparencia y ofrecer una oportunidad de aprendizaje para el sector ferroviario europeo. La ERA ha aceptado la invitación y ya se han iniciado los primeros contactos, con vistas a mantener una reunión la próxima semana. La investigación técnica seguirá siendo responsabilidad exclusiva de la CIAF, y la participación de la ERA se limitará al seguimiento del proceso.
La CIAF asegura que continuará informando sobre los avances de la investigación conforme se disponga de nueva información, reforzando así su compromiso con la seguridad ferroviaria y la transparencia.
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